UNA HORA DE DESESPERACIÓN
Busqué largo rato.
Durante meses busqué.
Durante años busqué.
No encontré a quien buscaba.
Sumergida
entre los primeros pétalos de primavera
evoqué su rostro.
Desee oír sus palabras.
Me moría de dolor
por no hallarla.
Busqué otra vez.
Abrí una puerta
y eternos laberintos
se mostraron ante mí.
¿Cómo saber dónde escondía su corazón?
Como un gusano me arrastré,
por el camino directo
a mi perdición.
Anduve distraídamente,
cayendo en el olvido
dejando atrás la realidad.
En plena andadura
seguí buscándola.
Llamándola a gritos desgarradores
que mezclados con el aire
para mi eran letales.
Bebí de un río amargo
llamado abandono,
y una ilusión se asomaba
a burlarse de mis ojos.
Hora maldita en tu búsqueda
que doy por perdida
ya agotada.
Me dejaste de querer
¿Por qué empeñarme
en seguir amándola?
Durante meses busqué.
Durante años busqué.
No encontré a quien buscaba.
Sumergida
entre los primeros pétalos de primavera
evoqué su rostro.
Desee oír sus palabras.
Me moría de dolor
por no hallarla.
Busqué otra vez.
Abrí una puerta
y eternos laberintos
se mostraron ante mí.
¿Cómo saber dónde escondía su corazón?
Como un gusano me arrastré,
por el camino directo
a mi perdición.
Anduve distraídamente,
cayendo en el olvido
dejando atrás la realidad.
En plena andadura
seguí buscándola.
Llamándola a gritos desgarradores
que mezclados con el aire
para mi eran letales.
Bebí de un río amargo
llamado abandono,
y una ilusión se asomaba
a burlarse de mis ojos.
Hora maldita en tu búsqueda
que doy por perdida
ya agotada.
Me dejaste de querer
¿Por qué empeñarme
en seguir amándola?
.88.
Royendo cada instante,
simultáneamente a un desliz
y de forma parcial
voy cayendo sobre mi sombra.
Mi sangre pisoteada,
negra ya por la desidia
y tú desprecio.
Abandonado al cielo
y en línea con el horizonte,
resquebrajándose está el balcón del hotel.
Y yo,
leyendo a Borges.
Olvidándome de ti.
simultáneamente a un desliz
y de forma parcial
voy cayendo sobre mi sombra.
Mi sangre pisoteada,
negra ya por la desidia
y tú desprecio.
Abandonado al cielo
y en línea con el horizonte,
resquebrajándose está el balcón del hotel.
Y yo,
leyendo a Borges.
Olvidándome de ti.
.87.
Añora mi cuerpo
estar junto a tu pecho.
Rasgar tu inocencia
como la primera vez.
Crear nuevos sueños
y perderme en tu pelo.
Anhela amor mío,
mi beso, tu beso,
tus manos, mi rostro
ocultando tu cuello.
Y espera intranquila mi estrella
poder brillar sobre tu frente.
Volver a amarte.
estar junto a tu pecho.
Rasgar tu inocencia
como la primera vez.
Crear nuevos sueños
y perderme en tu pelo.
Anhela amor mío,
mi beso, tu beso,
tus manos, mi rostro
ocultando tu cuello.
Y espera intranquila mi estrella
poder brillar sobre tu frente.
Volver a amarte.
El Sáhara y Clas
Después de cuatro días intensos en la tierra de los desheredados y apátridas, llegó la hora de la partida. El día había pasado rápido para Sophie y a las 21.00 horas de un Domingo de Pascua le recogería la camioneta que le conduciría a través del desierto hacia el aeropuerto argelino, con destino hacia Madrid. Mientras esperaba la llegada del vehículo, la noche hizo su entrada, cayendo sobre el campamento como un manto negro plagado de luces. A su lado se encontraba su nueva amiga, quien permanecía gravemente callada. Sophie tampoco se atrevía a articular palabra .
Ella, era una mujer bella, de sonrisa siempre dispuesta y una alegría innata en la mirada. De cabello oscuro como sus ojos, de esos que cuando miran te desnudan o te taladran. Para Sophie, unos ojos hermosos y llenos de magia, que le brindaron amistad desde su llegada al campamento saharaui, y con unos labios espesos y rojos que en esos días se arquearon en dicha continua hacia ella.
