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Memorias de un informático desengañado
Vida, vivencias e idas de olla de un informático desilusionado
Acerca de
Los pensamientos de un informático desengañado que ahora mismo está intentando el sueño de todo español, ser funcionario.
Mientras tanto dedica su vida a intentar pasarlo lo mejor posible durante los días existentes entre viaje y viaje.
Sindicación
 
Ya llega el sol...
Son algo más de las once de la noche. Estoy cansado pero no tengo sueño. De todas maneras hace poco más de media hora que he cenado, así que acostarse tampoco me sentaría demasiado bien. No se que hacer y me aburro. Normalmente no me pasa eso, pero llevo unos cuantos días un poco apático. El tiempo en la ciudad de vacaciones a veces pasa muy lento. Prácticamente mi único entretenimiento aquí son las sesiones de gimnasio que me meto. La necesidad hace extraños compañeros de pesas. Nunca me ha gustado lo de levantar de una manera obsesiva inmensos trozos de metal. La naturaleza es sabia y si la gravedad ha decidido que esas pesas permanezcan en el suelo no seré yo quien la contradiga. Me gusta hacer deporte, pero lo concibo como un momento de esparcimiento por lo que estar recluido en un gimnasio no cuadra con mi manera de pensar. Los sábados cuando quedo con el Largo o el Pulpo para jugar a baloncesto me lo paso bien. Se nos pasa el tiempo sin darnos cuenta entre tiros fallados, balones perdidos y alguna que otra canasta hasta que llega un momento que el cuerpo nos recuerda que ya no estamos para jugar más de dos horas seguidas. Y me gusta la bici. Soy capaz de estarme tres horas seguidas encima de una; pedaleando y todo. Un día, durante el camino de Santiago, llegué a estar hasta seis horas. Pero claro, si no fuera al gimnasio mi vida sería mucho más aburrida aquí. Ahora se que cuando paso por allí voy a saludar a tres o cuatro personas. Incluso intercambiaremos alguna frase profunda sobre el frío o la calor que hace. Es más, últimamente hasta coincido con una chica que aunque no es alumna mía sí que va al mismo instituto y la conversación se alarga un poco más.

Pero hoy ha sido diferente. Después de dos semanas ha lucido el sol. Tras dar un paseo por la playa disfrutando del más que tibio sol de febrero, me he encerrado allí para torturar a mi cuerpo levantado repetidamente esos pesos muertos. El astro rey calentaba con fuerza y cada gota de sudor que resbalaba por mi piel era un gramo extra que se añadía a los que con mis escasas fuerzas debía levantar. Después de casi tres meses mi cuerpo se ha ido acostumbrando al maltrato físico y ha reaccionado creando algo de masa muscular (no mucha) que me permite levantar más peso que antes y con más facilidad. Excepto hoy. Yo sentía una fuerza extraña que me dificultaba realizar los movimientos que hace ya semanas mecanicé.

Parece mentira, pero el tiempo pasa. Ya llevo más de tres meses aquí; eso significa que el invierno está apunto de acabar. La luz sigue ganando su carrera diaria a la oscuridad notándose día a día como éste se alarga. Desde que vine a vivir aquí he querido bañarme en el mar. Ya queda poco para que la temperatura del agua me lo permita.

Si sigo aquí, claro. Hoy, la profesora a la que sustituyo ha tenido que ir a visitar al inspector médico. Lo más seguro es que continúe de baja todo el curso. Pero nunca se sabe. No me apetece volver a mudarme. No se vive tan mal aquí.

No cuando el verano se acerca.
 
Comentario:
Murcia. Anoche. Dos de la madrugada. 18 grados. Esto no es normal.
Y que yo tuviera que volverme a casa para acabar el molt put PFC... eso tampoco es normal!!
Saludos
 
Comentario:
Bendito sur...¡en Febrero y ya pensando en sol y calor...!

ufff
 
Comentario:
Se te ve cachitas chaval!!!
jajajaja
:P

El paso del tiempo es inexorable, eh??? ays... y yo que no quiero que llegue ni el verano ni la primavera...

1beso
No