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Memorias de un informático desengañado
Vida, vivencias e idas de olla de un informático desilusionado
Acerca de
Los pensamientos de un informático desengañado que ahora mismo está intentando el sueño de todo español, ser funcionario.
Mientras tanto dedica su vida a intentar pasarlo lo mejor posible durante los días existentes entre viaje y viaje.
Sindicación
 
Recordando viejos tiempos
Anoche, como en los viejos tiempos, salimos solos el RizosZ y yo. El resto de la gente se había rajado y como yo estaba cansado y dolorido por las dos horas que me había pasado jugando a baloncesto por la mañana y él tenía que trabajar al días siguiente por la mañana en principio iba a ser una noche tranquila. Pero como dijo John Lennon: la vida es lo que te sucede mientras estás ocupado haciendo otros planes.

Salimos por la zona de Aragón. Hace tres o cuatro años íbamos continuamente por allí, y hasta hace un mes prácticamente no la habíamos vuelto a pisar. Estábamos buscando un pub que casualmente está cerca de dónde vive Laurana (la bielorrusa con la que me lié hace un año) y me puse a pensar que sería casualidad que me la encontrara. Dicho y hecho, en ese preciso momento oigo una voz femenina que me llama, me giro y me la encuentro. No hablamos mucho porque ella estaba volviendo a casa ya que también trabajaba la mañana siguiente. A pesar de que no me porté muy bien con ella estuvo bastante simpática y me dijo que le encantaría volver a verme, que si pudiera le llamara algún día. La verdad es que no me importaría volver a verla, así que si no pasa nada un día de estos tendréis noticias de ella.

Cuando por fin encontramos el pub, a los diez metros de entrar una chica se va directa hacia el Rizos y le saluda. Enseguida se viene hacia mí, me llama por mi nombre y me planta dos besos en las mejillas. Tras unos momentos de confusión recuerdo su cara; es la argentina que conocimos hace unos meses. Desde entonces la habíamos vuelto a ver un par de veces, pero como siempre nos recuerda, nunca le hemos llamado por teléfono. Nos ponemos a hablar y como dije en mayo, muestra bastante interés por el Rizos. Yo hago lo que puedo, es decir, participo de vez en cuando en la conversación e intento que las amigas (tres chicas bastante mayores, no muy guapas y bastante sosas) no se aburran mucho.

Por suerte para él la cosa va subiendo de tono y sobre las tres y media me vuelvo a casa con la excusa de que estoy cansado dejándolos solos. Hace un rato he hablado con él y me ha dicho que estuvieron un rato morreándose pero que como se tenía que volver pronto a casa para poder trabajar hoy la cosa no ha pasado a mayores. Eso sí, ha prometido que esta vez seguro que le llamará.
 
Para todo lo demás
Alquiler del zulo donde vivo: 150 euros

Gasóleo que gasta mi coche para venir hasta mi lugar de trabajo: 4'5 euros

Zapatillas Kalenji compradas en el Decathlon: 9'95 euros.


Correr durante una hora por la arena de la playa viendo los rayos de sol del atardecer reflejados en el mar Mediterráneo: No tiene precio
 
Otra semana más
Debido a los cambios que ha experimentado mi vida las actualizaciones del blog están siendo cada vez más escasas. Sigo sin tener Internet en el instituto y lo peor es que no se espera que haya pronto. Así que por ahora y si no pasa nada raro seguiré con mis actualizaciones semanales.

Esta semana ha transcurrido plácida y sin más complicaciones. Poco a poco me voy adaptando al nuevo instituto y ya voy conociendo mejor a la gente. Para eso ayudó que el miércoles el ayuntamiento nos invitara a comer a todos los profesores y nos montara en un trenecito para hacer un recorrido turístico del pueblo. Hay un par de interinas jóvenes bastante simpáticas con las que me llevo muy bien y que tampoco son de allí, así que hemos quedado en hacer algo algún día.