Su última noche era bendecida como todas las anteriores, con una alfombra de estrellas, tan grandes y luminosas que parecían otras constelaciones diferentes a las conocidas y no como aquellas a las que a diario desde su país Sophie admiraba, minúsculas como puntas de alfiler y lejanas. Ambas se sentían afortunadas de estar en ese lugar y en ese momento juntas. Pero el tiempo transcurría imparable.
Apenas se veían el rostro ya y decidieron sentarse a esperar en un pequeño saliente de piedra que imitaba la forma de un escalón. Las bolsas de viaje abandonadas a un lado de la arenosa calle, anunciaban lo que estaba a punto de pasar y las dos mujeres volvieron la vista al frente como queriendo ver la luna brillar solo para ellas, olvidando que dentro de poco se despedirían para no volverse a ver nunca más. Una luna naranja, como la arena, invitaba a desafiar a las circunstancias hasta que el ingrato sol la eclipsara, con la nueva mañana.
Sophie siempre pecó de atrevida. Pensaba que en la vida había dos cosas que una siempre habría de hacer: Una, saber ver las oportunidades. Dos, no desaprovecharlas. Y sin faltar a sus convicciones abrigó la mano izquierda de su amiga entre las suyas y la condujo hasta su muslo derecho. Mano encerrada contra otras manos carceleras, las de Sophie. Manos que escondían entre las piernas otra mano, jugando con ella, apretándola, acariciándola, sujetándola, explorándola. No era la primera vez que Sophie sentía el calor de esas manos. Ya la noche anterior, la mujer de ojos negros y cabello recio, descubría a Sophie la espalda y se disponía a imprimir sobre ella con tinte natural, grafismos de su tierra. A Sophie no le importaba sentir la frialdad y humedad del tinte, ella estaba extasiada con esas dos manos extrañas que viajaban desde sus hombros, descendiendo por su espalda en círculos y líneas que se distanciaban y se reencontraban, garabateando símbolos que ella no podía ver, pero imaginaba. Esas manos que despertaban deseos ocultos, indecibles entre ambas. Primeramente porque no hablaban la misma lengua, y lo más terrible, era confesar esas sensaciones a una mujer que culturalmente no le eran permitidas y eran duramente reprimidas y Sophie desconocía si ella entendería lo que al tocarla sentía.
Ahora sin tabúes y en la noche de su despedida, la oscuridad era cómplice de una espontánea aventura. Breve, callada, solo dedos, solo yemas, tan solo manos y mil palabras ahogadas y miradas perdidas en ojos que no se miran. Tan solo caricias de adioses negados a pronunciar, y ni una lágrima que rompiera el hechizo de esa noche bendita, rodó por sus mejillas.
-Que se retrase el vehículo, que no parta de aquí, que ella me acompañe nuevamente a su jaima , que me embriague con té y me prepare la cama en la oscuridad de la nada. ¡Dios, que hoy no me vaya!.-
Era el pensamiento de Sophie, mientras el deseo de permanecer con su amiga aumentaba.
Desconocía si el pensamiento de ella era similar, era un mismo sentir, un mismo latir. Sophie quería adivinar que sí, puesto que el calor crecía entre ambas y el nerviosismo se apresuraba, apareciendo el sudor en las palmas.
Tanta contención era difícil de aguantar y antes de cometer ninguna locura estallaron por la boca de su amiga tristes palabras.
-No quiero que te vayas- Intentaba decirle con muchas trabas.
-Yo tampoco quiero marcharme. Sé que aquí no tengo nada, pero he sido tan feliz.- Le contestó mirándola, sin verla.
Y sus manos aún más entrelazadas se apretaron sin temores y con más ganas.
Sophie no podía más. Rogaba que aquella espera de alguna manera o de otra terminara, y que su cabeza parara y que su cuerpo se relajara, puesto que la excitación del momento le hacía presa de un atormentado deseo. Era bella su amiga. De piel canela, cálida y ojos fieros y certeros. Ojos limpios que hablaban por sí solos y en los que se veía cariño, mucho cariño, aunque esa noche estaban ciegos, empañados, entristecidos.
La hora se acercaba, la partida era inminente. Sophie quiso decir muchas cosas que quedaran en el recuerdo y en la mente de ella. Pero su boca estaba lacrada. Tan sólo sonreía apenada.
Llegó el inoportuno vehículo que forzó a tragar saliva a ambas. . Antes de que nadie se acercara a acompañarla, los músculos de su cara se tensaron, las piernas de Sophie flojearon y su alma se rompió en pedazos.
-¡ Ya está aquí ¡ ¿Cómo decirle adiós?. No lloraré-
Pensaba, mientras se incorporaba y se desataban las manos de ambas amigas a la par que se levantaban.
