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Memorias de un informático desengañado
Vida, vivencias e idas de olla de un informático desilusionado
Acerca de
Los pensamientos de un informático desengañado que ahora mismo está intentando el sueño de todo español, ser funcionario.
Mientras tanto dedica su vida a intentar pasarlo lo mejor posible durante los días existentes entre viaje y viaje.
Sindicación
 
Hasta las narices
Estoy harto de circular por autovía a 90 o 100 km/h y ver como me pasa gente que va a 140, 160 o más. De la gente que adelanta con línea continua incluso cuando viene algún coche en sentido contrario. De los que se saltan los stops. De los que van hablando con el móvil mientras cambian la emisora de la radio, se comen un bocadillo y bajan la ventanilla a la vez. De los que se piensan que la carretera es suya y van a 20 ocupando los dos carriles de la calzada. De los que aparcan en doble fila o dónde les de la gana poniendo el freno de mano y que parece que te hagan un favor cuando apartan su coche y te dejan salir. Estoy cansado de que, antes, cuando iba en moto y ahora que voy en bici, los coches simplemente me ignoren sin importarles lo que me pueda pasar.

Pero sobre todo estoy hasta las narices que la policía me pare cuando salgo de una autovía por una carretera limitada incomprensiblemente a 60 ya que la curva no es nada cerrada y hay dos carriles y me multe. El año pasado me multaron por ir a la increíble velocidad de 91 km/h y el lunes por la astronómica velocidad de 76 km/h.

¿Soy el único pringado que ha sido multado por ir a 76 km/h en una carretera nacional?
 
Mas raro que una longaniza roja
Como todo buen español estos días he aprovechado el puente para irme de viaje, aunque he de reconocer que ser profesor te da más posibilidades que otros trabajos.

Como ya dije, había planeado un viaje a Murcia para aprovechar y ver el Bando de la Huerta. Así que todo esto empezó el sábado pasado. A una hora demasiado temprana llegó Jenny a Valencia. como ya ha estado mas de una vez en Valencia (y las que le quedan) esta vez nos fuimos de visita a la Albufera. No fuimos nosotros solos ya que el Nieto había invitado al Cacas (un vitoriano que conocimos en el campo de trabajo) a su casa. El día no estuvo mal, si bien estuvimos como una hora andando para encontrar el lago y sin darnos cuenta que íbamos en dirección contraria.

Por la noche, como se podía suponer, fiesta. Se nos unieron el Rizos y Calata que tuvo una actuación de las que ser recuerdan. Se dedicó a hacer la mayoría de los numeritos que nosotros tenemos muy vistos, pero que le dan tan buen resultado con los desconocidos como pueden ser fumar con el ombligo o esconderse los cigarrillos entre las lorzas de la barriga.

Al día siguiente, cuando conseguimos conectar el cerebro nos fuimos la Jenny y yo hacia Murcia. Se supone que es una de las zonas mas secas de España, pero o yo soy gafe (puede ser, al fin y al cabo todos los días que he estado en Almería también ha llovido), o lo es Jenny porque se nos pasó el lunes entero diluviando. Tampoco nos importó mucho porque lo bueno iba a llegar el martes. Ese día se celebra el Bando de la Huerta que por mucho que digan que es un desfile, no es verdad. Esta fiesta consiste simple y llanamente en un inmenso botellón colectivo por toda la ciudad de Murcia. El desfile empieza a las cinco de la tarde, pero a las diez de la mañana ya hay gente dándole duro al alcohol por cualquier parque.

Ahora que hay tanta polémica con el botellón, que queréis que os diga, me apetecía volver a hacer una cosa de estas. Cuando en mi universidad se hacía alguna fiesta (nosotros les llamamos paellas, porque se supone que nos juntábamos para cocinar una y pasar el día, aunque casi siempre acabábamos con bocadillos o como mucho carne a la brasa) el procedimiento era el mismo. Se juntan unos amigos, se pone un bote, se compra bebida y algo de picar y que el destino decida lo que pase.

