Paseos mañaneros
Un día de estos que no tengo nada que hacer, se me ocurre la feliz idea de pasear a mi perro al campo. Hay una zona del rio, en la que siempre he paseado al perro, pero ahora está de obras. Parece que están haciendo un carril para bicis y otro para coches o algo así, pero bueno, hay suficiente espacio para pasar entre los obreros con el perro, y me decido a seguir mi paseo. A mitad de las obras veo de frente un rebaño de ovejas que vienen hacia mi. Ocupan todo lo ancho del carril, por lo que llamo al perro y nos volvemos antes de ser atropellados por las ovejitas del señor pastor. Aquí acaba nuestro paseo.
Otro día feliz, de estos que no tengo nada que hacer, saco de nuevo al perro al campo. Cuento con los obreros. Siguen trabajando, y no se ven ningunas ovejas.
Sigo mi camino. Mi paseo mañanero. Me doy la vuelta para llamar a Daraimon que se ha quedado atrás, se acerca corriendo y vuelvo a mirar hacia delante, y sí, de nuevo, se ven venir las ovejas. Bueno, con coger al perro que es un poco miedica, no creo que tengamos mayor problema. Esta vez no me doy la vuelta. Cojo al perro. Me pongo en uno de los bordes del camino y empezamos a pasar en sentidos contrarios, las ovejas, y mi perro y yo. Sin problema. Seguimos cada uno su camino.
Eso que corre, no son ovejas, son perros. Se nos acercan los cuatro perro del señor pastor a olisquear a mi perro. Las ovejas miran a los perros, y el pastor no parece preocupado. Tiro de mi perro, y un silbido del pastor hace volver a los perros a su sitio. Las ovejas han dejado de mirarnos. Seguimos avanzando.
Ahora, por alguna razón que desconozco, me giro, y veo a unas veinte o treinta ovejas que se han dado la vuelta, nos miran y nos empiezan a seguir a mi y a mi perro, en dirección contraria al resto del rebaño. A mi sólo me da por pensar, que esto es una historia de las que le pasarían a Marina, no a mi. No se si quedarme quieta mientras las ovejas avanzan hacia nosotros a unos escasos diez metros y nos rodean, o ponerme a andar más rápido; no se si lo que les ha llamado la atención es la sudadera roja que llevo en la mano y que tengo la tentación de tirar al suelo, o es mi perro al que han confundido con un perro ovejero. Me da por quedarme quieta, tampoco es cuestión de desarmar todo el rebaño... cuando están a uno tres metros de nosotros, el pastor lanza un par de silbidos, y de nuevo veo correr a cuatro perros hacia nosotros, que rápidamente, y sin saber muy bien como, le han dado la vuelta a las ovejas que han dejado de mirarnos. Yo creo que el pastor se estaba cachondeando de nosotros.
Otro día feliz, de estos que no tengo nada que hacer, saco de nuevo al perro al campo. Cuento con los obreros. Siguen trabajando, y no se ven ningunas ovejas.
Sigo mi camino. Mi paseo mañanero. Me doy la vuelta para llamar a Daraimon que se ha quedado atrás, se acerca corriendo y vuelvo a mirar hacia delante, y sí, de nuevo, se ven venir las ovejas. Bueno, con coger al perro que es un poco miedica, no creo que tengamos mayor problema. Esta vez no me doy la vuelta. Cojo al perro. Me pongo en uno de los bordes del camino y empezamos a pasar en sentidos contrarios, las ovejas, y mi perro y yo. Sin problema. Seguimos cada uno su camino.
Eso que corre, no son ovejas, son perros. Se nos acercan los cuatro perro del señor pastor a olisquear a mi perro. Las ovejas miran a los perros, y el pastor no parece preocupado. Tiro de mi perro, y un silbido del pastor hace volver a los perros a su sitio. Las ovejas han dejado de mirarnos. Seguimos avanzando.
Ahora, por alguna razón que desconozco, me giro, y veo a unas veinte o treinta ovejas que se han dado la vuelta, nos miran y nos empiezan a seguir a mi y a mi perro, en dirección contraria al resto del rebaño. A mi sólo me da por pensar, que esto es una historia de las que le pasarían a Marina, no a mi. No se si quedarme quieta mientras las ovejas avanzan hacia nosotros a unos escasos diez metros y nos rodean, o ponerme a andar más rápido; no se si lo que les ha llamado la atención es la sudadera roja que llevo en la mano y que tengo la tentación de tirar al suelo, o es mi perro al que han confundido con un perro ovejero. Me da por quedarme quieta, tampoco es cuestión de desarmar todo el rebaño... cuando están a uno tres metros de nosotros, el pastor lanza un par de silbidos, y de nuevo veo correr a cuatro perros hacia nosotros, que rápidamente, y sin saber muy bien como, le han dado la vuelta a las ovejas que han dejado de mirarnos. Yo creo que el pastor se estaba cachondeando de nosotros.