Se dirigió hacia sus bultos y a sus espaldas la otra mujer le observaba. Sophie no se atrevió a mirarla y antes de ir hacia la camioneta con su carga, volvió sobre sus pasos y pidiendo a Alá que le perdonara se acercó a la mujer bella, le rodeo la cara, como cuando sostienes algo preciado, valioso, para que no caiga, le acercó hacia sí y sin preocupación de quien miraba, la besó despacio, con calma, sintiendo el relieve de su boca, llenando sus carnosos labios de humedad y dejando toda su fiebre escapar de una vez, regalando a una bella mujer, madura, casada y de tez morena el mejor tesoro que para ella guardaba, su infinita gratitud y un beso de mujer enamorada.

Ella, era una mujer bella, de sonrisa siempre dispuesta y una alegría innata en la mirada. De cabello oscuro como sus ojos, de esos que cuando miran te desnudan o te taladran. Para Sophie, unos ojos hermosos y llenos de magia, que le brindaron amistad desde su llegada al campamento saharaui, y con unos labios espesos y rojos que en esos días se arquearon en dicha continua hacia ella.
Su última noche era bendecida como todas las anteriores, con una alfombra de estrellas, tan grandes y luminosas que parecían otras constelaciones diferentes a las conocidas y no como aquellas a las que a diario desde su país Sophie admiraba, minúsculas como puntas de alfiler y lejanas. Ambas se sentían afortunadas de estar en ese lugar y en ese momento juntas. Pero el tiempo transcurría imparable.
Apenas se veían el rostro ya y decidieron sentarse a esperar en un pequeño saliente de piedra que imitaba la forma de un escalón. Las bolsas de viaje abandonadas a un lado de la arenosa calle, anunciaban lo que estaba a punto de pasar y las dos mujeres volvieron la vista al frente como queriendo ver la luna brillar solo para ellas, olvidando que dentro de poco se despedirían para no volverse a ver nunca más. Una luna naranja, como la arena, invitaba a desafiar a las circunstancias hasta que el ingrato sol la eclipsara, con la nueva mañana.
Sophie siempre pecó de atrevida. Pensaba que en la vida había dos cosas que una siempre habría de hacer: Una, saber ver las oportunidades. Dos, no desaprovecharlas. Y sin faltar a sus convicciones abrigó la mano izquierda de su amiga entre las suyas y la condujo hasta su muslo derecho. Mano encerrada contra otras manos carceleras, las de Sophie. Manos que escondían entre las piernas otra mano, jugando con ella, apretándola, acariciándola, sujetándola, explorándola. No era la primera vez que Sophie sentía el calor de esas manos. Ya la noche anterior, la mujer de ojos negros y cabello recio, descubría a Sophie la espalda y se disponía a imprimir sobre ella con tinte natural, grafismos de su tierra. A Sophie no le importaba sentir la frialdad y humedad del tinte, ella estaba extasiada con esas dos manos extrañas que viajaban desde sus hombros, descendiendo por su espalda en círculos y líneas que se distanciaban y se reencontraban, garabateando símbolos que ella no podía ver, pero imaginaba. Esas manos que despertaban deseos ocultos, indecibles entre ambas. Primeramente porque no hablaban la misma lengua, y lo más terrible, era confesar esas sensaciones a una mujer que culturalmente no le eran permitidas y eran duramente reprimidas y Sophie desconocía si ella entendería lo que al tocarla sentía.
Ahora sin tabúes y en la noche de su despedida, la oscuridad era cómplice de una espontánea aventura. Breve, callada, solo dedos, solo yemas, tan solo manos y mil palabras ahogadas y miradas perdidas en ojos que no se miran. Tan solo caricias de adioses negados a pronunciar, y ni una lágrima que rompiera el hechizo de esa noche bendita, rodó por sus mejillas.
-Que se retrase el vehículo, que no parta de aquí, que ella me acompañe nuevamente a su jaima , que me embriague con té y me prepare la cama en la oscuridad de la nada. ¡Dios, que hoy no me vaya!.-
Era el pensamiento de Sophie, mientras el deseo de permanecer con su amiga aumentaba.
Desconocía si el pensamiento de ella era similar, era un mismo sentir, un mismo latir. Sophie quería adivinar que sí, puesto que el calor crecía entre ambas y el nerviosismo se apresuraba, apareciendo el sudor en las palmas.
Tanta contención era difícil de aguantar y antes de cometer ninguna locura estallaron por la boca de su amiga tristes palabras.
