El barranco de Gascón
Hacía apenas unos minutos que se había acabado la comida de Navidad. Como en mi familia es más multitudinaria la cena de Nochebuena, todavía no eran las cinco y ya había cumplido con todos mis compromisos así que decidí visitar una de las posesiones que han permanecido en manos de mi familia durante varias generaciones.
Como toda buena familia de pueblo tenemos una serie de terrenos que van pasando de generación en generación, dividiéndose cada parcela en partes más pequeñas hasta llegar a un punto en que estas son tan escasas que convierten la agricultura en una actividad recreativa en vez de un oficio.
El monte en que me encontraba está en totalmente abandonado. Ello es debido en parte a la dificultad de acceso que hizo que mi abuelo lo fuera descuidando por los otros montes que cuidaba. Este semiabandono provocó que a principio de los años noventa un pavoroso incendio forestal que destruyó más de veinte mil hectáreas de la Sierra Calderona se cebara especialmente en él y lo redujera a cenizas.
Sin embargo la naturaleza es sabia y las plantas que habitan en un clima tan hostil como el mediterráneo están acostumbradas a este tipo de desgracias siendo perfectamente capaces de sobrevivir a ellas. Al poco tiempo de que las llamas destrozaran toda la vegetación empezaron a verse los primeros brotes de la nueva vida que poco a poco ha ido cubriendo con su verde manto las laderas de esas montañas.
Al principio producía un efecto fantasmagórico ver como los verdes a tallos se abrían paso entre los negros tocones quemados. Los olivos eran especialmente sobrecogedores. Su dura madera no se quemó durante el incendio, más bien se carbonizó. Por ello los troncos aún aguantan de pie más de diez años después de la catástrofe lo que permitió ver como las nuevas ramas se alzaban orgullosas entre los negros despojos hasta lograr ocultarlos.
El pinar que había a la otra parte del barranco si que sufrió una total destrucción. Sin embargo las piñas al explotar esparcieron sus semillas a todos lados lo que permitió que unos pocos años después haya aumentado de extensión y muestre el verde furioso de la infinidad de pinos jóvenes que luchan entre sí para abrirse paso ente la masa formada por sus congéneres.
Llegué a plantearme lo bonito que sería disponer del tiempo suficiente para volver a poner en condiciones esos terrenos que con tanto esfuerzo lograron sacar adelante mis antepasados. Mi mente trabajaba rápido. Allí habría que plantar un par de olivos. Ese bancal habría que reconstruirlo. Aquel de más allá si se alargaba un poco podría acoger un almendro. Pero claro, antes habría que limpiar de broza todo, y solamente eso era ya un trabajo enorme. Poco a poco lo gigantesco de la tarea me hizo desistir. Debería estar mucho tiempo dedicado exclusivamente a ese trabajo para lograr algún resultado. Aquello no era más que un bonito sueño.
Estaba ensimismado en mis pensamientos cuando a lo lejos vi una hermosa silueta. Era una rapaz. No se precisar cual era, porque la distancia hacía inútiles mis escasos conocimientos sobre fauna, pero la silueta era inconfundible. Tras un par de vuelos rasantes empezó una hermosa danza. Comenzó a ascender suavemente dando círculos aprovechando una corriente de aire caliente. Poco a poco iba ganando altura y yo no podía dejar de mirarla.
Cuando había completado varias vueltas mi móvil sonó. Maldecí en silencio, la tecnología destruyó ese instante mágico recordándome que por desgracia todos estamos sometidos a una férrea dictadura: la del hombre moderno. El precio que tenemos que pagar para vivir en un entorno cómodo y seguro es la pérdida de nuestra libertad que hace que se estropeen momentos como ese.
Era un mensaje de Mila, me preguntaba como me había ido estos días y decía que estaba impaciente por volver a verme apenas dentro de tres días. La misma tecnología a la que estaba maldiciendo unos segundos antes me va a permitir viajar con Mila y el Palanca a Bratislava y Budapest durante el fin de año.
Nada en la vida es blanco o negro, siempre hay muchos tonos de gris.
Como toda buena familia de pueblo tenemos una serie de terrenos que van pasando de generación en generación, dividiéndose cada parcela en partes más pequeñas hasta llegar a un punto en que estas son tan escasas que convierten la agricultura en una actividad recreativa en vez de un oficio.
