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Pentecostés (Yo acuso 2.0)
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Evasión o victoria
Y no voy a hablar de la película, aunque me encanta.

Hace tiempo yo era un niño, un niño que soñaba con ser arquitecto, o veterinario. Nunca quise ser escritor, ni rockero, ni futbolista, que era lo normal. No, yo quería diseñar edificios o curar perritos. Era así de soso.

Al llegar al instituto y descubrir que las matemáticas y yo no nos llevábamos bien, cambié de idea: ¡sería político! Pardiez, como molaba la idea. Terminé el COU, aprobé la selectividad (sin sobresaltos), y me matriculé en la universidad. Ciencias Políticas y Sociología. Qué ordinariez, tras un curso tiré la toalla ya que, para variar, aquello no era exactamente lo que yo estaba esperando (aparte de que la asignatura de Economía se me atragantó sobremanera).

¿Qué sería de mí? (pensé)

Estaba de vacaciones en Calahonda. Calahonda es un anejo de Motril, un anejo costero-playero de poca monta, al pie de un peñón de piedra de proporciones descomunales. Debajo de ese peñón hay un hostal, "Hostal Miguel", otrora bastante cutre. Solíamos veranear en ese hostal. Mis padres inculcaron algo que he tomado como mío: da igual dormir en un sitio más o menos normal (¡mientras esté limpio!, me parece oír a mi madre): así tienes más dinero para gastártelo en comida, en buena comida, buenos restaurantes y buenos bares y todo eso. Pues eso, que estaba en Calahonda, que es un anejo de Motril, que es la segunda ciudad más poblada de la provincia de Granada, y convencí a mi padre para que me llevara en el coche a buscar un estanco. Para comprar un sobre de preinscripción a la Universidad. Lo acababa de decidir, esa misma noche, y sin pensarlo dos veces compré el impreso en Motril capital, lo rellené, y lo guardé en lo más profundo de la maleta de las toallas.

Las grandes decisiones a veces tienen detalles bastante estúpidos. Las malas decisiones, también.

Cuatro años de historia. Me gustaba sobre todo Moderna y América, todas sus asignaturas. O casi. Terminé la carrera antes que nadie de entre mis amigos. Me presenté a unas oposiciones y, como es lógico, suspendí. Estudié otras cosas. Trabaje un poco de todo. Gané algo de dinero y me lo gasté en restaurantes japoneses y fondues de queso. Pensé en matricularme en Documentación, pero al final me convencieron para que no lo hiciera (un error haberlos escuchado, a estas horas tendría trabajo porque, dos años después, me ofrecieron un puesto de documentalista en un periódico de Granada).

Y, lo que más me preocupa en estos momentos, es la facilidad con que las cosas pequeñas que nos alegran la vida desaparecen. Los bares, por ejemplo. Tu bar favorito, ese al que vas casi siempre, en el que te conocen por tu nombre, en el que ya saben qué vas a beber. Ese que, si está cerrando, echa las persianas y te deja dentro mientras te invitan a la última.

Me cerraron Espiral, el mejor pub de rock alternativo que ha habido en Granada, justo enfrente de Factoría, otro garito que también cerró hace tiempo.

Me cerraron el Mati, un mesón tamaño pitufo que había en el barrio del Zaidín. Un sitio en el que, junto a una jarra de ribeiro, veías como el dueño se tomaba todo el tiempo del mundo para prepararte con esmero una ración de lacón o salazones o qué sé yo.

Me cerraron El Veleta. También. Mi nuevo bar favorito, con su camarera rusa y sus tapas descomunales. Con el padre del dueño regalándonos verduras recién cogidas de su huerto.

En el Organ Jazz se ha ido Gabriel, su camarero venezolano. Conoció a una mujer divorciada en Valencia, y se casan en junio.

En el Soma, mi lugar favorito de todos los tiempos, los camareros cambiaron de aires.

Sí, me queda el Ave Turuta. Don Gonzalo. El Regio. Me quedan La Taberna del Turrón, y el Yamato, y el Reca, y la Alpargatapa. Pero ya no me quiero encariñar con ninguno de estos sitios, para qué engañarnos.

Este post no habla de bares. Habla de las pequeñas cosas que desaparecen y a las que, medio en broma medio en serio, das importancia cuando en lo que realmente estás pensando es en toda la gente a la que quieres y que ya no está contigo. Echo de menos a Fran y a Paloma, y a Emi, a Antonio C., y a mucha gente que he conocido en los últimos meses, dentro y fuera del fándom, y a los que sólo veo una vez al año (una vez al año y gracias). Charlotte y yo, por ejemplo, llevamos haciendo planes para la visita que Alfredo y Raquel nos van a hacer desde que lo supimos (juro que ya hay una lista con sitios a los que los vamos a llevar, temblad, temblad).