-No quiero que te vayas- Intentaba decirle con muchas trabas.
-Yo tampoco quiero marcharme. Sé que aquí no tengo nada, pero he sido tan feliz.- Le contestó mirándola, sin verla.
Y sus manos aún más entrelazadas se apretaron sin temores y con más ganas.
Sophie no podía más. Rogaba que aquella espera de alguna manera o de otra terminara, y que su cabeza parara y que su cuerpo se relajara, puesto que la excitación del momento le hacía presa de un atormentado deseo. Era bella su amiga. De piel canela, cálida y ojos fieros y certeros. Ojos limpios que hablaban por sí solos y en los que se veía cariño, mucho cariño, aunque esa noche estaban ciegos, empañados, entristecidos.
La hora se acercaba, la partida era inminente. Sophie quiso decir muchas cosas que quedaran en el recuerdo y en la mente de ella. Pero su boca estaba lacrada. Tan sólo sonreía apenada.
Llegó el inoportuno vehículo que forzó a tragar saliva a ambas. . Antes de que nadie se acercara a acompañarla, los músculos de su cara se tensaron, las piernas de Sophie flojearon y su alma se rompió en pedazos.
-¡ Ya está aquí ¡ ¿Cómo decirle adiós?. No lloraré-
Pensaba, mientras se incorporaba y se desataban las manos de ambas amigas a la par que se levantaban.
Se dirigió hacia sus bultos y a sus espaldas la otra mujer le observaba. Sophie no se atrevió a mirarla y antes de ir hacia la camioneta con su carga, volvió sobre sus pasos y pidiendo a Alá que le perdonara se acercó a la mujer bella, le rodeo la cara, como cuando sostienes algo preciado, valioso, para que no caiga, le acercó hacia sí y sin preocupación de quien miraba, la besó despacio, con calma, sintiendo el relieve de su boca, llenando sus carnosos labios de humedad y dejando toda su fiebre escapar de una vez, regalando a una bella mujer, madura, casada y de tez morena el mejor tesoro que para ella guardaba, su infinita gratitud y un beso de mujer enamorada.

. III .
¿Cuánto pesa una caricia?
¿Qué profundidad tiene un desgarro?
La sal de tus lágrimas,
¿dónde va cuando resbalan por tu cara?
Mis abrazos, ¿tienen dimensión?
Y tus besos, ¿ tienen forma?.
¿Cómo sé, cuándo me amas?
¿Existe un calibre preciso para
asegurar todas esas medidas?
¿Cánones perfectos, ideales,
que acoten racionalmente
lo que dices sentir por mí.?
¡Ay, mi vida, que me pregunten a mí!
Amarte es morir,
dejando al corazón sin sustento
y a la mente sin pensamiento.
Amarte, es verdear en primavera
como el almendro .
Darle luz cada mañana
a mi pedazo de suelo.
Amarte, es parir sin dolor
nuevas ideas y sueños.
No medir los esfuerzos
y afrontar con mi risa mil entuertos.
Amarte, es tan sencillo,
como caer a tu lado
y sin pautas ni patrones
desnudarnos y anudarnos.
a ism
¿Qué profundidad tiene un desgarro?
La sal de tus lágrimas,
¿dónde va cuando resbalan por tu cara?
Mis abrazos, ¿tienen dimensión?
Y tus besos, ¿ tienen forma?.
¿Cómo sé, cuándo me amas?
¿Existe un calibre preciso para
asegurar todas esas medidas?
¿Cánones perfectos, ideales,
que acoten racionalmente
lo que dices sentir por mí.?
¡Ay, mi vida, que me pregunten a mí!
Amarte es morir,
dejando al corazón sin sustento
y a la mente sin pensamiento.
Amarte, es verdear en primavera
como el almendro .
Darle luz cada mañana
a mi pedazo de suelo.
Amarte, es parir sin dolor
nuevas ideas y sueños.
No medir los esfuerzos
y afrontar con mi risa mil entuertos.
Amarte, es tan sencillo,
como caer a tu lado
y sin pautas ni patrones
desnudarnos y anudarnos.
a ism
PISTOLEROS SIN CABALLO NI SOMBRERO
Si algo me gustaban de los westerns cuando era niña, además del Séptimo de Caballería; esos soldados tan de azul y amarillo, con ese uniforme tan elegante de botones dorados y el impresionante sombrero de ala, eran por supuesto, los Pieles Rojas. No menos exóticos en su vestir, con tanta pluma de águila y colgantes de diente de oso, exhibiendo cabelleras en su cintura como si de perdices se tratara . Contradictorio,
¿verdad?, porque, o estás de una parte o de otra. Ya alguien famoso dijo hace 2006 años: “puesto que no eres ni frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”, fue Cristo.