Y vaya si pasaron cosas. Lo primero que tengo que hacer es saludar a algunas lectoras de este weblog que conocí por la tarde, en el parque que está al lado de la universidad (me dijo el Acho que allí se estudia informática). Además de saludar tengo que dar las gracias a todos los amigos del Acho, a él y a la Jenny por aguantarme. Tranquilos, no llegué al coma etílico, pero si que puedo asegurar que quedaron pocas murcianos con los que no hablé. En serio, me salió el día tonto y no se como no acabé con agujetas en las cuerdas vocales. Algunos cosas para recordar son cuando una niña de primero de carrera (si al final me volveré un pederasta, pero estos días me han echado desde veinte a veinticuatro años) se tragó el rollo de que yo era irlandés y nos pasamos media hora hablando en inglés, la noche anterior en que según el Acho y la Jenny les dejé con la palabra en la boca para interceptar un par de guiris que iban a comprar tabaco (según lo que recuerdo yo, ellos dos hablaban de sus cosas y las dos chicas se me abalanzaron), la extraña manía que tiene la gente de llamar Alfonso X al tontódromo, cuando le ofrecí mi flor a una chica que tuvo la desgracia de pasar por mi lado o cuando por problemas con las lentillas (otra vez) le pedí servilletas a una chica que se parecía a la camarera y como me puso mala cara le insistí ya con un poco de mala leche.

En fin, que no puedo decir que me aburriera lo mas mínimo ese día. Además también pude comprobar que los murcianos son aún mas raros de lo que yo pensaba (jeje) y que en vez de longanizas normales de las de toda la vida las suyas son rojas. Eso sí, ricas están un rato, y en las barracas se come de vicio.

Al día siguiente tempranito (el Acho tenía que trabajar, no se como pudo hacerlo) volvimos para Valencia. Aquí no hicimos nada del otro mundo, aunque entramos en el Hemisfèric por primera vez desde que lo inaguraron hace ocho años. No está mal, pero yo me esperaba algo más impactante.

Y nada mas, ayer por la mañana fui a la estación de buses a despedir a la Jenny mientras planificábamos los próximos viajes (Acho la Aste Nagusia nos espera).

Bueno, algo más si que hay. Cuando volvía a casa, me encontré en el metro, de casualidad a Miss Hyde. Fue una conversación bastante típica:


Miss Hyde ¿Como te va en el trabajo?
Yo Muy bien, no me puedo quejar, ya sabes, trabajo poco, cobro mucho y además ahora estoy de vacaciones, ¿y tú?
MH En este instituto de maravilla, pero como al año que viene me cambien de centro será una putada.
Y Tengo que darte una carta del banco, que ha llegado a mi casa.
MH Que raro, ya he cambiado todas las direcciones. ¿de dónde vienes?
Y De acompañar a una amiga a la estación de autobuses ¿Sabes que he pasado unos días en Murcia?
MH Pues yo vengo de comprarme el traje de novia, me caso con la Mortadela


Vamos, una conversación típica entre exnovios.
 
Murphy el omnipotente
Durante décadas la humanidad se ha cuestionado varias preguntas trascendentales ¿porque una tostada siempre cae con el lado de la mantequilla hacia abajo? ¿Porque cuando se nos desparrama la calderilla por el suelo las monedas de menor valor se quedan cerca de nuestros pies y las más valiosas van rodando hasta acabar debajo de un sofá? ¿Porque cuando vamos a reparar algo la llave que necesitamos es precisamente la que falta en nuestra caja de herramientas?

A todas estas ahora yo añado una nueva ¿porque un coche se estropea a 170 kilómetros del lugar dónde el día siguiente el dueño lo va a vender por 480 euros? ¿Es su manera de quejarse? ¿Sólo quiere fastidiar a su dueño? pero sobre todo me pregunto...

¿Porque me pasa esto a mí?

