Del II Festival Internacional de Poesía de Granada
Hola, nada mejor para empezar que una pequeña denuncia, un pequeño coscorrón al II Festival Internacional de Poesía de Granada. Y no precisamente a los organizadores.
Dejando a un lado el cartel del susodicho festival, que está muy bien (un poco de todo y para todos los gustos), hace una semana el distrito norte de la capital granadina amaneció literalmente "empapelado" con carteles anunciando uno de sus eventos. El distrito norte es el barrio de mis padres, el lugar donde crecí y pasé más de veinte años, y el lugar en el que sigo pasando parte del tiempo. Un barrio de trabajadores, obreros, policías y guardias civiles, gitanos, rumanos y marroquís. Un barrio de treinta y tantos mil habitantes en el que lo mismo casi te atropeya un BMW de hace quince años como que te vas de cañas con gentes de tres razas distintas.
Y os preguntaréis: ¿es la gente de este barrio un target del festival? Indudablemente sí para el evento en cuestión: una lectura-recital-loquesea de Marina Heredia. Es loable que el Festival haya incorporado a esta chica, de genial voz por otra parte, en sus actos. La poesía y la música han estado siempre unidas, y en estos tiempos que corren de top manta y libros superventas con tiradas de mil ejemplares es una buena idea acercar las mejores letras al público, máxime si es un público que, como pasa en este distrito, no tiene la menor gana de leer poesía, utilizando a una de las más importantes figuras actuales de cierto tipo de música (Heredia, me refiero). Lo que no es de recibo es pegar los carteles en sitios indebidos. Por ejemplo, las tapias recién blanqueadas del instituto Juan XXIII Cartuja (jamás había visto carteles, más allá que los de la CNT, allí) o las marquesinas de los autobuses. Lo de las marquesinas era especialmente sangrante, ya que la cola utilizada para pegar los carteles había dejado las mismas totalmente opacas, blancas. Aparte de que, si te apoyabas al sentarte, te quedabas pegado como un sello.
Los carteles venían con un pie en el que aparecían los patrocinadores del evento: ayuntamiento de Granada, una caja de ahorros... En fin, todos fueron eliminados antes o después (primero los del instituto, luego los de las marquesinas) y ahí quedó la cosa. Aprovecho para recordar que, como en muchas partes, también en el barrio tienen sitios especiales para este tipo de cosas, en este caso junto al parque 28 de febrero (c/Julio Moreno Dávila), o en el Centro Cívico, o en el Centro Amarillo (biblioteca, asuntos sociales, etc etc), o qué sé yo.
En fin, un mensaje bastante chorra para empezar, pero...
Dejando a un lado el cartel del susodicho festival, que está muy bien (un poco de todo y para todos los gustos), hace una semana el distrito norte de la capital granadina amaneció literalmente "empapelado" con carteles anunciando uno de sus eventos. El distrito norte es el barrio de mis padres, el lugar donde crecí y pasé más de veinte años, y el lugar en el que sigo pasando parte del tiempo. Un barrio de trabajadores, obreros, policías y guardias civiles, gitanos, rumanos y marroquís. Un barrio de treinta y tantos mil habitantes en el que lo mismo casi te atropeya un BMW de hace quince años como que te vas de cañas con gentes de tres razas distintas.
Y os preguntaréis: ¿es la gente de este barrio un target del festival? Indudablemente sí para el evento en cuestión: una lectura-recital-loquesea de Marina Heredia. Es loable que el Festival haya incorporado a esta chica, de genial voz por otra parte, en sus actos. La poesía y la música han estado siempre unidas, y en estos tiempos que corren de top manta y libros superventas con tiradas de mil ejemplares es una buena idea acercar las mejores letras al público, máxime si es un público que, como pasa en este distrito, no tiene la menor gana de leer poesía, utilizando a una de las más importantes figuras actuales de cierto tipo de música (Heredia, me refiero). Lo que no es de recibo es pegar los carteles en sitios indebidos. Por ejemplo, las tapias recién blanqueadas del instituto Juan XXIII Cartuja (jamás había visto carteles, más allá que los de la CNT, allí) o las marquesinas de los autobuses. Lo de las marquesinas era especialmente sangrante, ya que la cola utilizada para pegar los carteles había dejado las mismas totalmente opacas, blancas. Aparte de que, si te apoyabas al sentarte, te quedabas pegado como un sello.
Los carteles venían con un pie en el que aparecían los patrocinadores del evento: ayuntamiento de Granada, una caja de ahorros... En fin, todos fueron eliminados antes o después (primero los del instituto, luego los de las marquesinas) y ahí quedó la cosa. Aprovecho para recordar que, como en muchas partes, también en el barrio tienen sitios especiales para este tipo de cosas, en este caso junto al parque 28 de febrero (c/Julio Moreno Dávila), o en el Centro Cívico, o en el Centro Amarillo (biblioteca, asuntos sociales, etc etc), o qué sé yo.
En fin, un mensaje bastante chorra para empezar, pero...
Comentario:
Por cierto, ¿qué os parece el cartel de este año? ¿Mejor, peor, igual que el del año pasado?