¡Qué bien nos sabían vender la moto con esos filmes!, siempre creí que el malo era Jerónimo, y la historia, cuando una se preocupa de saber un poco más, te descubre tanta mentira... ¿Quiénes fueron los verdaderos americanos?. ¿ Los rojos o los blancos?. Unos luchaban por lo suyo y el resto se ocupaba de arrebatarles lo que se creían en derecho de poseer.
En nuestra querida España, Hispania, para las románticas , ¿qué está ocurriendo?.
Ahora la tierra de todos empieza a tener terratenientes y lo más inexplicable es que unos pocos quieren hacerse con el rancho a base de tiros injustificados y muertes sin sentido. El Gran Jefe, ha de negociar con los de la chapela. Con esos que quieren parte de nuestra tierra e intentan comprarla con mala voluntad a base de sangre y luto. ¿Se ha de considerar siquiera su oferta?¿Qué palabras nuevas inventarán, para que el Gran Jefe olvide tanta tierra sagrada ensangrentada?.¿Su sentir es tan diferente del nuestro ?, debe serlo, dicen que no somos un mismo pueblo. ¿Sus tradiciones, acontecimientos, nos son tan ajenos? .Y aún así, si al menos dejaran de ser pistoleros y llenar de cenizas los cementerios, tanto hedor se disiparía y conoceríamos su aliento, su voz, su razón y sus sueños. Porque la tierra no ha de tener precio, ni los pueblos estar a subasta, ni sus gentes al devenir del deseo de una minoría irracional. ¿Venderá el Gran Jefe nuestros mares, nuestros ríos y montañas por razones políticas e injustas?.
Estos pistoleros sin caballo ni sombrero, que se ajustan a la ley del más fuerte y no respetan la estrella de cinco puntas, universal y justa, pretenden cabalgar a pelo como salvajes por las veredas del derecho. Quieren su propio cielo, su propia mar, que el verde del valle les pertenezca, que sin haber fronteras se denominan ya como País. ¿Y qué he de decir yo al Gran Jefe acerca de esa compraventa?: Cuidado con los sueños de los chapelas, cuidado con arrendar nuestra tierra a miserables que no atienden a pensamientos de unidad sino de superioridad, cuidado con los ases de la manga, el doble chaleco y el polvorín siempre oculto a nuestras miradas pero tan evidente como una bala. Quisiera pensar que el Gran Jefe reconoce que es aquel un pueblo distinto, con alma y que se merecen volar y hacer nidos de águila pero compartiendo la cima de la montaña con el resto de los habitantes de Hispania.
¿verdad?, porque, o estás de una parte o de otra. Ya alguien famoso dijo hace 2006 años: “puesto que no eres ni frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”, fue Cristo.
¡Qué bien nos sabían vender la moto con esos filmes!, siempre creí que el malo era Jerónimo, y la historia, cuando una se preocupa de saber un poco más, te descubre tanta mentira... ¿Quiénes fueron los verdaderos americanos?. ¿ Los rojos o los blancos?. Unos luchaban por lo suyo y el resto se ocupaba de arrebatarles lo que se creían en derecho de poseer.
En nuestra querida España, Hispania, para las románticas , ¿qué está ocurriendo?.
Ahora la tierra de todos empieza a tener terratenientes y lo más inexplicable es que unos pocos quieren hacerse con el rancho a base de tiros injustificados y muertes sin sentido. El Gran Jefe, ha de negociar con los de la chapela. Con esos que quieren parte de nuestra tierra e intentan comprarla con mala voluntad a base de sangre y luto. ¿Se ha de considerar siquiera su oferta?¿Qué palabras nuevas inventarán, para que el Gran Jefe olvide tanta tierra sagrada ensangrentada?.¿Su sentir es tan diferente del nuestro ?, debe serlo, dicen que no somos un mismo pueblo. ¿Sus tradiciones, acontecimientos, nos son tan ajenos? .Y aún así, si al menos dejaran de ser pistoleros y llenar de cenizas los cementerios, tanto hedor se disiparía y conoceríamos su aliento, su voz, su razón y sus sueños. Porque la tierra no ha de tener precio, ni los pueblos estar a subasta, ni sus gentes al devenir del deseo de una minoría irracional. ¿Venderá el Gran Jefe nuestros mares, nuestros ríos y montañas por razones políticas e injustas?.