El monte en que me encontraba está en totalmente abandonado. Ello es debido en parte a la dificultad de acceso que hizo que mi abuelo lo fuera descuidando por los otros montes que cuidaba. Este semiabandono provocó que a principio de los años noventa un pavoroso incendio forestal que destruyó más de veinte mil hectáreas de la Sierra Calderona se cebara especialmente en él y lo redujera a cenizas.
Sin embargo la naturaleza es sabia y las plantas que habitan en un clima tan hostil como el mediterráneo están acostumbradas a este tipo de desgracias siendo perfectamente capaces de sobrevivir a ellas. Al poco tiempo de que las llamas destrozaran toda la vegetación empezaron a verse los primeros brotes de la nueva vida que poco a poco ha ido cubriendo con su verde manto las laderas de esas montañas.
Al principio producía un efecto fantasmagórico ver como los verdes a tallos se abrían paso entre los negros tocones quemados. Los olivos eran especialmente sobrecogedores. Su dura madera no se quemó durante el incendio, más bien se carbonizó. Por ello los troncos aún aguantan de pie más de diez años después de la catástrofe lo que permitió ver como las nuevas ramas se alzaban orgullosas entre los negros despojos hasta lograr ocultarlos.
El pinar que había a la otra parte del barranco si que sufrió una total destrucción. Sin embargo las piñas al explotar esparcieron sus semillas a todos lados lo que permitió que unos pocos años después haya aumentado de extensión y muestre el verde furioso de la infinidad de pinos jóvenes que luchan entre sí para abrirse paso ente la masa formada por sus congéneres.
Llegué a plantearme lo bonito que sería disponer del tiempo suficiente para volver a poner en condiciones esos terrenos que con tanto esfuerzo lograron sacar adelante mis antepasados. Mi mente trabajaba rápido. Allí habría que plantar un par de olivos. Ese bancal habría que reconstruirlo. Aquel de más allá si se alargaba un poco podría acoger un almendro. Pero claro, antes habría que limpiar de broza todo, y solamente eso era ya un trabajo enorme. Poco a poco lo gigantesco de la tarea me hizo desistir. Debería estar mucho tiempo dedicado exclusivamente a ese trabajo para lograr algún resultado. Aquello no era más que un bonito sueño.
Estaba ensimismado en mis pensamientos cuando a lo lejos vi una hermosa silueta. Era una rapaz. No se precisar cual era, porque la distancia hacía inútiles mis escasos conocimientos sobre fauna, pero la silueta era inconfundible. Tras un par de vuelos rasantes empezó una hermosa danza. Comenzó a ascender suavemente dando círculos aprovechando una corriente de aire caliente. Poco a poco iba ganando altura y yo no podía dejar de mirarla.
Cuando había completado varias vueltas mi móvil sonó. Maldecí en silencio, la tecnología destruyó ese instante mágico recordándome que por desgracia todos estamos sometidos a una férrea dictadura: la del hombre moderno. El precio que tenemos que pagar para vivir en un entorno cómodo y seguro es la pérdida de nuestra libertad que hace que se estropeen momentos como ese.
Era un mensaje de Mila, me preguntaba como me había ido estos días y decía que estaba impaciente por volver a verme apenas dentro de tres días. La misma tecnología a la que estaba maldiciendo unos segundos antes me va a permitir viajar con Mila y el Palanca a Bratislava y Budapest durante el fin de año.
Nada en la vida es blanco o negro, siempre hay muchos tonos de gris.
Un día de furia
El recreo había acabado unos instantes antes. Yo tenía guardia así he salido de la sala de profesores para ir metiendo a los niños en clase. No se porque pero hay un ambiente extraño en el instituto, se oye un murmullo de fondo. Cuando subo al primer piso me encuentro el pasillo bloqueado y dos profesoras gritando a los alumnos desesperadamente. De repente de una de las clases sale uno de los macarras del instituto gritando ¡al moro de mierda ese me lo cargo!. Está totalmente fuera de control. Me pongo delante suya aunque no consigo frenarlo hasta que no me ayuda otro profesor y sus compañeros le convencen que es mejor esperarlo en la salida del instituto para que no lo expulsen. Al final lo llevamos a un sitio apartado mientras grita que como lo vea a él, a su hermano o a alguien de su puto país lo raja.
