logotipo

img_google
Memorias de un informático desengañado
Vida, vivencias e idas de olla de un informático desilusionado
Acerca de
Los pensamientos de un informático desengañado que ahora mismo está intentando el sueño de todo español, ser funcionario.
Mientras tanto dedica su vida a intentar pasarlo lo mejor posible durante los días existentes entre viaje y viaje.
Sindicación
 
El bodorrio
Pues si, normalmente después de una despedida de soltero suele haber una boda (y digo normalmente porque después de saber lo que hizo Rizos con una novia la noche de su despedida me creo todo lo que pueda pasar).

La boda de mi amigo Pulpo es el sábado por la tarde. Ya lo tenemos todo preparado, bueno, casi, pero lo mas importante ya está diseñado. Hemos establecido una ruta desde la iglesia hasta el salón de banquetes que nos permite hacer una parada en una cervecería en la cual tienes un barril en cada mesa y te sirves tú mismo tan preciado líquido. Esto nos sevirá para pasar el interminable rato entre la boda y la aparición de los canapés, momento en el cual entre que tampoco tienes otra cosa que hacer y has comido poco para poder hacer hueco a la cena te lo pasas con la misma sensación que debe tener King Afrika sometido a la dieta de la sandía.

A mi, personalmente, las bodas tienen un componente exhibicionista que no me gusta nada. Según mi opinión si tú quieres a alguien no hace falta organizar un sarao para 200 o 300 personas, ni que te diga lo que quieres a tu pareja un miembro de una iglesia en la que no crees, o un alcalde al que no votaste que tanto da. Mas que nada porque ni ellos ni nadie sabe nada acerca de lo que pasará mas adelante. Por muy enamorada que esté la gente, la convivencia es dura y si algo puedo garantizar (por experiencia propia) es que nada es para siempre.

De las bodas, lo que no me gusta, es el hecho que mucha gente se ve obligada a invitar a otros por compromiso. En primer lugar están los compromisos familiares. Estos son los que mas comprendo. Es normal que aunque tú a lo mejor no conozcas apenas a tus primos terceros tu madre si sea íntima de tu tía, y al fin y al cabo tu fuiste a la comunión de tu prima Maripili y te pusiste ciego de gambas (además teniendo en cuenta las fechas en las que se celebran las comuniones aporvechaste el día para comprobar que la hermana mayor de la tal Maripili no es tan niña y que eso que se ve en su escote puede empezar a denominarse canalillo), así que una cosa por la otra. Pero por lo que me han contado, hay gente que se ha visto obligada a invitar a los jefes, o incluso a los de sus padres. Eso ya supera cualquier límite; encima que te putean durante todo el año te toca aguantarlos en el (supuesto) día mas feliz de tu vida.

Otros compromisos hacen que la gente invite a sus bodas a amigos que un día lo fueron, pero que ahora ya no lo son ( a mi me ha pasado recientemente ). El hecho de haber compartido borracheras de adolescencia une a mucha gente, pero no es algo definitivo. Las personas somos distintas y la vida se encarga de separarnos. Pero es que en este caso, la ceremonia puede llegar a ser una auténtica broma, al fin y al cabo cuando oigas al novio prometer fidelidad y esas cosas, será inevitable recordar aquella noche en las fiestas del pueblo cuando se la pegó con la primera pelandrusca que apareció o como él te contó con pelos y señales la primera relación sexual que tuvieron y lo contento o frustrado que se quedó porque ella chupó o no chupó determinado apéndice de él. Vamos, que hay veces que cuando has vivido algo desde dentro todo parece mas falso.

Otro aspecto a destacar son los profesionales de las bodas. Estos sujetos son siempre primos lejanos, da lo mismo de quien sea la boda. Yo creo que no tienen padres ni hermanos, que fueron engendrados en una probeta, porque nunca los verás en la boda de alguien a quien realmente les importen. Se caracterizan por su extremada agilidad en la captura del canapé, su capacidad de diferenciar el jamón bueno del de relleno, la rapidez con la que son capaces de pelar cualquier tipo de marisco ( yo lo reconozco, pelando gambas soy mas lento que un minardi) y la voracidad con la que se acercan a la barra libre. Lo bueno, es que a todos les llega la hora y de tanta barra libre al final siempre acaban achispados y haciendo el ridículo en la hora del baile o con el cinturón y la faja desabrochada sentados en cualquier parte del salón digeriendo con dificultad todo lo que han logrado saquear.

Porque esa es otra, ¿que sería de una boda sin su orquesta? Para que una boda sea considerada un éxito no puede faltar la presencia de varios pasodobles (¿acaso hay algo mas emocionante que bailar "Suspiros de España" con una tía lejana que se pasa todo el baile diciendote lo mucho que has crecido?) y de las 20 peores canciones del verano de todos los tiempos. La verdad es que en ese rato se pasa mal, tanto por la música como por la tensión que soportas al esperar todo el rato el crujido que se oirá cuando a algún viejo que se crea que todavía tiene 20 años intente emular sus movimientos de aquella época y se le rompa la cadera.

Pero al fin y al cabo una boda es una fiesta y si tienes un poco de suerte y buenos amigos allí al final hasta es posible que te lo pases bien y te pegues una comilona. Incluso si tienes mucha suerte puedes llegar a conocer a alguna chica que ante la perspectiva de ver a todas sus novias casadas y con algo de alcohol en el cuerpo se preste a algo mas que bailar contigo.

 
Comentario:
Te acabo de descubrir, pequenyo nicolás, y me he reído de lo lindo... tienes las mismas sensaciones que yo respecto a las bodas, y eso que, en mi caso, llevo un par de años en que sólo asisto a acompañar a mis amigas al Juzgado de lo Civil para formalizar el divorcio!

Prefiero esos momentos. Una vez firmada la sentencia, siempre acabas echándote unas copichuelas de lo más entretenidas.

Besos.
No