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Pentecostés (Yo acuso 2.0)
El blog en el que NO querrás aparecer
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Bosquejos de la vida de Martin Silenus, el mayor poeta de la historia
(...)

El hemisferio izquierdo de mi cerebro estaba sellado como el sector dañado de una gironave, cuando las puertas herméticas libran al vacío los compartimientos condenados. Aún podía pensar. Pronto recuperé el control del lado derecho del cuerpo. Sólo los centros de lenguaje estaban más allá de toda reparación sencilla. El maravilloso ordenador orgánico encerrado en mi cráneo había escupido su contenido lingüístico como un programa fallido. El hemisferio derecho contenía algo de lenguaje, pero sólo las unidades de comunicación con mayor carga emocional podían alojarse en ese hemisferio afectivo: mi vocabulario se reducía a nueve palabras. (Luego supe que esto era excepcional, pues muchas víctimas de ataques cardiovasculares retienen sólo dos o tres.) Para consignarlo, he aquí todo mi vocabulario: follar, mierda, pis, coño, maldición, hipoputa, culo, pipí y popó.

Un rápido análisis revelará un grado de redundancia. Tenía a mi disposición ocho sustantivos y un verbo. Siete de esos sustantivos representaban cinco cosas y dos de ellos funcionaban como exclamaciones: entre los dos restantes, uno podía funcionar como expletivo y otro como adjetivo. Mi nuevo universo lingüístico abarcaba monosílabos y polisílabos largos, e incluía dos palabras de bebé. Había cuatro alusiones al tópico de la eliminación, dos referencias a la anatomía humana, una imprecación, una descripción estándar del coito y un insulto alusivo a las costumbres sexuales maternas.

Bastaba.

No diré que recuerdo mis tres años en las fosas de lodo y las barriadas viscosas de Puertas del Cielo con afecto, pero es verdad que esos años fueron tanto o más formativos que mis dos primeras décadas en Vieja Tierra.

Pronto descubrí que entre mis amigos íntimos -Viejo Cieno, el capataza; Unk, el matón a quien pagaba mis sobornos por protección; Kiti, la piojosa ramera con quien dormía cuando me lo podía permitir- mi vocabulario era eficaz.

-Follar, mierda -gruñía yo, gesticulando-. Culo, coño, pipí, follar.

-Ah -sonreía Viejo Cieno, mostrando el único diente-, te vas a la tienda de la compañía a comprar galletas de algas, ¿eh?

-Maldición, popó -respondía yo.

(...)


Hyperion, Dan Simmons. Ediciones B, Barcelona.

...

La traducción no es ninguna maravilla. La corrección de estilo brilla por su ausencia. Si una editorial pequeña colocara en una de sus páginas "cabado" en vez de "cavado" (Byblos 517.1, página 219) sería el hazmerreír del mundillo editorial. Cómo lo ha hecho Ediciones B, y con una novela francamente buena (más que buena, por ahora, excepcional), se pasa página y punto. Dentro de poco, en cuanto lo termine, hablaré de la edición de Minotauro (grupo Planeta) de "Tiempos de arroz y sal", una edición tan lamentable que me extraña que no la hayan comparado con las que hacen nuestros amigos de Grupo AJEC. Porque manda cojones, si AJEC (que tiene a una o como mucho dos personas a cargo de cada libro) mete la pata, se la lincha. Pero, si lo hace Minotauro, no pasa nada. Pues qué cojones, "Tiempos de arroz y sal" es, desde el punto de vista de la traducción y desde el punto de vista de la edición, una vergüenza.

Pero ya hablaré, ya hablaré.
 
Comentario:
¡No tengas piedad con ellos!
No