Al final consigo enterarme de lo que ha pasado. Un alumno español llevaba un par de días buscando a un marroquí para pegarle y durante este recreo lo ha conseguido. Lo que no esperaba es que este se revolviera y le diera un golpe con el llavero debajo del ojo haciéndole una brecha que según el enfermero que se lo ha llevado necesitará al menos ocho o nueve puntos de sutura.
Mi instituto no es especialmente conflictivo, pero el hecho de que el pueblo haya cuadriplicado la población en apenas cinco años ha traído un importante aumento de la conflictividad.
En España la gente dice no ser racista. Y en su mayoría no lo es, aunque también es verdad que la relación con los moros dista de ser la mejor.
Inciso
El término no es despectivo ya que alude a la antigua provincia romana norteafricana de Mauritania Tingitana aunque ahora se utilice normalmente como insulto. Como dijo el otro día uno de mis alumnos moro sí, pero de mierda no
Fin del inciso
Bien es cierto que en el imaginario colectivo español está muy latente el odio al musulmán ya que nos pasamos ocho siglos guerreando contra ellos y que su actitud en ocasiones no es la mejor para facilitar su integración. En el caso de los alumnos se convierte en una absoluta indiferencia por las clases que, por ejemplo, en el caso del alumno que ha sido agredido hoy al que tengo yo en la asignatura de alternativa a la religión hace que ponga la mochila encima de la mesa, apoye la cabeza y se eche a dormir o un continuo deambular por los pasillos riéndose de todo el mundo y hablando en una lengua absolutamente ininteligible para el resto de las personas que son blanco de sus mofas. De la misma manera es de notar que los magrebís que se integran en nuestra sociedad lo hacen de tal manera que es difícil reconocerlos de los autóctonos demostrando un gran dominio del idioma y un gran interés por las clases.
También tengo que decir que el angelito que ha acabado con el ojo a la birulé se rompió la mano hace un par de meses pegándole a otro chaval en las fiestas del pueblo, así que no es precisamente un alma cándida.
Para terminar de rematar la faena, durante el partido de fútbol que hemos echado entre las clases de alternativa y religión a última hora para despedirnos antes de las vacaciones me han pegado un balonazo en las gafas rompiéndome los dos cristales aunque por suerte no me he hecho mas que un pequeño corte en la nariz, Eso sí, los trescientos euros para arreglarlas no me los ahorra nadie.
Necesito las vacaciones.
Al final consigo enterarme de lo que ha pasado. Un alumno español llevaba un par de días buscando a un marroquí para pegarle y durante este recreo lo ha conseguido. Lo que no esperaba es que este se revolviera y le diera un golpe con el llavero debajo del ojo haciéndole una brecha que según el enfermero que se lo ha llevado necesitará al menos ocho o nueve puntos de sutura.
Mi instituto no es especialmente conflictivo, pero el hecho de que el pueblo haya cuadriplicado la población en apenas cinco años ha traído un importante aumento de la conflictividad.
En España la gente dice no ser racista. Y en su mayoría no lo es, aunque también es verdad que la relación con los moros dista de ser la mejor.
Inciso
El término no es despectivo ya que alude a la antigua provincia romana norteafricana de Mauritania Tingitana aunque ahora se utilice normalmente como insulto. Como dijo el otro día uno de mis alumnos moro sí, pero de mierda no
Fin del inciso
Bien es cierto que en el imaginario colectivo español está muy latente el odio al musulmán ya que nos pasamos ocho siglos guerreando contra ellos y que su actitud en ocasiones no es la mejor para facilitar su integración. En el caso de los alumnos se convierte en una absoluta indiferencia por las clases que, por ejemplo, en el caso del alumno que ha sido agredido hoy al que tengo yo en la asignatura de alternativa a la religión hace que ponga la mochila encima de la mesa, apoye la cabeza y se eche a dormir o un continuo deambular por los pasillos riéndose de todo el mundo y hablando en una lengua absolutamente ininteligible para el resto de las personas que son blanco de sus mofas. De la misma manera es de notar que los magrebís que se integran en nuestra sociedad lo hacen de tal manera que es difícil reconocerlos de los autóctonos demostrando un gran dominio del idioma y un gran interés por las clases.
También tengo que decir que el angelito que ha acabado con el ojo a la birulé se rompió la mano hace un par de meses pegándole a otro chaval en las fiestas del pueblo, así que no es precisamente un alma cándida.
