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Memorias de un informático desengañado
Vida, vivencias e idas de olla de un informático desilusionado
Acerca de
Los pensamientos de un informático desengañado que ahora mismo está intentando el sueño de todo español, ser funcionario.
Mientras tanto dedica su vida a intentar pasarlo lo mejor posible durante los días existentes entre viaje y viaje.
Sindicación
 
Para toda la vida
Tengo un problema. Llevo bastante tiempo reflexionando sobre ello y esta semana me he dado cuenta de que es verdad. Lo malo es que estoy muy a gusto así. No es nada grave lo que me pasa, simplemente es que tengo una ausencia total de compromiso.

Tras mi relación con Miss Hyde he salido lo bastante escaldado como para no querer comenzar nada serio. Pero el nivel de compromiso que parezco capaz de aguantar es muy bajo. En cuanto quedo un par de veces con alguna chica empiezo a agobiarme. Y eso ya no es normal.

Digo todo esto porque he vuelto a quedar con la Chica que me pegó las anginas. En principio todo fue bien. Nos vimos el jueves pasado y estuve bastante a gusto con ella. La cosa incluso se animó y tuvimos que mover el coche a una calle oscura en las afueras de Castellón. Como no pasó nada serio quedamos en que vendría a visitarme el lunes a las once y media tras mi extenuante jornada de trabajo (¿he dicho alguna vez que lo que más me gusta de ser profesor es el horario?). Dicho y hecho, el lunes por la mañana estaba en mi casa, y apenas unos minutos después retozábamos felices en mi habitación.

Lo malo vino después. Estoy bien con ella, me cae bien y hablamos mucho pero de lo único que tenía ganas era de que se fuera. No quiero parecer un cerdo machista que sólo quiere a las mujeres por el sexo. Lo que pasa es que creo que ella quiere algo más. Algo que por supuesto yo no estoy dispuesto a dar ¿Que como lo se? Pues porque ya está haciendo planes para vernos no se cuantas veces, diciéndome que estaría bien que me quedara algún fin de semana o que le encantaría que al año que viene volviera a trabajar en Castellón. No se, creo que le ha dado demasiado fuerte. Ya se que soy irresistible, pero vamos tampoco es para tanto, que sólo nos hemos visto tres días.

Además, yo en un mes acabo de trabajar aquí y luego empieza el verano. Que esa es otra. Yo no se lo que va a pasar, pero espero que sucedan muchas cosas. Por ahora ya tengo confirmados los viajes a Eslovenia y Serbia de principios de julio, el de Salamanca y Portugal con el Palanca de final de julio y uno por el sur de España con Mila en agosto. Vamos, que espero pasármelo bien y no pensar demasiado en estas cosas.

Puede que mi problema es que cuando me lío con alguna chica no le doy demasiada importancia pero algunas de ellas sí. Es lo que tienen las relaciones, que como mínimo hay dos personas y pueden tener intereses diferentes. Yo tengo muy claro lo que quiero, pero tal vez no esté tan seguro sobre lo que opinan ellas.

Tal vez por eso casi siempre que me como algo es con una chica a la que difícilmente pueda volver a ver ya que son de otras partes de España o incluso de Europa. Supongo que inconscientemente me anima el pensar que todo tiene los días contados.

Supongo que todo esto se me pasará cuando encuentre a la persona adecuada. Es difícil ahora mismo, pero espero volver a enamorarme alguna vez. Lo malo es que si todo sigue así cuando encuentre a esa persona lo más probable es que viva a miles de kilómetros. Tan lejos como Bruselas o Trento, por ejemplo.
 
Socializándome
La vida que llevo en la ciudad de Vacaciones es bastante relajada. Eso hace que intente aprovechar al máximo los fines de semana. Lo malo es que cuando se produce algo especial los días de diario se me acumula el trabajo. Y estos últimos días he estado haciendo horas extras.

El fin de semana pasado fui a Madrid a visitar a Maciej. Se vuelve a su Polonia natal en un par de semanas y no era cuestión de que abandonara este país sin despedirnos. Por problemas familiares su mujer y su hijo (nacido en enero) volvieron hace tres meses. Como no conozco al chaval tendré que ir de nuevo a Polonia no problem; a ver cuando encuentro tiempo.

También se apuntó el Palanca, que hacía casi medio año que no le veía el cada vez más escaso pelo. Estuvieron bastante bien aprovechados los tres días. Además como yo aún estaba flojo por culpa de las anginas no salimos de fiesta aunque nos pasamos las horas hablando e insultándonos. No voy a decir que lo echaré de menos porque desde que se fue a Madrid hace casi tres años apenas lo he visto tres o cuatro veces pero si que será extraño saber que estará a apenas unas horas de viaje por carretera.

El martes había quedado con la chica que me pegó las anginas lo que pasa es que después del trabajo, el gimnasio y un curso sobre Lliurex que empezaba ese mismo día me quedé sin fuerzas y lo suspendí a última hora. No pensé que pasaría nada ya que habíamos quedado con más gente, pero no debió de ser así.