Estos pistoleros sin caballo ni sombrero, que se ajustan a la ley del más fuerte y no respetan la estrella de cinco puntas, universal y justa, pretenden cabalgar a pelo como salvajes por las veredas del derecho. Quieren su propio cielo, su propia mar, que el verde del valle les pertenezca, que sin haber fronteras se denominan ya como País. ¿Y qué he de decir yo al Gran Jefe acerca de esa compraventa?: Cuidado con los sueños de los chapelas, cuidado con arrendar nuestra tierra a miserables que no atienden a pensamientos de unidad sino de superioridad, cuidado con los ases de la manga, el doble chaleco y el polvorín siempre oculto a nuestras miradas pero tan evidente como una bala. Quisiera pensar que el Gran Jefe reconoce que es aquel un pueblo distinto, con alma y que se merecen volar y hacer nidos de águila pero compartiendo la cima de la montaña con el resto de los habitantes de Hispania.
DESCONOCIDAS
Desconocidas en una acera que atraviesa una calle angosta, donde la sombra de las paredes recrean la vista de los turistas. Casas encaladas que me despistan de tu palabra y que se cuelan en mi pupila sin yo advertirlo. No me hablas y te escucho, puesto que mis ojos ya te habían leído. Eres una desconocida y sin embargo sabrías comprarme un libro, regalarme el oído y programarme una tarde de sábado o de martes.
Me crucé en tu camino a la par que sorteaba al resto de viandantes, perdidos, inquietos, irreales a mí. Te vi y te busqué y me crucé contigo y te elegí y me elegiste para soñar, para creer, para vivir, no sé si para amar. Nos elegimos para crecer. Y sin haber destino, nos inventamos uno para continuar un mismo camino.
Me crucé en tu camino a la par que sorteaba al resto de viandantes, perdidos, inquietos, irreales a mí. Te vi y te busqué y me crucé contigo y te elegí y me elegiste para soñar, para creer, para vivir, no sé si para amar. Nos elegimos para crecer. Y sin haber destino, nos inventamos uno para continuar un mismo camino.
MUJERES SUICIDAS
Mujeres de ayer, de hoy y del mañana. Aventureras, sufridas, suicidas, apasionadas, atormentadas, fatales, enamoradas, desengañadas, maltratadas, alocadas. Mujeres que apuestan por el futuro y van cavando con paciencia la trinchera del intercambio. Esos papeles que empiezan a entremezclarse y a confundirse con los de ellos, aquellos que sólo fueron de ellas. Mujeres que dejan el corazón cuando aman. A gusto y a disgusto se someten a las garras confabuladoras de la pasión, de los besos y las palabras. Ya no les quedan lágrimas, las derramaron en pechos ajenos. Ahora resurgen desde la ansiedad y la esquizofrenia ,más fuertes que nunca y dispuestas a morir en el intento. Se acabaron los ensayos y están muy preparadas tanto para la guerra como para la paz, su bandera.
Mujeres suicidas, muertas en vida, porque la vida mata y consume lentamente, invernando sentimientos, realidades, puesto que éstas ya no creen lo que ven sus ojos, ni oyen sus oídos. Mujeres valientes que se desenvuelven cada mañana en una maraña de obstáculos, total, mientras dan un paso, otros las empujan cuatro atrás. Y sin embargo no dejarán de luchar.
Mujeres suicidas, muertas en vida, porque la vida mata y consume lentamente, invernando sentimientos, realidades, puesto que éstas ya no creen lo que ven sus ojos, ni oyen sus oídos. Mujeres valientes que se desenvuelven cada mañana en una maraña de obstáculos, total, mientras dan un paso, otros las empujan cuatro atrás. Y sin embargo no dejarán de luchar.
Fragilidad
¿Quién no se ha sentido frágil alguna vez?. Frágil, vulnerable, rompible. Sí, rompible. Las personas también nos rompemos. A veces, yo estoy rota por ti y por ti también, aunque apenas me conozcas y tampoco te conozca yo a ti. Rota, porque me duele lo tuyo sintiéndolo mío. A veces todo nos hiere, hasta la brisa más ligera. Una brizna de hierba nos puede arañar, un gesto mal interpretado, matar. Me rompo, cuando nadie cuida a nadie. Me rompo, cuando la locura toma el asiento central de mi mesa y gobierna sin orden ni concierto mis actividades diarias. Me rompo, cuando no te entiendo y tengo que morir a mí y dejar de ser yo para que continúes conmigo. Me rompo, cuando hieren a los animales, cuando la persona deja de ser persona y ser humano para convertirse en esa especie primigenia que no razonaba y que solo su instinto guiaba. Me rompo con facilidad porque la esperanza está camuflada de buenas intenciones. Más ¿eso es la fragilidad?.