Para terminar de rematar la faena, durante el partido de fútbol que hemos echado entre las clases de alternativa y religión a última hora para despedirnos antes de las vacaciones me han pegado un balonazo en las gafas rompiéndome los dos cristales aunque por suerte no me he hecho mas que un pequeño corte en la nariz, Eso sí, los trescientos euros para arreglarlas no me los ahorra nadie.
Necesito las vacaciones.
Interinos sin fronteras
Si algún día fundo una ONG la llamaré así. Desde principio de semana en el zulo dónde vivo somos tres interinos. Hace poco llegó a mi instituto una interina de Alicante. Como buscó sitio para vivir y no encontró nada decente la hemos adoptado y ahora mismo ocupa las dos habitaciones que quedaban libres en el zulo (en una duerme y en la otra amontona sus toneladas de pertenencias).
Aunque ella es de educación infantil se presentó a las oposiciones de primaria y la han enviado a sustituir a una profesora de primaria desplazada a mi instituto. Esto es posible debido a que cuando se implantó la LOGSE la administración se encontró con demasiados profesores de primaria ya que se pasó de los ocho cursos de la antigua EGB a los seis del actual sistema. Ante esta situación los dirigentes políticos optaron por la solución obvia, escurrir el bulto, así que capacitaron a algunos profesores de primaria para dar clases en el primer ciclo de la ESO. No pasa nada ya que están perfectamente capacitados para hacerlo, pero claro cuando se dan de baja envían a un profesor de primaria al instituto. En general los interinos somos gente con poca experiencia (en el caso de mi compañera, nula) así que la situación puede ser difícil. Y si resulta que además te toca sustituir a la profesora de valenciano siendo que tú apenas lo hablas aunque hayas conseguido el título de mestre en valencià gracias a un par de optativas que cursaste en una carrera tan difícil como es magisterio los problemas se agravan. Y si llegas justo en la semana de exámenes y te tienes que corregir de un día para otro los exámenes y los controles sobre los libros de lectura de 120 alumnos acabas bastante estresado. Bueno y si a pesar de que tienes veintiocho años es la primera vez que sales de tu casa la situación puede ser traumática.
Así que en esas estamos, animándole como se puede. Ayer estuvimos más de cuatro horas de terapia en la que ella nos contaba sus penas y nosotros le dábamos soluciones, acabé con la garganta en carne viva.
Después de tanta psicoterapia he llegado a una conclusión. Sí, no es el debut ideal para dar clases, pero hay que saber adaptarse a la situación. Si tú esperas angelitos de tres años y te encuentras las bestias pardas de doce que pululan por mi instituto, que no son mala gente aunque brutos y cortos como pocos te puede causar algo de impacto. Ella no ha sabido imponer disciplina desde el principio y los niños se toman su clase a cachondeo. Se queja de que se levantan en mitad de la clase y se ponen a escribir en la pizarra, que se tiran trozos de tiza o el borrador o de que le han abierto el bolso y han rebuscado en sus cosas. Cuando yo le dije que debería expulsar al que lo hiciera para que se diera cuenta que hay ciertos comportamientos que no se deben tolerar en clase enseguida mi compañero de piso (otro profesor de primaria) dijo que esa no es la solución, que el camino está en el diálogo. Tal vez a un niño de ocho años se le pueda convencer que no está bien que se levante en medio de clase, pero a un niño de doce años se le presupone un cierto nivel de civilización que le haga comprender por si mismo que comportamientos puede tener dentro de un aula. Y claro que los tienen, si ellos saben perfectamente lo que deben y no deben hacer, pero claro si les das la mano ellos te agarran hasta el codo.
Lo que pasa es que ella viene del mundo teórico e idílico de la escuela de magisterio dónde se enseña lo que hay que hacer cuando las cosas son perfectas, pero se dice poco sobre como actuar cuando no todo es del color de rosa que, casualmente, es la situación real que existe en los institutos.
Como me comentó el otro día mientras tomábamos un café entre clase y clase nadie le ha enseñado a dar clase a niños de esa edad. Lo que no ha pensado es que a ella al menos le han enseñado a educar a niños más pequeños que a los profesores de secundaria ni eso, y lo hacemos como podemos.
Y es que ser profesor no es fácil. Si tenemos una de las tasas más altas de bajas por depresión a pesar de tener tantas vacaciones y una jornada laboral no demasiado extensa, es por algo.