Sí, como habéis leído ayer cuando fui a trabajar, al intentar coger el coche el muy c*b$%n no arrancaba. Eso a pesar de haberse hecho 170 kilómetros el día anterior sin rechistar. En cuanto pude pasé por un taller e intenté arrancarlo con la ayuda del mecánico, pero no hubo manera. Me dijo que podían ser los calentadores, el motor de arranque, la trócola. Vamos, cualquier cosa. Eso sí, como ya le he cambiado todo eso menos la trócola se que de los 200 euros no baja la reparación, y eso con suerte.

Así que con todo el dolor de mi corazón dejé mi viejo coche aparcado donde estaba (en la puerta de mi casa, encima lo voy a tener que ver todos los días) y me volví en bus a Valencia. Esta mañana tras sacar del cajero 480 euros, he pasado por el concesionario y he recogido mi coche nuevo. A continuación me he ido a solucionar lo del seguro.

Que esa es otra. A pesar que por teléfono me dijeron que me actualizarían la póliza al nuevo coche, cuando he llegado a la oficina me han dicho que no. Como estaba hasta las narices les he montado un pollo (muy educado, eso sí, sólo he repetido que por teléfono me habían dicho una cosa y que no podían cambiar de idea) y he conseguido que salga el director. Con este he seguido igual y para que me callara ha decidido devolverme la parte proporcional del seguro que me quedaba. Al menos les he sacado sesenta euros.

Lo bueno es que ya tengo coche nuevo ¿quien quiere que le de una vuelta?
 
Viva el papeleo
Era algo que tenía pensado desde hacía tiempo; en cuanto cobrara mi primer sueldo (mas bien ha sido medio sueldo, pero con la pasta que me pagan no importa) me iba a cambiar de coche. No es que yo sea un pijo, ni un niñato tunero obsesionado con los caballos que tiene su máquina.

Mas bien es que en el fondo necesito un coche nuevo. Estando de interino como me pueden mandar a trabajar donde les dé la gana le puedo hacer muchos kilómetros (ahora estoy haciéndole casi 2000 al mes) y mi pobre coche está en las últimas. Ya es mayor de edad y tiene 293.000 kilómetros, casi hubiera llegado a la luna. La verdad es que el aspecto que tiene no es el mejor. Y más ahora. Yo nunca he sido de lavar mucho el coche, no lo niego, pero ahora no lo lavo nunca ¿porqué? Simplemente si aparcas el coche todos los días a cincuenta metros de una cantera de mármol, o lo lavas día sí, día no, o el polvo va a acabar cubriéndolo de una manera irreversible.

Y no os creáis que no tiene consecuencias. El otro día me decidí a lavarlo, y justo a 20 metros del sitio de las mangueritas a presión había un control de policía. Dejaron pasar a 5 coches delante de mí, todos nuevecitos y limpios, pero a mí me pararon. Claro, vieron semejante trasto con más polvo que la librería de Nuria Bermúdez y se pensaron que ni tenía seguro ni papeles ni nada. Por suerte uno es guarro pero legal.

Así que el otro fin de semana me di una vuelta por diversos concesionarios de coches de segunda mano de Valencia. Fue difícil encontrar el coche que buscaba (diésel, pequeñito y con no demasiados kilómetros) pero al final lo logré. Yo pensaba que eso era lo más difícil, pero me equivocaba.

No me había dado cuenta que ahora mismo vivo a 170 kilómetros de mi casa. Para empezar quería pedir un crédito para acabar de pagar el coche. Pues bien, no sabéis lo complicado que es pedir un crédito en una oficina de tu caja de ahorros que no es la tuya. No lo comprendo, teniendo todo informatizado, debería ser exactamente igual que yo pida el crédito en mi pueblo o en otro, siempre que sea la misma entidad. Pues no, el lío que me montaron fue de tal tamaño que mis padres en cuanto se enteraron decidieron dejarme el (poco) dinero que me faltaba ¡gracias papis!