En el instituto las cosas van bien. Los alumnos se ponen un poco pesados, pero ya queda poco. En un par de semanas vienen las evaluaciones, que se juntan con un puente, unos días de clase y enseguida las Navidades, esto está hecho.

Eso sí, no me esperaba que siendo mi asignatura una optativa esta semana vinieran dos madres a hablar conmigo sobre sus hijos. Eso sí, hay cosas que no cambian, una me preguntó dónde estaba el profesor de informática pensando que yo era un alumno. En fin, puedo aparentar menos de los veintisiete años que tengo, pero no creo que tantos como para parecer un estudiante de la ESO.

También me apunté al gimnasio para hacer más cortas las largas tardes de invierno. Bueno, también lo he hecho para ponerme un poco en forma. Realmente lo que quiero es perder alguno de los cinco kilos que gané este verano pero cuando se lo dije a la monitora del gimnasio de poco se cae al suelo de la risa. Dice que no me sobra peso, en todo caso perfilar un poco mi figura y ya está. Menos mal que no le dije que quería perder los ocho kilos que llevo ganados en el último año. Si yo lo reconozco, ahora que peso 78 kilos midiendo 183 centímetros no estoy gordo, pero es que no me entran los pantalones que me compré cuando pesaba 72 (los de la época en que estaba en 69 kilos hace ya tiempo que ni los miro).

 
La senda del tiempo
Fin de semana de celebraciones. Hace unos días el Rizos cumplía treinta años. Como ya he dicho más de una vez, aunque durante mis viajes y aventuras veraniegas me junte con gente más joven que yo que se piensan que tengo su misma edad, de mis amigos soy el más joven de todos. Excepto Calata que es doce días mas mayor que yo, el resto de la gente me saca al menos dos años. Esto hace que cuando yo aún estoy disfrutando de una segunda juventud ellos estén superando la crisis de los treinta.

En el caso del Rizos tampoco es exactamente así ya que ni parece que tenga treinta años ni vive como tal. Él lo dice continuamente, la juventud no acaba a los treinta y él tiene ganas de seguir dando guerra un tiempo. La edad no está escrita en el DNI, es una manera de vivir la vida.

También ha sido el cumpleaños de mi hermano (en este caso veintinueve). Después de la comida familiar de rigor nos ha dado una noticia: va a ser padre. No es mi primer sobrino, pero este caso es diferente. Mi hermana tuvo a su hijo hace más de un año, pero ella es casi cinco años más mayor que yo (y mujer) lo que ha hecho que siempre ha habido algo de distancia entre los dos. Con mi hermano la relación ha sido diferente. Sólo tiene un año más que yo, así que hemos compartido muchos amigos, noches de fiesta y borracheras. Es más, como él siempre ha sido el deportista de la familia y yo el intelectual ha sido una especie de referente en popularidad durante los duros años de la adolescencia que sólo pude superar cuando el paro de crecer y yo seguí haciéndolo hasta sacarle los algo más de cinco centímetros que mido más que él ahora y cuando encontré un deporte en el que yo era netamente superior a él (el ciclismo). Es una tontería, pero quien no haya tenido un hermano mayor con el que se lleve tan poco tiempo no sabe lo que es.

El caso es que yo me sigo viendo sin niños. Tengo tantas cosas (viajes) pendientes que no puedo perder nada de mi tiempo en algo tan importante como pueda ser criar un hijo. No soy el único que piensa así ya que de toda mi familia dice que no me ven con un hijo. Toda no, mi cuñado dice que si que me ve como padre, pero que sería un poco peculiar y que desde luego no ve me como el típico padre que está todo el día encima de sus hijos.

Yo reconozco mis limitaciones y tras ver la responsabilidad que trae el nacimiento de un hijo me reafirmo en mi idea de seguir siendo un soltero sin cargas. Además si hubiera ser padre podría haberle dicho que sí a Miss Hyde en su momento o donarle semen cuando me lo pidió este verano.

Lo que si que tengo claro es que por mucho que pasen los años, el paso del tiempo no va dejando huella en mi alma y que mi estado de ánimo es totalmente opuesto a la maravillosa canción de los Celtas Cortos.