Aunque ella es de educación infantil se presentó a las oposiciones de primaria y la han enviado a sustituir a una profesora de primaria desplazada a mi instituto. Esto es posible debido a que cuando se implantó la LOGSE la administración se encontró con demasiados profesores de primaria ya que se pasó de los ocho cursos de la antigua EGB a los seis del actual sistema. Ante esta situación los dirigentes políticos optaron por la solución obvia, escurrir el bulto, así que capacitaron a algunos profesores de primaria para dar clases en el primer ciclo de la ESO. No pasa nada ya que están perfectamente capacitados para hacerlo, pero claro cuando se dan de baja envían a un profesor de primaria al instituto. En general los interinos somos gente con poca experiencia (en el caso de mi compañera, nula) así que la situación puede ser difícil. Y si resulta que además te toca sustituir a la profesora de valenciano siendo que tú apenas lo hablas aunque hayas conseguido el título de mestre en valencià gracias a un par de optativas que cursaste en una carrera tan difícil como es magisterio los problemas se agravan. Y si llegas justo en la semana de exámenes y te tienes que corregir de un día para otro los exámenes y los controles sobre los libros de lectura de 120 alumnos acabas bastante estresado. Bueno y si a pesar de que tienes veintiocho años es la primera vez que sales de tu casa la situación puede ser traumática.
Así que en esas estamos, animándole como se puede. Ayer estuvimos más de cuatro horas de terapia en la que ella nos contaba sus penas y nosotros le dábamos soluciones, acabé con la garganta en carne viva.
Después de tanta psicoterapia he llegado a una conclusión. Sí, no es el debut ideal para dar clases, pero hay que saber adaptarse a la situación. Si tú esperas angelitos de tres años y te encuentras las bestias pardas de doce que pululan por mi instituto, que no son mala gente aunque brutos y cortos como pocos te puede causar algo de impacto. Ella no ha sabido imponer disciplina desde el principio y los niños se toman su clase a cachondeo. Se queja de que se levantan en mitad de la clase y se ponen a escribir en la pizarra, que se tiran trozos de tiza o el borrador o de que le han abierto el bolso y han rebuscado en sus cosas. Cuando yo le dije que debería expulsar al que lo hiciera para que se diera cuenta que hay ciertos comportamientos que no se deben tolerar en clase enseguida mi compañero de piso (otro profesor de primaria) dijo que esa no es la solución, que el camino está en el diálogo. Tal vez a un niño de ocho años se le pueda convencer que no está bien que se levante en medio de clase, pero a un niño de doce años se le presupone un cierto nivel de civilización que le haga comprender por si mismo que comportamientos puede tener dentro de un aula. Y claro que los tienen, si ellos saben perfectamente lo que deben y no deben hacer, pero claro si les das la mano ellos te agarran hasta el codo.
Lo que pasa es que ella viene del mundo teórico e idílico de la escuela de magisterio dónde se enseña lo que hay que hacer cuando las cosas son perfectas, pero se dice poco sobre como actuar cuando no todo es del color de rosa que, casualmente, es la situación real que existe en los institutos.
Como me comentó el otro día mientras tomábamos un café entre clase y clase nadie le ha enseñado a dar clase a niños de esa edad. Lo que no ha pensado es que a ella al menos le han enseñado a educar a niños más pequeños que a los profesores de secundaria ni eso, y lo hacemos como podemos.
Y es que ser profesor no es fácil. Si tenemos una de las tasas más altas de bajas por depresión a pesar de tener tantas vacaciones y una jornada laboral no demasiado extensa, es por algo.
Crónicas murcianas
Yo, como todo buen españolito que se precie también me he ido de puente, faltaría más.
Bueno, en principio no tenía pensado nada, pero me llamó una chica que conocí en el campo de trabajo de Almería para invitarme a pasar unos días en su casa. Ha organizado un reencuentro de este campo y de otro que hizo en Ceuta. Así que nos hemos juntado diez o doce personas de las cuales yo sólo conocía a ella y a la Actriz secundaria. Primero pasamos un par de días en su casa de Valencia (ella es de Jumilla, en Murcia, pero estudia aquí) así que me tocó hacer de guía turístico por la ciudad. No es por fardar, pero con tantas visitas que tengo ya me sale sólo y la gente se sorprende de la cantidad de cosas que les cuento. Después nos fuimos el resto del puente a su casa del campo dónde hemos estado aislados de la civilización.
