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Memorias de un informático desengañado
Vida, vivencias e idas de olla de un informático desilusionado
Acerca de
Los pensamientos de un informático desengañado que ahora mismo está intentando el sueño de todo español, ser funcionario.
Mientras tanto dedica su vida a intentar pasarlo lo mejor posible durante los días existentes entre viaje y viaje.
Sindicación
 
Gora San Fermín y unos días más...
Eran más o menos las once y media de la mañana del pasado martes. Hacía un rato que habíamos llegado al albergue de Miranda de Ebro pero debíamos esperar a que nos hicieran el carnet de alberguista y limpiaran nuestra habitación. En condiciones normales, los quince minutos de espera no hubieran sido nada del otro mundo. Pero si se tiene en cuenta que llevábamos más de veinticuatro horas sin dormir empieza a ser más entendible.

El motivo de que estuviéramos tanto tiempo sin pisar una cama era porque habíamos decidido ir a los sanfermines. El Palanca llevaba un tiempo diciéndome que teníamos que pasar unos días en Pamplona. Yo ya había estado un par de veces hace cinco o seis años y me lo pasé tan bien que no me importaba repetir. Así que dicho y hecho, el lunes justo después de comer cogimos el coche y salimos de Valencia en dirección Pamplona. La idea era pasar una noche de fiesta, dormitar como se pudiera en un parque para volver a ir de fiesta a la noche siguiente y luego buscar un sitio para dormir. Lo que pasa es que los años no pasan en balde y si con 20 años dormir en la calle te parece lo mas normal del mundo con 27 empiezas a planteártelo y con los 31 que tiene el Palanca la mera idea de pasar una noche al raso empieza a ser preocupante. Así que a lo largo de la noche modificamos los planes y decidimos irnos a dormir dónde pudiéramos.

Quien no haya estado nunca en los sanfermines no se puede hacer a la idea de lo que son. La ciudad se transforma para vivir una semana de fiesta y desenfreno sin igual. Cuando llegas por primera vez no puedes dejar de sorprenderte al ver a la gente durmiendo tirada en los parques aunque tenga un concierto a apenas veinte metros de distancia o esté rodeado de borrachos vomitando.

Así que sobre las doce de la noche llegamos a Pamplona y nos fuimos directo a todo el meollo. Entre que la gente estaba contenta y que yo no soy lo que se dice callado precisamente al poco rato ya habíamos hablado con baste gente. Ahora mismo no recuerdo muy bien como fue todo (hace ya una semana y el alcohol y pasa factura) pero acabamos a las tres de la mañana con dos chicas vascas (una de Azcoitia y otra de Azpeitia) rubia y morena, diecinueve y veinte años que parecía que querían algo aunque al final no fue así, pero bueno estuvimos un rato entretenidos. La cosa se alargó hasta las siete de la mañana cuando ellas se fueron de vuelta a su pueblo.

Conforme se acercaban las ocho de la mañana yo iba convenciendo al Palanca para que no corriera. Yo no soy un miedica pero si se dónde están mis límites. No es la primera vez que veo un toro de cerca (es más, una vez lo vi demasiado cerca) porque el pueblo de mis padres es conocido por sus fiestas taurinas así que desde que tengo uso de razón los toros están en mi recuerdo festivo y desde los catorce o quince años me he metido en este tipo de fiestas. Pero por eso precisamente no tengo la necesidad de meterme en un encierro rodeado de yanquis borrachos con seis bichos de seiscientos quilos después de una noche sin dormir. Como digo, al final le convencí para que nos pusiéramos en el sitio más seguro y con mejor visibilidad. Al final si que corrimos en el encierro, pero fue desde el medio de la calle hasta la barrera, unos dos metros en total.

Una vez acabado el encierro cogimos el coche para hacernos ciento treinta kilómetros hasta Miranda. Allí estuvimos dos días dedicándonos a descansar (bueno también fuimos a Vitoria de visita) para preparar el retorno a Pamplona. El último día de los sanfermines repetimos la operación. Llegamos a las doce a Pamplona después de haber pasado el día en Logroño gorroneándole Internet a la universidad de La Rioja, viendo el tour en un bar de abuelos con un auténtico experto en la materia y siendo las dos únicas personas que pagaron para ver esa gran obra de arte contemporáneo que es Scary Movie 4 (yo no había visto ninguna de las anteriores pero así nos pasamos un par de horas cómodamente sentados en una butaca).

La segunda noche de los sanfermines tuvo mas miga. Conocimos a una canadiense rubia, pequeñita de veintipocos años y bastante simpática que había ido sola desde San Sebastián a pasar el día. Estuvimos unas cuatro horas con ella y como parecía que quería tema el Palanca cumplió su parte del trato y nos dejó solos (bueno, en el fondo se fue a dormir pero a mi me vale igualmente). Yo ya estaba lanzando el ataque definitivo pero entonces le entró sueño a ella así que la dejé dormida en un banco de la plaza del castillo tras un par de besos mal dados, ella se lo pierde. El caso es que eran casi las cinco de la mañana, estaba solo y no tenía ganas de dormir. No me lo pensé y me puse a dar vueltas hasta que encontré a alguien. A principio de la noche había hablado con una chica bastante simpática y cuando me la volví a encontrar no dudé en acoplarme a su grupo. La verdad es que ninguno puso pegas así que estuve con ellos como si fuera uno más. La chica se preocupaba bastante por mí, siempre me buscaba por si me había perdido, se me agarraba al bailar e incluso me utilizaba para quitarse a los moscones de encima. Pero tampoco era el día propicio así que decidí olvidarme de mi obsesión por marcar y dedicarme a pasarlo bien. Casi sin darme cuenta se hicieron las siete y media de la mañana cuando una llamada perdida del Palanca me hizo recordar que yo también tengo amigos.

Tras otra arriesgada carrera de dos metros en el encierro volvimos a coger el coche pero esta vez hasta Logroño. Tras otro día descanso nos fuimos a Burgos. Allí nos alojamos en el albergue donde coincidimos con un par de murcianos y un grupo bastante soso y excluyente de becarios de la universidad de Tarragona que estaban de excavación en Atapuerca. Como estábamos bastante cansados nos dedicamos más al turismo que a la fiesta, así que nos recorrimos la ciudad de arriba a abajo, hinchándonos de pinchos y aprovechando una tarde para visitar la excavación de Atapuerca y los dólmenes del sur de Álava.

Así que el domingo por la noche sentados en las escaleras de una de las catedrales góticas más bonitas de España, después de varias raciones de mejillones, unos cuantos pinchos y con un helado en la mano el Palanca y yo empezamos a planear nuestro próximo viaje.
 
Comentario:
Yo yambien quieeeerooooo...¿Adonde vamos, a ver...?

Vaya como te lo pasas me das envidia chaval...
 
Comentario:
Los cuernos, el alcohol y las chicas... no se yo si es mu wena ida "arrejuntarlo"... asi pasa... que ni chicha ni limoná que diria mi abuelo, jajaja

1beso
 
Comentario:
murciaaaaanos jajajajaja están por todas parte jejeje
cómo molan tus viajes, qué bien se vive sin tener que trabajar eh?
anda que...
No