El jueves teníamos la cena de despedida de los Erasmus de Castellón y se supone que nos íbamos a ver. Pero nada, esta vez la que me dejó tirado fue ella. La verdad es que me mosqueó un poco.

Ya se, pensaréis que soy un hipócrita que se enfada cuando le pagan con su misma moneda. Pero hay diferencias: yo tuve la delicadeza de avisar y sobre todo, la primera vez ella se quedó con sus amigos; exactamente igual que me pasó a mi el jueves. Tampoco voy a montar un drama, porque son bastante simpáticos y los voy conociendo ya (además había cuatro o cinco jovencitas que yo no había visto antes y que merecen ser conocidas) así que la noche no estuvo mal. Eso sí, por si acaso me fui a casa a una hora prudente (esta vez aunque fuera por poco me acosté antes de las tres de la madrugada)

Casi sin tiempo para descansar el viernes por la noche fui a la cena de nuevos socios de la asociación de Valencia. Nos juntamos los de siempre más cuatro o cinco pollos. De las nuevas incorporaciones sólo el Miniyó aguantó nuestro ritmo y acabó comiéndose un kebab a las cinco de la mañana conmigo, Mermi y Brico Depot.

El sábado hubo más de lo mismo. Otra cena con gente de la asociación aunque esta vez más selecta. Era el cumpleaños de la Pícara y sólo invitó a los que le caen mejor. Bueno y al Rizos y Calata que se acoplaron. Tras pasar un rato cantando los grandes éxitos de Gigatron y Bibí AAndersen nos fuimos a una discoteca aunque al final se rajaron todos menos Calata y el Rizos.

La última en irse fue Bea la Guarra. Es una chica con la que me llevó especialmente bien. Es bastante guapa y para decirlo finamente le comía hasta la cera de las orejas. Además tenemos la curiosa costumbre de mantener largas conversaciones sobre sus pechos, mi pene y como y donde y a cuantos nos hemos ligado. Vamos, que hablamos de todo sin ninguna vergüenza Como ya he dicho, fue la última en irse y se arrimó un poco más de lo normal por lo que llegué a hacerme ilusiones, pero nada al final todo quedó en una falsa alarma.

Cuando salimos de la discoteca dónde tuve que convencer a una treintañera de que no tenía sólo veintitrés añitos y dónde vi atacar al Rizos después de mucho tiempo ya era de día. Pero no importa, apenas unas horas después estábamos celebrando el cumpleaños del Pulpo del que me tuve que ir corriendo para no llegar demasiado tarde a la ciudad de vacaciones.

Creo que es normal que esta mañana me haya dormido y haya llegado cinco minutos tarde al trabajo.
 
¿Será casualidad?
Era sábado por la noche. Nos habíamos reunido todos los solteros del grupo después de mucho tiempo. La cosa prometía y sin embargo yo cada vez me sentía peor. Me dolía todo, especialmente la cabeza y la garganta. Sintiéndolo mucho tuve que volverme a casa al poco de llegar. Al día siguiente estaba retorciéndome de dolor en el sofá de mi casa con treinta y nueve grados y medio de temperatura. Había ido al médico por la mañana y me había dicho lo mismo que hace un par de meses, que tenía una infección en las anginas. No es raro en mí, ya que desde que hace años cogí la mononucleosis mis problemas con la garganta han sido continuos, aunque nunca tan fuertes.

Después de echarle la culpa a mis alumnos (cuando vuelva a trabajar me voy a encargar de que los de primero de ESO se comporten en clase; el primero que me haga gritar se va ir expulsado en menos de lo que canta un gallo) y al partido de baloncesto que había jugado por la mañana me di cuenta de algo.

Es posible que acostarme el jueves más de las cinco de la mañana haya tenido algo que ver. Y es que no puede ser, después de todo el curso portándome bien en la misma semana he ido a clase dos veces después de haberme ido de fiesta.

Pero claro, es que tenía cosas que hacer. La asociación a la que pertenezco tiene una sede en Castellón y para captar socios organizaron una fiesta en la universidad. Yo, como no tengo nada mejor que hacer me apunté. A la hora de recoger conseguí escaquearme del trabajo duro con una chica bastante simpática a mitad de la tarde. Nos fuimos a tomar un café y como dice Gonzo, eso sólo puede acabar de una manera: a las cuatro de la mañana ella estaba inspeccionando mis anginas en primera persona.

Como me pasa ultimamente, ella es bastante menor (en este caso veintiún años) y también resulta que un par de días después acabo en casa con casi cuarenta grados de fiebre y las anginas como dos pelotas de golf.

¿Será una venganza divina? ¿O que mi cuerpo ya no aguanta el ritmo de las nuevas generaciones? ¿Tal vez sea que no estoy acostumbrado a las bacterias que hay en la saliva de estas tiernas jovencitas?

No lo se, supongo que cuando la vuelva a ver la semana que viene lo descubriré.
 