Excepto un extremeño, una maña bastante guapa y un par de catalanes, el resto eran murcianos. Había de todos los sitios, Jumilla, Yecla, Cieza y Puerto Lumbreras. Además nos fuimos un día a Murcia pero como llegamos tarde (a las seis aún estábamos comiendo) no pude quedar con el Acho.
Ha estado entretenida la cosa aunque ha sido en plan de relax, ya que apenas hemos salido un par de noches, y sólo una en serio. Pero claro, entre que teníamos una chimenea dónde hemos estado asando carne todo el día, que el padre de mi amiga tiene no se cuantas hectáreas de vid y que teníamos que probar el vino que hacía para no hacerle un feo y que la gente no se va de campo de trabajo a Ceuta porque sí me he pasado el fin de semana flotando entre una nube de vapores etílicos y de humo de marihuana. La verdad es que yo no suelo fumar mucho (tabaco nunca) pero si la situación lo pide no me importa fumarme unos petas de vez en cuando. Pero vamos, esto ha sido demasiado, nos hemos pasado tres días casi sin salir de casa sin parar de fumar y beber cerveza. Ha sido divertido por la gente y porque fuera hacía un frío del carajo (esta mañana cuando he cogido el coche por primera vez en mi vida lo he visto cubierto de escarcha), pero no es mi prototipo de fin de semana el pasarme el tiempo emporrado.
Además, si me vieran mis alumnos acabaría de ganarme la mala fama que ya empiezo a tener entre ellos. Y todo porque oí hablar a un par de ellos sobre una discoteca que está en el pueblo de mis padres. Yo les dije que ni siquiera sabían donde estaba, ya que está a unos 100 Km. de su casa en medio del monte. Me preguntaron que si yo había ido alguna vez y les dije la verdad, que sí, con quince años, en moto y que no había vuelto nunca más, que eso estaba lleno de pastilleros y que no me iba ese rollo. Pero nada, ahora mismo están empeñados en que me meto de todo.
Bueno, en principio no tenía pensado nada, pero me llamó una chica que conocí en el campo de trabajo de Almería para invitarme a pasar unos días en su casa. Ha organizado un reencuentro de este campo y de otro que hizo en Ceuta. Así que nos hemos juntado diez o doce personas de las cuales yo sólo conocía a ella y a la Actriz secundaria. Primero pasamos un par de días en su casa de Valencia (ella es de Jumilla, en Murcia, pero estudia aquí) así que me tocó hacer de guía turístico por la ciudad. No es por fardar, pero con tantas visitas que tengo ya me sale sólo y la gente se sorprende de la cantidad de cosas que les cuento. Después nos fuimos el resto del puente a su casa del campo dónde hemos estado aislados de la civilización.
Excepto un extremeño, una maña bastante guapa y un par de catalanes, el resto eran murcianos. Había de todos los sitios, Jumilla, Yecla, Cieza y Puerto Lumbreras. Además nos fuimos un día a Murcia pero como llegamos tarde (a las seis aún estábamos comiendo) no pude quedar con el Acho.
Ha estado entretenida la cosa aunque ha sido en plan de relax, ya que apenas hemos salido un par de noches, y sólo una en serio. Pero claro, entre que teníamos una chimenea dónde hemos estado asando carne todo el día, que el padre de mi amiga tiene no se cuantas hectáreas de vid y que teníamos que probar el vino que hacía para no hacerle un feo y que la gente no se va de campo de trabajo a Ceuta porque sí me he pasado el fin de semana flotando entre una nube de vapores etílicos y de humo de marihuana. La verdad es que yo no suelo fumar mucho (tabaco nunca) pero si la situación lo pide no me importa fumarme unos petas de vez en cuando. Pero vamos, esto ha sido demasiado, nos hemos pasado tres días casi sin salir de casa sin parar de fumar y beber cerveza. Ha sido divertido por la gente y porque fuera hacía un frío del carajo (esta mañana cuando he cogido el coche por primera vez en mi vida lo he visto cubierto de escarcha), pero no es mi prototipo de fin de semana el pasarme el tiempo emporrado.