EN TU HUMEDAD
Sigo aún despierta en tu humedad.
Entre burbujas, frío y calor
me desperezo.
No me olvido de tu risa,
ni de tus manos
que se han grabado entre mis piernas.
Nunca más el pozo de nadie.
Tú, mi samaritana.
Yo, quien te salve.
Fuera pruebas que nos delaten
del arrebato y la locura
de este Jueves.
La carne, el vino,
mi embriaguez, tu piso.
La cama, nuestro destino.
Sigo aún despierta en tu humedad.
Y no me resigno a seguir sola
sin tus latidos.
A M.S.I

Entre burbujas, frío y calor
me desperezo.
No me olvido de tu risa,
ni de tus manos
que se han grabado entre mis piernas.
Nunca más el pozo de nadie.
Tú, mi samaritana.
Yo, quien te salve.
Fuera pruebas que nos delaten
del arrebato y la locura
de este Jueves.
La carne, el vino,
mi embriaguez, tu piso.
La cama, nuestro destino.
Sigo aún despierta en tu humedad.
Y no me resigno a seguir sola
sin tus latidos.
A M.S.I

AMOR NO CORRESPONDIDO
Nunca te preguntaste
del por qué de mi tristeza.
Sólo Dios sabe
que es por ti
mi llanto y mi pena.
En la intranquilidad de la noche
anhelo tus labios
y sólo el frío me besa.
Mi mente aturdida
está por tu nombre.
No sé que hacer
para no enamorarme
ni embaucarme en amores.
Tantas veces deshojé mi corazón
que en mis libros
sólo rastros de amor hallo.
No te diré adiós.
Y así seguiré viéndote
a través del cristal.
Enamorada
de quien no se merece nada.
.
Sólo te pediré cada día
un trocito de alegría
para un alma atormentada.
del por qué de mi tristeza.
Sólo Dios sabe
que es por ti
mi llanto y mi pena.
En la intranquilidad de la noche
anhelo tus labios
y sólo el frío me besa.
Mi mente aturdida
está por tu nombre.
No sé que hacer
para no enamorarme
ni embaucarme en amores.
Tantas veces deshojé mi corazón
que en mis libros
sólo rastros de amor hallo.
No te diré adiós.
Y así seguiré viéndote
a través del cristal.
Enamorada
de quien no se merece nada.
.
Sólo te pediré cada día
un trocito de alegría
para un alma atormentada.
SIGUE LA MALA RACHA
- ¿No te ocurre a veces que vas caminando sin saber hacia dónde te diriges?. O, ¿que te encuentras dentro de un túnel del cual no adivinas a ver la salida y la única alternativa que te queda es seguir hacia delante, no parar, ni mirar hacia tras, pase lo que pase, y continuar con la incertidumbre de si el final esperado será lo mejor para ti?.
¡Qué asco de hormonas!. Me afecta tanto ser mujer como a los lobos la luna llena. Ya no me quedan cajones donde esconderme, ni lagrimas que derramar. Me escuece el pecho de suspirar y la cabeza me duele a causa de los cotidianos problemas, que hoy pesan más que nunca. ¡Joder, que ganas de reír tengo!!Antes con ella no paraba!. Antes...
Me encuentro nerviosa, tanto que me tiemblan las manos, no sé donde meterlas y no hay una puta alma, ajena a mi vida que pueda darme un empujón para salir de esta mierda. Tengo que escribir aquí para que ella no lo lea y es tan jodido no ser capaz de estar por encima de esta situación tan ridícula, que me avergüenzo de mí misma.
Tengo un espíritu fuerte, pero una autoestima tan débil, que tantos combates ya me desarman y me agotan. No sé por cual de ellos apostar. Mi espíritu me come viva, el amor que me tengo es tan nulo que me mato a mí misma. No me preguntes por qué, no sé qué coño ocurre en mi cabeza. Tendría que ser todo perfecto y soy tan humana que doy pena. En cierta época de mi vida escribí las memorias de un pesimista. ¡Jajaja!. Qué jilipollas. ¿Pesimistas?. ¿Qué es eso?. ¿Verlo todo negro?. En el fondo, pero en el fondo muy hondo, ¡hay que joderse!, hasta tengo fe, a veces.