Viña Chof
Aún recuerdo cuando con ocho años mis padres me apuntaron a lo que ellos llamaron clases de música. Estaba adorable el primer día de clase con mi órgano Casio (regalo de la comunión, por supuesto) esperando ser capaz de tocar cualquier melodía una hora después. En vez de eso me encontré con una insufrible tortura a base de algo que yo no entendía para que servía (solfeo) y que no parecía tener ninguna relación con la música. Ni que decir tiene que mis esperanzas artísticas se quedaron en ese oscura aula apenas unas semanas después.

Tal vez por eso yo nunca he prestado demasiada atención a la música. No me malinterpretéis, me gusta escuchar música. El problema es que no hay ningún grupo que me guste mucho más que los otros. Y además siempre se me acaban haciendo repetitivos. El problema es que no me gusta tanto la música como para dedicarme a escucharla con atención aunque si la suelo tener de fondo, pero claro, como no le hago caso pues me resbala un poco todo. Sí que he tenido grupos que han sido especiales durante alguna época de mi vida. Aunque si os digo que algunos de los grupos que más he escuchado hayan sido Estopa, Héroes del silencio, Extremoduro, Amaral o Gigatrón seguro que os parece como mínimo un poco raro.

Por eso no he ido nunca a demasiados conciertos; ni siquiera cuando era adolescente. Aunque esta vez ha sido distinto. Hace unos días me llamó la Actriz secundaria para decirme que iba a venir con otras tres amigas murcianas al Viña Rock. En mi estado actual no me lo pensé dos veces y me apunté. Total, me queda apenas a unos kilómetros de casa y como de todas maneras no podía volver a Valencia porque no he tenido puente, casi que me hacía un favor. Así que dicho y hecho, un tipo casi autista musicalmente hablando se disponía a pasar tres días enteros escuchando música.

Y el caso es que después de la experiencia bastante tengo con decir que sigo vivo. Los conciertos no han estado mal aunque yo siga sin verle demasiada gracia al asunto. Hay algunos que me han gustado, Reincidentes o Manu Chao aunque otros, sobre todo Los Suaves y Medina Azahara más bien me han dado pena al ver a gente que ya debería estar pensando en la jubilación arrastrase por los escenarios sin apenas voz y olvidando trozos de la letra de las canciones que les han hecho famosos.

Si a esto le unimos que ya el primer día empezó a llover aunque no tanto como para molestar ver los conciertos (lo más destacable fue que la Actriz secundaria perdió una zapatilla en medio de una avalancha durante el concierto de Manu Chao). Eso sí, a los diez minutos de meternos en la tienda empezó a llover con fuerza y no paró hasta que nos despertamos. En ese momento vimos la magnitud de la tragedia. Por suerte nuestras tiendas estaban intactas, pero la de al lado había sido literalmente inundada por quince centímetros de agua. Con la luz del día la gente intentó arreglar las cosas como pudo (yo he visto a gente coger cartones en los contenedores) pero no había nada que hacer ya que cada media hora caía un fuerte chaparrón.

Eso sí aunque pareciera difícil la cosa empeoró por la tarde. Al poco de empezar los conciertos empezó a llover de manera continua. Tras aguantar cuatro horas así, estando totalmente empapado y sin que me gustaran demasiado los grupos que aún quedaban por tocar decidí que ya había hecho bastante el idiota y que me volvía a casa. Que para eso tenía una cama caliente esperándome y un partido del Valencia en la tele. Les dije a ellas que me iba pero que si se querían quedar que me llamaran cuando quisieran volver, que las recogía.

Entonces se lió la buena. Mientras estaba conduciendo el cielo se cayó sobre mi cabeza (bueno, sobre el techo de mi Clio). Aquello no era normal, apenas se veía a unos metros de distancia. Cuando por fin llegué a casa tuve que ver como el agua corría de parte a parte de mi calle con una profundidad que sobrepasaba la altura de mi tobillo. Lo malo es que por ese momento se había ido la luz en el festival y habían suspendido los conciertos así que tuve que volver a por ellas. Eso si que fue lo mejor. De poco no puedo salir de mi pueblo ya que las dos salidas a la carretera estaban cortadas porque había más de dos palmos de agua sobre el asfalto, así que tuve que esperar a que lloviera un poco menos para salir.

Por fin conseguimos estar todos juntos en casa y tras algo de cena y un rato al lado de la estufa nos fuimos a dormir.

Por suerte el domingo aunque llovió no fue ni de lejos comparable a lo del sábado. Eso sí, cuando fuimos a por la tienda nos encontramos los sacos flotando dentro de ella; menos mal que estaba mi casa cerca, sino no se lo que hubiéramos hecho. Lo malo es que por culpa de la lluvia trasladaron algunos conciertos del sábado al domingo así que retrasaron uno de los pocos que me interesaba de verdad (Los Delinqüentes) lo que hizo que no pudiera ir a verlos a no ser que me quedara sin dormir (el lunes a las ocho tenía que estar trabajando). Como parece que voy madurando tras pensarlo un segundo decidí que era mejor dormir tres horas que nada así que a una hora prudente me volví a casa.

Si es que me estoy haciendo viejo.