Además, si me vieran mis alumnos acabaría de ganarme la mala fama que ya empiezo a tener entre ellos. Y todo porque oí hablar a un par de ellos sobre una discoteca que está en el pueblo de mis padres. Yo les dije que ni siquiera sabían donde estaba, ya que está a unos 100 Km. de su casa en medio del monte. Me preguntaron que si yo había ido alguna vez y les dije la verdad, que sí, con quince años, en moto y que no había vuelto nunca más, que eso estaba lleno de pastilleros y que no me iba ese rollo. Pero nada, ahora mismo están empeñados en que me meto de todo.
De la religión a los tatuajes
Ayer tuve clae de alternativa a la religión. Esta asignatura es una de las grandes incoherencias del sistema educativo español. Sólo existe para que la iglesia católica tenga la posibilidad de adoctrinar a los niños con dinero público gracias a las clases de religión. Como no existen oposiciones para profesor de alternativa a la religión y los alumnos tienen como mucho dos horas semanales de esta asignatura es utilizada para completar el horario de profesores que, como yo, no tienen bastantes horas de su asignatura.
Entre que la mayor parte de profesores de esta asignatura no saben muy bien de que va y que si los alumnos no se llevan el libro de las asignaturas importantes de las que no valen para nada (la alternativa a la religión no es puntuable para el currículo del alumno) es una utopía plantearse esa posibilidad. Por ello vamos tirando de fotocopias de los temas más diversos como podemos.
El problema es que ayer se me olvidaron las fotocopias en casa. Lo que en otra asignatura hubiera supuesto un problema aquí fue un contratiempo menor. En vez de dar clase les pregunté a mis alumnos si tenían deberes. Como la mayoría dijeron que sí, les dejé la hora libre para hacerlos. Evidentemente, a los cinco minutos ya no había nadie trabajando. Como el que estaba más aburrido de la clase era yo me puse a hablar con ellos.
Por mi edad, por ser interino y por mi manera de ser (supongo que no tiene que haber muchos profesores que se vayan de botellón como sus alumnos y piensen más en sexo que ellos) mi relación con mis alumnos es bastante cercana. Así que en apenas cinco minutos logré información bastante importante como quien se había liado con quien, quien le gustaba a quien y que de todos los profesores del instituto el único que tiene un pase físicamente soy yo (no es tan difícil, sólo somos seis).
No se como salió el tema de los tatuajes. Cuando me preguntaron si tenía alguno me hice el loco ya que no quería ponerme de ejemplo para que mis alumnos se tatuaran todo el cuerpo. Al fin y al cabo es una decisión personal para toda la vida que deben meditar profundamente antes de llevarla a cabo. Pero cuando le pregunté a una chica si se quería hacer alguno me sorprendió que me contestará que sí, que ya tenía uno pero que quería hacerse otro.
Son alumnos de tercero de eso (el equivalente de primero de BUP de antes) y en este caso la niña del tatuaje tiene quince años. Me enseñó un duende que más o menos tiene el mismo tamaño y está en el mismo sitio que mi rosa de los vientos. Lo primero que me vino a la mente fue si sus padres lo sabían. Ella me dijo que le habían tenido que firmar una autorización para poder hacérselo. Vale, tal vez yo fui demasiado cobardica y estuve varios años hasta que reuní el valor y la determinación para hacérmelo. No sólo era el miedo a las agujas sino que un tatuaje es algo que te va a acompañar toda la vida y debes estar muy seguro para hacértelo. Cuando le pregunté porque se había hecho un duende y no cualquier otra cosa no me supo contestar. Es normal que una niña de quince años quiera ser la mas guay del instituto y no piense en estas cosas pero sus padres sí que se supone que son responsables y maduros y deberían saber que es lo mejor para su hija. Y no creo que agujerearse la piel para dejarse una marca permanente simplemente por una moda lo sea.
En esas edades es normal hacer esas cosas. De hecho yo me puse un pendiente en la oreja por una tontería y sin pensar. Mis amigos llamaron a mi casa un día de verano casi a las dos de la tarde. Como yo estaba durmiendo mi madre tuvo que despertarme. A gritos por la ventana me dijeron que iban a ponerse un pendiente todos, que si yo también quería. Cinco minutos después estábamos en una relojería agujereándonos el lóbulo izquierdo ya que si te ponías el pendiente en la oreja derecha eras mariquita.
Pero claro, teníamos diecisiete años, no quince, y un pendiente en la oreja es algo mucho menos importante que un tatuaje. Además desde que hace más de diez años que me puse el pendiente he pasado varias fases. He llevado tres o cuatro aros diferentes, he estado dos o tres años sin ponerme nada y ahora me pongo pendientes particulares (un alien, un murciélago, un sol...).