¡Qué asco de hormonas!. Me afecta tanto ser mujer como a los lobos la luna llena. Ya no me quedan cajones donde esconderme, ni lagrimas que derramar. Me escuece el pecho de suspirar y la cabeza me duele a causa de los cotidianos problemas, que hoy pesan más que nunca. ¡Joder, que ganas de reír tengo!!Antes con ella no paraba!. Antes...
Me encuentro nerviosa, tanto que me tiemblan las manos, no sé donde meterlas y no hay una puta alma, ajena a mi vida que pueda darme un empujón para salir de esta mierda. Tengo que escribir aquí para que ella no lo lea y es tan jodido no ser capaz de estar por encima de esta situación tan ridícula, que me avergüenzo de mí misma.
Tengo un espíritu fuerte, pero una autoestima tan débil, que tantos combates ya me desarman y me agotan. No sé por cual de ellos apostar. Mi espíritu me come viva, el amor que me tengo es tan nulo que me mato a mí misma. No me preguntes por qué, no sé qué coño ocurre en mi cabeza. Tendría que ser todo perfecto y soy tan humana que doy pena. En cierta época de mi vida escribí las memorias de un pesimista. ¡Jajaja!. Qué jilipollas. ¿Pesimistas?. ¿Qué es eso?. ¿Verlo todo negro?. En el fondo, pero en el fondo muy hondo, ¡hay que joderse!, hasta tengo fe, a veces.
UN DÍA CUALQUIERA
-¿Cuántas veces he muerto en lo que llevo de año Lucía?-
-¡Joder Sofía, qué dramática te pones!-
- No, hermana, no dramatizo. Sigo viva, pero he muerto en cada lágrima que he derramado pensando en su ausencia, pensando en lo que he dejado yo en su alma. No tengo apenas ojos que sepan mirarla con esa inocencia de la primera vez. He muerto una noche tras otra, en silencio, sola. Asesinada. Siendo yo, mi propia asesina, su justiciera, su vengadora. He deshecho una y otra y otra, hasta no tener, mi corazón con palabras. Palabras que nunca llegarán a sus oídos, pues no me atrevo a pronunciarlas. Son palabras asesinas, que despersonalizan y matan, palabras no-humanas.-
Lucía se acerca a su hermana y como en otras ocasiones le rodea con sus brazos y le acaricia la cabeza. Derrama esa ternura que Sofía solo encuentra, en quien la quiere sin juicios, ni verdades, ni mentiras. Así, porque no hay nada que explicarle a ella. Es su hermana y se siente amada. Se deja consolar, mientras le oye murmurar bajito:
-El dolor que hoy sientes será la dicha que te llene el mañana. No sufras Sofía. La amaste y sin tu saberlo la amas todavía-
Sofía rompe a llorar. Lucía siempre ha sido más fuerte que ella, más racional y lógica. Más práctica. Sabe que ella tiene razón, pero existen esos momentos en que ni morirse es suficiente para mitigar las heridas del alma, mas aún si las que sangran no son las de una misma sino las de la persona que ha sido amada.
-¡Joder Sofía, qué dramática te pones!-
- No, hermana, no dramatizo. Sigo viva, pero he muerto en cada lágrima que he derramado pensando en su ausencia, pensando en lo que he dejado yo en su alma. No tengo apenas ojos que sepan mirarla con esa inocencia de la primera vez. He muerto una noche tras otra, en silencio, sola. Asesinada. Siendo yo, mi propia asesina, su justiciera, su vengadora. He deshecho una y otra y otra, hasta no tener, mi corazón con palabras. Palabras que nunca llegarán a sus oídos, pues no me atrevo a pronunciarlas. Son palabras asesinas, que despersonalizan y matan, palabras no-humanas.-
Lucía se acerca a su hermana y como en otras ocasiones le rodea con sus brazos y le acaricia la cabeza. Derrama esa ternura que Sofía solo encuentra, en quien la quiere sin juicios, ni verdades, ni mentiras. Así, porque no hay nada que explicarle a ella. Es su hermana y se siente amada. Se deja consolar, mientras le oye murmurar bajito:
-El dolor que hoy sientes será la dicha que te llene el mañana. No sufras Sofía. La amaste y sin tu saberlo la amas todavía-
Sofía rompe a llorar. Lucía siempre ha sido más fuerte que ella, más racional y lógica. Más práctica. Sabe que ella tiene razón, pero existen esos momentos en que ni morirse es suficiente para mitigar las heridas del alma, mas aún si las que sangran no son las de una misma sino las de la persona que ha sido amada.





