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Memorias de un informático desengañado
Vida, vivencias e idas de olla de un informático desilusionado
Acerca de
Los pensamientos de un informático desengañado que ahora mismo está intentando el sueño de todo español, ser funcionario.
Mientras tanto dedica su vida a intentar pasarlo lo mejor posible durante los días existentes entre viaje y viaje.
Sindicación
 
Mens sana in corpore sano
La frase hecha dice que somos lo que comemos. Con toda la razón que tiene en general la sabiduría popular habría que matizarla un poco. No somos sólo lo que comemos, sino también la cantidad que comemos.

Ayer Cuatro estrenó Soy lo que como un programa que tiene como objetivo analizar los hábitos alimenticios de los participantes para después ayudarles a corregir las pautas incorrectas con el objetivo de mejorar su salud.

Así dicho suena un poco pretencioso. Y lo es. Más que nada porque no pasa de ser un reality show con ínfulas de ayuda social. Digo esto porque uno de los casos presentados ayer es el de una familia sevillana cuyos dos hijos tienen problemas de peso. El chico tenía un poco de sobrepeso (su IMC estaba en torno a veintisiete, pero lo la niña ya era preocupante ya que su IMC casi llegaba a cincuenta. Para lograr semejante índice una niña de doce años que medía 155 centímetros pesaba 110 kilos. El momento culminante de la noche llegó cuando a los padres se les mostró una animación que intentaba mostrar el futuro de la niña si seguía como hasta ahora. Tras ver la animación la madre rompió a llorar. No era para menos, ya que la imagen de la niña con cuarenta años daba pena. Estaba avejentada, con el pelo cano (desde los 25 años una consecuencia clara del exceso de peso) y unas ojeras más grandes que los bocatas que se mete entre pecho y espalda. La amable presentadora le dijo que no estaba todo perdido. Si seguía los hábitos que su maravilloso programa le había indicado el resultado sería totalmente diferente. Dicho y hecho; en la nueva alimentación la niña no sólo se volvía delgada y guapa sino que su pelo lucía brillante y espeso y de las ojeras no quedaba ni rastro.

Tras semejante demostración seguro que la voluntariosa madre que ha permitido que su retoño se pareciera más a una cría de marsopa que a una niña de doce años habrá adoptado las complejas recomendaciones del programa. Estas son verdades ocultas al gran público y tan difíciles de entender como aumentar el consumo de fruta y verdura, reducir el de embutidos y productos grasos o eliminar las calorías vacías como puedan ser los refrescos carbonatados, las salsas procesadas o los azúcares refinados. No creo que sea tan complejo entender eso. Es evidente que por pocas calorías que tenga una coca-cola son más de las que posee la misma cantidad de agua por lo que lo normal sería eliminar esas calorías innecesarias aunque sean pocos ya que como se dice en Valencia tota pedra fa paret.

Pero es que aquí vamos a la parte más importante del asunto. Ahora que se supone que estamos ante la generación más preparada de la historia de nuestro país parece que nos hayamos vuelto tontos de repente. Digo esto porque en el tema de la alimentación no se oyen más que tonterías. De mi viaje por Italia me traje un trozo de queso de los Alpes. Es bastante fuerte y no debe ser precisamente sano, pero a mí me gusta y como no tengo problemas de peso lo puedo consumir sin problemas. Cuando llegué a mi piso lo metí en la nevera y apenas cinco minutos después ya olía toda a queso. Como mis compañeros me preguntaron que era eso se lo expliqué y les ofrecí un trozo si querían probarlo. Ante esa propuesta mi compañera dijo que no, que tenía mucha grasa y que no lo podía probar. Mejor para mí, más parte. Mi sorpresa vino al día siguiente cuando para la comida mi compañera (que cena sólo dos piezas de fruta) frió siete trozos de carne de cordero acompañadas de un calabacín. Pero lo mejor fue cuando de la nevera sacó un brick de nata líquida, lo vertió en un cuenco y empezó a comérselo a cucharadas. Yo no salía de mi asombro. No sólo por la repugnancia que me producía ver a alguien comiendo nata de esa manera (entre mis pocas fobias alimenticias está la nata, la tomo a cuentagotas) sino porque la misma persona que unas horas antes había rechazado un trozo de queso por tener demasiada grasa ahora se metía cucharadas de grasa pura que además es bastante perjudicial para la salud ya que a diferencia del aceite de oliva incrementa el nivel de colesterol malo.

Yo no entro en las preferencias gastronómicas de cada uno. Si le gusta la nata líquida está en su perfecto derecho de tomarla. Igual que la gente que le pone mantequilla a los bocadillos de chorizo o jamón. Para mí es algo desagradable, pero esto es como los culos, todos tenemos uno y no tiene porque gustarnos el de nuestra compañera de piso. Lo que no entiendo es que alguien supuestamente preocupado por su peso haga semejante barbaridad.

Aunque el verdadero problema está en la sociedad consumista en la que vivimos en la que somos un mero objetivo comercial cuya única función es consumir. En este país la nata líquida ha sido un producto desconocido hasta épocas recientes. Ello es debido a una simple cuestión climatológica: en la gran mayoría de este país llueve poco más que en el desierto por lo que el hecho de alimentar una vaca es mucho más caro que en otras regiones más húmedas. Por ello la grasa más utilizada para cocinar ha sido siempre el aceite de oliva. Sin embargo a principios de los noventa la industria láctea se encontró con un problema. Debido al constante incremento de la preocupación por mantener un peso adecuado se empezó a extender el uso de la leche desnatada. ¿Nunca os habéis preguntado como es posible que un producto que necesita más procesamiento que otro sea más barato? Muy sencillo, porque la nata que extraen a la leche en el proceso de desnatado es comercializada aparte. Por ello se logra que el precio de la leche desnatada sea más bajo que el de la leche entera. Pero claro ello provocó la existencia de un subproducto (la nata) que debían vender como fuera. Por ello comenzó una campaña de marketing subliminal para incrementar el uso de un ingrediente totalmente ajeno a nuestra gastronomía aunque sea en recetas inverosímiles. Aunque mucha gente no se lo crea, el ingrediente principal de la salsa carbonara son los huevos, no la nata, siendo esta utilizada en una cantidad mínima, pero claro, los huevos nunca han tenido problemas de venta.

Si se analiza la jugada, les ha salido redonda. Como la gente quiere adelgazar toma leche desnatada. La industria proporciona este nuevo producto cobrándote además el coste del procesado y vendiéndote el subproducto a precio de oro. Como además este subproducto no es bajo en calorías garantiza que la gente seguirá tomando leche desnatada para mantener la línea. Han conseguido la cuadratura del círculo.
No