Vamos que si te pones una cosa de estas por moda o porque la gente lo hace puedes acabar arrepentido. Si dentro de unos años los gurús de la moda convencen a la gente de que llevar un tatuaje ya no está in ¿que van a hacer los miles de personas que se lo pusieron por dicho motivo?
Entre que la mayor parte de profesores de esta asignatura no saben muy bien de que va y que si los alumnos no se llevan el libro de las asignaturas importantes de las que no valen para nada (la alternativa a la religión no es puntuable para el currículo del alumno) es una utopía plantearse esa posibilidad. Por ello vamos tirando de fotocopias de los temas más diversos como podemos.
El problema es que ayer se me olvidaron las fotocopias en casa. Lo que en otra asignatura hubiera supuesto un problema aquí fue un contratiempo menor. En vez de dar clase les pregunté a mis alumnos si tenían deberes. Como la mayoría dijeron que sí, les dejé la hora libre para hacerlos. Evidentemente, a los cinco minutos ya no había nadie trabajando. Como el que estaba más aburrido de la clase era yo me puse a hablar con ellos.
Por mi edad, por ser interino y por mi manera de ser (supongo que no tiene que haber muchos profesores que se vayan de botellón como sus alumnos y piensen más en sexo que ellos) mi relación con mis alumnos es bastante cercana. Así que en apenas cinco minutos logré información bastante importante como quien se había liado con quien, quien le gustaba a quien y que de todos los profesores del instituto el único que tiene un pase físicamente soy yo (no es tan difícil, sólo somos seis).
No se como salió el tema de los tatuajes. Cuando me preguntaron si tenía alguno me hice el loco ya que no quería ponerme de ejemplo para que mis alumnos se tatuaran todo el cuerpo. Al fin y al cabo es una decisión personal para toda la vida que deben meditar profundamente antes de llevarla a cabo. Pero cuando le pregunté a una chica si se quería hacer alguno me sorprendió que me contestará que sí, que ya tenía uno pero que quería hacerse otro.
Son alumnos de tercero de eso (el equivalente de primero de BUP de antes) y en este caso la niña del tatuaje tiene quince años. Me enseñó un duende que más o menos tiene el mismo tamaño y está en el mismo sitio que mi rosa de los vientos. Lo primero que me vino a la mente fue si sus padres lo sabían. Ella me dijo que le habían tenido que firmar una autorización para poder hacérselo. Vale, tal vez yo fui demasiado cobardica y estuve varios años hasta que reuní el valor y la determinación para hacérmelo. No sólo era el miedo a las agujas sino que un tatuaje es algo que te va a acompañar toda la vida y debes estar muy seguro para hacértelo. Cuando le pregunté porque se había hecho un duende y no cualquier otra cosa no me supo contestar. Es normal que una niña de quince años quiera ser la mas guay del instituto y no piense en estas cosas pero sus padres sí que se supone que son responsables y maduros y deberían saber que es lo mejor para su hija. Y no creo que agujerearse la piel para dejarse una marca permanente simplemente por una moda lo sea.
En esas edades es normal hacer esas cosas. De hecho yo me puse un pendiente en la oreja por una tontería y sin pensar. Mis amigos llamaron a mi casa un día de verano casi a las dos de la tarde. Como yo estaba durmiendo mi madre tuvo que despertarme. A gritos por la ventana me dijeron que iban a ponerse un pendiente todos, que si yo también quería. Cinco minutos después estábamos en una relojería agujereándonos el lóbulo izquierdo ya que si te ponías el pendiente en la oreja derecha eras mariquita.
Pero claro, teníamos diecisiete años, no quince, y un pendiente en la oreja es algo mucho menos importante que un tatuaje. Además desde que hace más de diez años que me puse el pendiente he pasado varias fases. He llevado tres o cuatro aros diferentes, he estado dos o tres años sin ponerme nada y ahora me pongo pendientes particulares (un alien, un murciélago, un sol...).
Vamos que si te pones una cosa de estas por moda o porque la gente lo hace puedes acabar arrepentido. Si dentro de unos años los gurús de la moda convencen a la gente de que llevar un tatuaje ya no está in ¿que van a hacer los miles de personas que se lo pusieron por dicho motivo?





