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Acerca de
Siempre en guardia.....vivir por ti y para ti.
 
EL DÍA PARA SENTIRTE ORGULLOSA


“Año 1969, el 28 de junio la policía neoyorkina irrumpe de forma violenta en un bar de ambiente muy conocido, el Stone Wall, agentes y clientela se enzarzan en un enfrentamiento que dura tres días, nace el “gay power”, el Orgullo Gay.
En 1985, durante una conferencia internacional de coordinadores de asociaciones gays, se decidió elegir el día de los acontecimientos de Stone Wall de 1969 como el Día del Orgullo Gay. El Día Internacional del Orgullo GLTB (gay, lesbiana, transexual y bisexual), también conocido como Día del Orgullo Gay o simplemente Orgullo Gay (en inglés, gay pride) es una serie de eventos que cada año los colectivos homosexuales celebran de forma pública para instar por la tolerancia y la igualdad de los homosexuales (y lesbianas), bisexuales y transexuales.
La noción básica del « orgullo gay » consiste en que ninguna persona debe avergonzarse de lo que es, cualquiera sea su sexo u orientación sexual. El término escogido (“orgullo”), tiene probablemente más sentido, desde un punto de vista filológico, en inglés que en español. En efecto, la idea que parece transmitir este concepto es más bien la de una dignidad intrínseca de cada ser humano, que no debe verse afectada por su conducta ni orientación sexuales. En tal sentido, la traducción más correcta debería ser dignidad gay.”
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Dignidad, orgullo. Somos personas, ¿por qué ese afán de querer parecer diferentes?.Uno y una, tiene que sentirse orgulloso y orgullosa de ser persona en todos los sentidos, porque ser humano no equivale a ser persona.
La personalidad que forjamos como consecuencia de las circunstancias que nos devienen, no habría de verse amenaza por una mayoría intolerante y mal-educada.
!Cuánto miedo!. Miedo a perder libertades, derechos; porque aún en los tiempos que corren, los y las que amamos abiertamente, sentimos temor a que nuestra lucha por conseguir un buen empleo, una posición, un hueco y sitio en esta sociedad, se vea convertida en una derrota por asuntos de alcoba. A la gente parece importarle mucho con quien se acuesta el prójimo. La morbosidad está servida cuando dos mujeres se funden en un beso o dos muchachos se abrazan sin pudor. Mis homólogos han creado un día para que yo me sienta orgullosa de follar con quien me da la gana, en este caso es de adivinar con que sexo prefiero.
Gracias pero no lo necesitaba. Mi orgullo los exhibo ante quien trata de avergonzarme y de humillarme por sentir, por vivir, por pensar como lo hago.
Gracias de todos modos, ya que sí, existen otras personas que necesitan verse reconocidos, apoyados, respaldados por una multitud aunque sea una vez al año.
 
AL DESPERTAR
Cuando despiertes y metas tus dedos entre los cabellos de tu cabeza y estires tus miembros y replegados tus ojos se vayan abriendo a la luz matutina.
Cuando saltes de tu colchón y con los pies aún dormidos te tambalees en el suelo y tus piernas te mantengan unida a la tierra y al cielo.
Cuando tu boca te recuerde que la noche ha sido bien aprovechada o por el contrario se muestre rezagada y no pueda pronunciar ninguna palabra.
Cuando tu cuerpo te pida desechar en su eterno ritual las energías gastadas en elaborar tus nocturnas fantasías.
Cuando ya algo más viva, recorras la estancia en busca de alimento para saludar al nuevo día.
Cuando tu cara se refresque con el don más preciado y te perfumes con las esencias marinas antes de empezar tu rutina.
Cuando te mires al espejo y te sonrías porque tu rostro es más joven de lo que te parecía al mostrarte los frutos del sueño ya olvidado.
Cuando dispuesta de lo mejor de ti, salgas a la calle a enfrentarte con los demonios de la vida.
Acuérdate de mí, que sin dormir te soñaba, sin despertar te veía.
Acuérdate de mí que escondida en un resquicio de tu mente ya preparaba tu salida.
Simplemente, acuérdate de quien nunca te olvida.
 
POR SER TU
Sigo mi camino hacia el horizonte. Un horizonte que se presenta opaco. Aguantando la situación, intento ver el final del camino. Por ser tú, quien impulsa mis pasos, por ser tú, quien ata los cordones de mis zapatos, me mantengo en ruta sin saber si voy hacia el destino elegido. Porque la elección no tiene vuelta atrás. Sigo arrodillándome, mirando tímidamente, como perdida, la senda y su lejanía. De rodillas, pero sin tragar el polvo ni tropezar con los cantos que me obstaculizan la marcha, voy restando metros, sepultando las huellas en el terreno. Por ser tú, quien me enseñó otra vida. ¿Por qué te has ido?. Antes, no menos ingenua pero más llena de emoción y fuerza, sabía dar pasos seguros sin mirar alrededor ni buscar falsos apoyos que hoy sólo me hacen volver la vista atrás.
Por ser tú quien confía, yo me mantengo de rodillas, sí, de rodillas, cuando tú me haces pensar y de pie con la cara alta cuando mis ojos brillan y se liberan de tanto frío, de tanta soledad y de tanto ruido.
Si me espera un horizonte gris, que sepas que nada más alcanzar a tocar la línea con mi puño, en rojo ser convertirá, en rojo de sangre, de fuego, de amanecer, de resurgir. ¡Qué se cansaron mis piernas de andar por andar!, ¡qué si llego aunque sea tarde, no hace falta que te quedes a esperar!, después de tan largo camino y de tanta soledad, ¿crees que entonces te podré necesitar?.
 
