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Memorias de un informático desengañado
Vida, vivencias e idas de olla de un informático desilusionado
Acerca de
Los pensamientos de un informático desengañado que ahora mismo está intentando el sueño de todo español, ser funcionario.
Mientras tanto dedica su vida a intentar pasarlo lo mejor posible durante los días existentes entre viaje y viaje.
Sindicación
 
El barranco de Gascón
Hacía apenas unos minutos que se había acabado la comida de Navidad. Como en mi familia es más multitudinaria la cena de Nochebuena, todavía no eran las cinco y ya había cumplido con todos mis compromisos así que decidí visitar una de las posesiones que han permanecido en manos de mi familia durante varias generaciones.

Como toda buena familia de pueblo tenemos una serie de terrenos que van pasando de generación en generación, dividiéndose cada parcela en partes más pequeñas hasta llegar a un punto en que estas son tan escasas que convierten la agricultura en una actividad recreativa en vez de un oficio.

El monte en que me encontraba está en totalmente abandonado. Ello es debido en parte a la dificultad de acceso que hizo que mi abuelo lo fuera descuidando por los otros montes que cuidaba. Este semiabandono provocó que a principio de los años noventa un pavoroso incendio forestal que destruyó más de veinte mil hectáreas de la Sierra Calderona se cebara especialmente en él y lo redujera a cenizas.

Sin embargo la naturaleza es sabia y las plantas que habitan en un clima tan hostil como el mediterráneo están acostumbradas a este tipo de desgracias siendo perfectamente capaces de sobrevivir a ellas. Al poco tiempo de que las llamas destrozaran toda la vegetación empezaron a verse los primeros brotes de la nueva vida que poco a poco ha ido cubriendo con su verde manto las laderas de esas montañas.

Al principio producía un efecto fantasmagórico ver como los verdes a tallos se abrían paso entre los negros tocones quemados. Los olivos eran especialmente sobrecogedores. Su dura madera no se quemó durante el incendio, más bien se carbonizó. Por ello los troncos aún aguantan de pie más de diez años después de la catástrofe lo que permitió ver como las nuevas ramas se alzaban orgullosas entre los negros despojos hasta lograr ocultarlos.

El pinar que había a la otra parte del barranco si que sufrió una total destrucción. Sin embargo las piñas al explotar esparcieron sus semillas a todos lados lo que permitió que unos pocos años después haya aumentado de extensión y muestre el verde furioso de la infinidad de pinos jóvenes que luchan entre sí para abrirse paso ente la masa formada por sus congéneres.

Llegué a plantearme lo bonito que sería disponer del tiempo suficiente para volver a poner en condiciones esos terrenos que con tanto esfuerzo lograron sacar adelante mis antepasados. Mi mente trabajaba rápido. Allí habría que plantar un par de olivos. Ese bancal habría que reconstruirlo. Aquel de más allá si se alargaba un poco podría acoger un almendro. Pero claro, antes habría que limpiar de broza todo, y solamente eso era ya un trabajo enorme. Poco a poco lo gigantesco de la tarea me hizo desistir. Debería estar mucho tiempo dedicado exclusivamente a ese trabajo para lograr algún resultado. Aquello no era más que un bonito sueño.

Estaba ensimismado en mis pensamientos cuando a lo lejos vi una hermosa silueta. Era una rapaz. No se precisar cual era, porque la distancia hacía inútiles mis escasos conocimientos sobre fauna, pero la silueta era inconfundible. Tras un par de vuelos rasantes empezó una hermosa danza. Comenzó a ascender suavemente dando círculos aprovechando una corriente de aire caliente. Poco a poco iba ganando altura y yo no podía dejar de mirarla.

Cuando había completado varias vueltas mi móvil sonó. Maldecí en silencio, la tecnología destruyó ese instante mágico recordándome que por desgracia todos estamos sometidos a una férrea dictadura: la del hombre moderno. El precio que tenemos que pagar para vivir en un entorno cómodo y seguro es la pérdida de nuestra libertad que hace que se estropeen momentos como ese.

Era un mensaje de Mila, me preguntaba como me había ido estos días y decía que estaba impaciente por volver a verme apenas dentro de tres días. La misma tecnología a la que estaba maldiciendo unos segundos antes me va a permitir viajar con Mila y el Palanca a Bratislava y Budapest durante el fin de año.

Nada en la vida es blanco o negro, siempre hay muchos tonos de gris.



 
Comentario:
Pues sí, el minifundio también es la tónica en mi tierra, fruto de las particiones hereditarias y de nuestra particular idiosincrasia. tierra donde, por cierto, la cobertura de los móviles es fatal y puedes observar rapaces cada dosp or tres seis.Eso es bueno o malo?Y yo qué se...

Que tengas buen viaje.

No