Tengo miedo
Anoche encontré un escorpión en mi cama. Un escorpión muerto. Lo había traído mi gato. Los que tengáis gato ya sabréis la bonita costumbre que tienen de cazar bichos (lo que pillen) y de llevártelos a la cama, el sofá, o cualquier sitio donde ellos piensen que te va a hacer ilusión encontrártelos. Por ahora Pentecostés (el gato) se había limitado a traernos escarabajos (todos muertos menos uno, al que localicé correteando por la almohada mientras, ejem, confraternizaba con la parienta... no fue plan, la zoofilia no es mi rollo).
Yo no sabía que en mi terraza, además de arañas, escarabajos, cochinillas y salamanquesas, había escorpiones. Tamaño mediano (7 centímetros, más o menos), color blanco (nada que ver con los escorpiones negros del desierto de Almería, por ejemplo). Pinzas delante, patitas en medio y aguijón detrás. Supongo que veneno no mortal, espero.
No tengo miedo de los escorpiones, el título del post hace referencia a otra cosa. En las últimas semanas no he escrito nada, más que nada por vagancia y porque, en primera instancia, sólo me estaban sucediendo cosas malas. Agosto empezó con una suma de acontecimientos francamente desagradables. Me robaron el coche, económicamente las cosas iban muy mal, mi familia estaba al borde de la destrucción con microatómicas... De repente, encontré un talismán de protección (nivel 4): una pulsera de hilo que no me ponía desde los tiempos de instituto. Antes era amarilla y azul, ahora es azul y ¿gris? ¿Blanco sucio? No sé, es muy fea, pero había llegado a un punto en que hasta la superstición autocreada puede darte un alivio. Me la puse. Al día siguiente encontraron mi coche. Varios días después firmamos varios contratos para nuevos libros de Hipocampo. Las cosas en mi familia se arreglaron, de golpe. Mi jefe me pagó la extraordinaria de julio con más de un mes de retraso (yo ya no la esperaba). Me enteré de que me corresponde cobrar un finiquito imprevisto de mi anterior trabajo.
El colmo llegó el día 1 de septiembre, a eso de las diez de la noche: me enteré de que Ediciones Parnaso había conseguido siete nominaciones a los premios Ignotus de este año (los premios Ignotus son otorgados por la Asociación Española de Ciencia Ficción, Fantasía y Terror), a saber: mejor novela (por "Umma", de Juan Antonio Fernández Madrigal), mejor novela corta (por "Imágenes", de Santi Eximeno), mejor antología (también por "Imágenes"), mejor ilustración (portada de "Umma", de Manuel Calderón), y mejor obra poética (tres nominaciones tres, para Santi Eximeno, Alfredo Álamo -ganador del año pasado en esa misma categoría- y Gabriella Campbell).
Tengo miedo. Lo primero a lo que tengo miedo es a quitarme la pulsera sucia y vieja de hilo. Lo segundo a lo que tengo miedo es a estar poniendo el listón demasiado alto (me refiero a Parnaso). ¿Cómo vamos a repetir este resultado otro año? ¿No me sentiré defraudado año tras año recordando ese 2005 en el que fuimos una de las editoriales más nominadas? Todavía queda entregar los premios, y siete nominaciones en cinco categorías no garantiza ni siquiera un premio, pero me doy por satisfecho con lo que ya tenemos.
(Anoche fuimos al club de jazz al que vamos siempre, y el camarero, al vernos entrar, nos preguntó que si había habido suerte (le habíamos comentado lo de los Ignotus de pasada). Le dijimos que sí y él sacó una botella de cava, que nos bebimos nosotros, los dueños, y los dos camareros. Fue un bonito detalle).
Yo no sabía que en mi terraza, además de arañas, escarabajos, cochinillas y salamanquesas, había escorpiones. Tamaño mediano (7 centímetros, más o menos), color blanco (nada que ver con los escorpiones negros del desierto de Almería, por ejemplo). Pinzas delante, patitas en medio y aguijón detrás. Supongo que veneno no mortal, espero.
No tengo miedo de los escorpiones, el título del post hace referencia a otra cosa. En las últimas semanas no he escrito nada, más que nada por vagancia y porque, en primera instancia, sólo me estaban sucediendo cosas malas. Agosto empezó con una suma de acontecimientos francamente desagradables. Me robaron el coche, económicamente las cosas iban muy mal, mi familia estaba al borde de la destrucción con microatómicas... De repente, encontré un talismán de protección (nivel 4): una pulsera de hilo que no me ponía desde los tiempos de instituto. Antes era amarilla y azul, ahora es azul y ¿gris? ¿Blanco sucio? No sé, es muy fea, pero había llegado a un punto en que hasta la superstición autocreada puede darte un alivio. Me la puse. Al día siguiente encontraron mi coche. Varios días después firmamos varios contratos para nuevos libros de Hipocampo. Las cosas en mi familia se arreglaron, de golpe. Mi jefe me pagó la extraordinaria de julio con más de un mes de retraso (yo ya no la esperaba). Me enteré de que me corresponde cobrar un finiquito imprevisto de mi anterior trabajo.
El colmo llegó el día 1 de septiembre, a eso de las diez de la noche: me enteré de que Ediciones Parnaso había conseguido siete nominaciones a los premios Ignotus de este año (los premios Ignotus son otorgados por la Asociación Española de Ciencia Ficción, Fantasía y Terror), a saber: mejor novela (por "Umma", de Juan Antonio Fernández Madrigal), mejor novela corta (por "Imágenes", de Santi Eximeno), mejor antología (también por "Imágenes"), mejor ilustración (portada de "Umma", de Manuel Calderón), y mejor obra poética (tres nominaciones tres, para Santi Eximeno, Alfredo Álamo -ganador del año pasado en esa misma categoría- y Gabriella Campbell).
Tengo miedo. Lo primero a lo que tengo miedo es a quitarme la pulsera sucia y vieja de hilo. Lo segundo a lo que tengo miedo es a estar poniendo el listón demasiado alto (me refiero a Parnaso). ¿Cómo vamos a repetir este resultado otro año? ¿No me sentiré defraudado año tras año recordando ese 2005 en el que fuimos una de las editoriales más nominadas? Todavía queda entregar los premios, y siete nominaciones en cinco categorías no garantiza ni siquiera un premio, pero me doy por satisfecho con lo que ya tenemos.
(Anoche fuimos al club de jazz al que vamos siempre, y el camarero, al vernos entrar, nos preguntó que si había habido suerte (le habíamos comentado lo de los Ignotus de pasada). Le dijimos que sí y él sacó una botella de cava, que nos bebimos nosotros, los dueños, y los dos camareros. Fue un bonito detalle).
Comentario:
Manaña mismo voy a entregar mi currículum a una nueva empresa que ha crecido (no se me ocurre otra palabra) en mitad de Avda. de la Constitución. A ver si hay suerte y gano más pasta, jolines...
Comentario:
Uf, yo no me quitaría esa pulserita dichosa vayamos a tonterías. Me alegro por lo del trabajo, no lo sabía, y de vez en cuando cosas así vienen como caídas del cielo. Lo del coche parece un milagro, ya me lo contó Charlotte.
Que siga la racha y, como diría Yogurt, "Que la suerte te acompañe" :p
Que siga la racha y, como diría Yogurt, "Que la suerte te acompañe" :p
Comentario:
Eso implica varios premios para ti en Vigo, cabroncete, que se te ve el plumero... :D
(Ah, espero que nos invites a ribeiro, jejeje)
(Ah, espero que nos invites a ribeiro, jejeje)
Comentario:
Pues nada, suerte y que continue la buena racha.