Todo el mundo se ha ido de este puerco pozo que es Granada, y hemos quedado aquí los restos de serie. Todos emigraron para progresar, y nosotros, estúpidos, estamos intentando progresar en una ciudad que está anclada en los años cincuenta, que sólo se fija en las apariencias, en la que puedes morirte de hambre pero tienes a tus hijos en colegios del Opus Dei, en la que te endeudas para tener un Mercedes último modelo o metes la comida que compras en el Lidl dentro de bolsas del El Corte Inglés para que los demás no piensen que estás sin un duro. Un puñetero pozo que vive del turismo y de los estudiantes, de los bares de tapas que acaban cerrando porque no son rentables, de las discotecas en las que sólo hay niñas de quince y hombres de cuarenta, de comerciales de corbatas caras y trajes baratos que malviven a base de bocadillos de lomo con mahonesa. Calles congestionadas, mala leche rampante, la famosa "mala follá", un frío del carajo en invierno, un calor abrasador en verano, una primavera inexistente, un otoño invisible.

Un puto erial meapilas en el que lo máximo es ser funcionario y casarse en la Virgen de las Angustias.

Las pequeñas cosas que nos hacen sentir bien, como esa plaza en donde fumarse un cigarrillo a media tarde, o el bar de la esquina, desaparecen siempre. Y, si desaparecen, si las sensaciones de tibia alegría que se desprenden de ellas se van, sólo nos queda el pozo de la ciudad en que vives. Y ya no me estoy refiriendo sólo a Granada, claro: mucha gente odia su ciudad (aunque lo que falle no sea la ciudad).

¿Qué es lo que falla?
 
Comentario:
Javi: Yo llevo metido en esto del fándom unos tres años y poco, así que multiplica. Es bestial. Aún recuerdo mi primera hispacón, la de Getafe, en la que no nos conocía nadie aparte de Santi Eximeno, los chicos de Cyberdark, Juan José Parera y los de Nitecuento. Allí ya empezamos a conocer a gente en persona. Luego todo se ha acelerado, tanto por internet como cara a cara. Ya te digo, bestial. Y no cambio el fándom por nada del mundo, eso también te lo digo: hay gente realmente maja.

Violante: una vez cada tres meses tengo un mal día, y entonces escribo cosas como estas. Ah, y sólo me arrepiento de lo que no hago, no de lo que hago. Nunca me arrepentiré de haber estudiado historia, por ejemplo. :)

Juan Antonio: Lo has resumido a la perfección. Es la ciudad que uno se construye alrededor lo que falla. Pero seguramente he exagerado con mi post, no lo sé.

Pily: Sacrificar animales debe ser terrible, por mucho que sea lo mejor para ellos. No sé si tendría estómago para hacerlo. Aún así, me hubiera gustado ser veterinario, aunque mucho más arquitecto.
 
Comentario:
Qué post tan impresionante (triste, pero impresionante).

Y estoy con J.A.

Por cierto, que yo también quería ser veterinaria cuando era niña, pero algún puñetero gracioso (o graciosa, que ya no recuerdo quién fue), me dijo que la carrera era larguísima y como yo era tan pequeña y el tiempo eterno por aquél entonces... pues eso, que se me quitaron las ganas.

Eso sí, ahora me alegro porque por aquél entonces en mi pequeña cabecita no cabía la posibilidad de que no sólo salvaría (curaría)a perritos, sino que también tendría que sacrificarlos. ¡Qué espanto!

Besillos y anímate.
 
Comentario:
Yo también provengo de una ciudad-pozo (Córdoba) y también pasé por algo así, y la verdad, no creo que tenga que ver con la ciudad, como tú bien dices (aunque el clima tiene tela). Supongo que tiene más que ver con la falta de expectativas, digo yo por decir algo.

Ahora que vivo en Málaga no tengo esa sensación, pero ahora es que estoy muy a gusto con la familia y el trabajo, que es muy impoetante. Y "uso" a la ciudad lo mismo de poco (yo también soy tirando a autista, Javier) que "usaba" a Córdoba. O sea, que efectivamente, no es por la ciudad, sino por la "otra ciudad" que uno se construye alrededor.

En fins, de todas formas son épocas que pasan. No le des muchas vueltas al tarro y a disfrutar de lo bueno, que seguro que lo hay :-)
 
Comentario:
Dios, no sé qué coño falla pero has hecho que me emocione hasta las lágrimas... ¿Desde cuándo te has convertido en este gran escritor?
Porque dices cosas muy ciertas y aplicables a todos nosotros pero sobre todo está escrito con la delicadeza y el efecto de un buen escritor...
Vaya, VMGB, me quito el sombrero.
Por cierto, yo os echo mucho de menos, y sobre todo añoro esas grandes pequeñas cosas. Lo más importante en el fondo.
No sabía que tu futuro de historiador se fraguó en Motril, gran capital del reino violantés :P Todo queda en familia.
No te entristezcas pensando en lo que has hecho o en lo hondo que puede llegar a ser ese pozo, piensa en lo bueno que puede ser todo en el futuro. Es la única manera de sobrevivir.
Un besito diliático, de Dilia la de verdad ^_^
 
Comentario:
Supongo que cualquiera te diría que es el paso del tiempo, pero la verdad es que yo tampoco ando muy seguro... No sé, para mí la sensación es cómo si tuvieras la la respuesta al alcance de la mano y se empeñara en darte esquinazo a cada minuto.

Buff, y lo del fándom es brutal. La de gente a la que he podido conocer en los últimos ocho meses me da vértigo... (sobre todo cuando uno es más bien tirando a autista)
No