Pero es que aún continúa la cosa. A la hora de cambiar de seguro mi compañía me dice que me va a cobrar 60 euros más, cuando yo soy un año más viejo, tengo un año más de carnet, llevo un año más sin dar partes y el coche tiene la misma potencia y es más pequeño que el anterior. Así que me pongo a mirar en otras compañías de seguros y descubro otra que me cobra 140 euros menos. Asi que me decido a cambiar de seguro, pero estamos en las mismas. Como aún me queda un mes y pico de seguro con la compañía vieja, me recomiendan que actualice el seguro viejo al nuevo coche (me tocara pagar un poco de dinero) y que cuando caduque la póliza me pase a la nueva compañía. Con el teléfono echando humo, llamo a mi vieja compañía para decirles que quiero actualizar la póliza, pero me dicen que nanay. A pesar de ser una empresa de un pueblo de Alicante del que no estoy demasiado lejos me dicen que tengo que ir a la oficina dónde contraté el seguro a firmar. De acuerdo, yo llego el viernes a casa a la hora de comer, ¿abren el viernes por la tarde? noooooo. Menos mal que la semana que viene empiezan las vacaciones de pascua y tengo días libres, sino me veo sin poder cambiar el seguro hasta el verano.

Así que la cosa está así. El viernes por la tarde voy al concesionario a formalizar la compra del coche (ya le he hecho la transferencia), cojo los papeles y espero pacientemente hasta el martes, cuando nada mas acabar las clases vuelva a Valencia a actualizar mi seguro. En cuanto empiece mayo tengo que llamar a mi seguro para decirles que no quiero renovar el contrato y gestionar por Internet mi nueva póliza, sencillo ¿no?

PD: Si puedo escribir esto es porque mis alumnos han decidido no venir a clase. No está mal lo de cobrar por navegar por Internet. Pero me he tenido que pegar el madrugón y no me puedo ir a casa porque la última hora que tengo es una guardia, y el martes me pasará lo mismo.
 
Estamos de examen
Mientras escribo estas línes mis alumnos están haciendo un examen de programación en C. Según mi opinión el examen es muy fácil, sin embargo llevan una hora quejándose. Les he puesto varios ejercicios que son practicamente calcados a los que repasamos el viernes a última hora, y aún así se quejan.La culpa es mía, que soy un buenazo. Eso sí, la inmensa mayoría de sus preguntas son el resultado de no leer el enunciado. De las veinte o treinta veces que me han hecho levantarme de la silla y dejar el periódico deportivo a medias, apenas una o dos no las he solucionado releyéndoles el enunciado.

Según la mayoría de estudios sobre la calidad de la educación en España, el gran fallo de nuestros alumnos es la incapacidad de comprender un texto. Es evidente, la mayoría saben leer, pero no son capaces de analizar lo leído. Hoy me he dado cuenta que es verdad. Si no he repetido diez veces "si pone imprimir, imprime y si pone devolver, devuelve" no lo he hecho ninguna.

Puede que estén nerviosos por el examen, pero si es por eso también tienen delito. Esto es un examen parcial, no es la asignatura mas importante del ciclo y además no se juegan toda la nota de la evaluación ya que me han entregado un trabajo (que les ha salido bastante bien). Además tienen dos horas y media para hacerlo, tiempo de sobra. En fin, veremos como les sale.

Como podéis suponer, estamos en la semana de exámenes. Mañana tengo el otro examen (tipo test, lo corregiré en unos minutos) y el jueves la sesión de evaluación. Si a esto le añadimos que la semana que viene empiezan las vacaciones de pascua, que nada mas volver tenemos el uno de mayo y que entre medias pierdo un día de clase porque tengo que ir a una feria de un instituto de un pueblo cercano a hacer propaganda de este ciclo resulta que en este mes voy a tener 6 ó 7 días de clase.

Eso sí, necesito las vacaciones porque mis fines de semana están empezando a ser demasiado monótonos. Esperemos que en los viajes que tengo planeados este mes (Murcia y Madrid) la cosa se anime un poco, que lo necesito.