A veces llega un momento en que te haces viejo de repente sin arrugas en la frente pero con ganas de morir
 
Pues no es tan oscuro...
...el agujero en el que vivo. Al final me quedo compartiendo casa con el profesor de primaria de mi pueblo. Cuando llegué el domingo por la noche me puse a analizar las cosas: vale, no tengo armario en mi habitación, pero hay dos mesitas bastante grandes, una percha de más de un metro de larga y me sobra una cama así que sí que tengo sitio para dejar la ropa. Y en el patio que tiene la casa había una mesa (que ahora está en mi habitación), varias sillas (idem) y una butaca de mimbre que me sirve de sofá para el comedor. La cocina sigue estando vieja y la casa es bastante fría pero se supone que en cuanto empiece a hacer frío de verdad nos mudaremos a un apartamento que tiene la misma dueña mucho más cerca de la playa y bastante más nuevo.

Mi compañero es un poco soso y se va de casa antes de las nueve de la mañana y vuelve a las seis de la tarde, pero más aburrido estaría si viviera sólo así que tampoco me quejo.

Los alumnos son decentes (excepto los de primero de ESO que están por domesticar) y los colegas de trabajo parecen amables, aunque eso sí, un poco mayores. Pero bueno, el miércoles que viene el ayuntamiento nos invita a una paella. A ver si con el vino la gente se anima un poco.

El instituto es nuevo, estrenado hace apenas un mes. Lo malo es que la red todavía no está instalada así que estoy aislado del mundo y tengo el marrón encima de conseguir que eso funcione. No me importaría si hoy no hubiera perdido las dos horas de mantenimiento del aula que tengo a la semana porque se ha ido la luz por culpa de las inundaciones. Un día curioso este, he trabajado de nueve a dos para dar una clase de informática con los ordenadores apagados, dos horas de mantenimiento (me he leido todos los periódicos) y dos horas de alternativa a la religión (los mismos niños te dicen que no piensan hacer nada porque esa asignatura no puntúa), apasionante.
 
Buscando otro agujero...
Esta ha sido una semana con bastante estrés. Quien piense que empezar a trabajar a cien kilómetros de tu casa con el curso ya empezado en un instituto recién inagurado dónde casi nada funciona bien es fácil se equivoca.

Primero y más importante. La mujer a la que sustituyo está de reposo médico por embarazo. El niño nacerá en mayo y le ha dicho el médico que como mínimo estará de baja hasta navidad. Eso sí, el director del instituto está un poco quemado porque dice que en los otros cinco hijos que ha tenido se ha pasado casi todo el curso de baja así que es posible que aguante todo el curso allí. Las clases que me han tocado no son las mejores (todo ESO), pero es que el pueblo es tan pequeño que no hay más.

Que esa es otra. Todavía no tengo casa. He estado preguntando entre mis compañeros, el colegio de primaria del pueblo y el instituto y los dos colegios del pueblo de al lado y no he conseguido a nadie que quiera compartir piso. Bueno, sí. Un profesor del colegio de mi pueblo si que quiere compartir y yo me había hecho a la idea de quedarme con él pero la casa en la que está es muy vieja. En la habitación que me tocaría a mí no hay ni armario, ni mesa, ni silla ni el salón tiene sofá y la verdad es que todo tiene una pinta un poco cutre. Así que me voy a quedar con él hasta que encuentre algo porque hacerse todos los días los doscientos kilómetros (con sus correspondientes atascos y pinchazos de ruedas bajo la lluvia) que hay de mi casa hasta mi puesto de trabajo es bastante pesado. Además aprovecharé la tarde para preparar clases y sobre todo buscar una casa. Me han dicho que hay unos apartamentos de una habitación que no salen muy caros ahora en invierno.

Pero no todo va a ser malo. Hace unos minutos he reservado las pensiones en las que vamos a dormir Mila, el Palanca y yo en Bratislava y Budapest durante el fin de año. No puedo decir que este año no esté viajando.