En la oscuridad
Veo de reojo como duermes. La luz de la luna se filtra por la persiana. La suficiente como para ver de perfil tu silueta. Te cuesta respirar. ¿Qué soñarás?.
Anoche mis labios quedaron desiertos, mi bien. Eran ruta nocturna sin explorar, ardientes por la fiebre, fríos y secos por tu abandono.
Te mueves. Yo no me canso de observarte y pienso en el lago aquel, que me cubrió de frescura hace ya cien lunas de Julio, mientras tú deambulabas por caminos de soledad. El agua, la noche, mi cuerpo y sin nadie. Grillos, búhos y chicharras. Seres secundarios eran los que acompañaban mi deseo de ser asaltada por brazos amorosos y lujuriosos. Brazos de mujer que me recordarían como se habría de abrazar y boca inexperta con la que aprender a besar.
Me giro hacia la luz, mi bien y dejo que mueras en tu paz. Yo me abro camino por el recuerdo a otros lugares, donde ni una sola noche conocía descanso mi cuerpo. La tortura del deseo le arrinconaba en más de una habitación y se desplegaba en cien vidas paralelas mientras se retorcía en otra clase de dolor.
Estudié cerca del agua. Amé siempre llena de humedad. Conquisté entre azules y verdes. Crecí en la pasión con maestras del tacto y el olor.
Anoche me visitó el recuerdo y saliendo de mí, eché un vistazo a lo que era. Me veía fértil, fuerte y frívola, añorando mis fetiches y adorando a un falso dios. !Bendito sexo que naces desde el seso y te abocas hacia mis pestañas, acoplándote en mi cintura y en mis nalgas!. !Bendita juventud, tú nunca estás de vuelta! Más regálame noches como aquellas.
 
Lucía es mi hermana. Y tú Lucía, una desconocida.
Me esfuerzo en superar tantas incorrecciones interiorizadas. Son como lacras, lastre pesado que como mujer tengo soldado en el coco. Sin ánimo de molestar ni de crear en nadie compromisos que no hayan adquirido por voluntad propia; la puta verdad es que ¿a quién no le agrada que lean sus pensamientos?. Ya no con afán de alimentar el ego, puesto que una se basta solita para alimentar a esta alimaña. Más bien porque comunicar lo que una lleva dentro a veces es complicado y llevado a malas interpretaciones cuando no se tiene elocuencia en el habla.
A ti, Lucía, mi hermana, que me produces emoción tan sólo con pronunciar tu nombre. ¿Recuerdas las noches de verano?. Eras una pequeñaja de 4 años y a mí se me caía la baba sólo con verte. ¿Recuerdas?, ¿cómo te mostraba las estrellas?.Inventándome sus nombres te las señalaba con un dedo y te decía, ¿Ves esa roja?. Esa, esa. Y tú, tan niña, contestabas. ¡Sí, sí!. Desconozco si la verías, lo importante es que cada vez que miras al cielo, te acuerdas de mí.
Hermana. Tú no sabes que escribo y desconoces cuánto te admiro. Que me pareces preciosa y que aunque no hablemos demasiado tampoco ha hecho falta para que respetaras mi forma de vida, mi forma de sentir y aunque sin saber si comprendes sé que puedo contar contigo.
A ti, Lucía, esa desconocida. Porque apenas he mirado alguna fotografía tuya, ni me he molestado en leer a tus adeptos en todos esos elogios que se marcan. Sólo leí una reseña en un periódico. Sólo una reseña y me pareció que tenías muchas cosas que decir y que era necesario que alguien, para variar , las dijera abiertamente, sin miedos y sin filtros.
La realidad la conoce quien está en la calle. Las ideas deben servirnos para saber leer entre líneas lo que tratan de decirnos. Me pareció ver que dices lo que sientes.
A ti, Lucía. Que amas el sexo que yo amo. Al menos eso se dicen por ahí. Fui a ti buscando a una lectora no a una profesional. Tengo 38 años. No he dejado de aprender ni de preguntar. A veces los que más se creen que saben, son los más ignorantes. La vida enseña, la calle enseña, la gente enseña. Dime lo que quieras, seguro que algo aprenderé de ti. Y si no, tampoco importa.
 
YENDO A TU ENCUENTRO
Corrí por todo el aeropuerto, llegaba con la hora justa. El maldito tráfico me había entretenido en la autopista y para colmo había atasco en la zona de salidas de la Terminal 4.
Me lancé a la aventura de conocerla, sabiendo que estaría pendiente de verme aparecer de un momento a otro. La imaginaba mirando el reloj e impaciente, diciéndose a sí misma.
– Vamos, vamos, ¿es que no vas a venir?-
Dejé mi coche en el parking y corrí hacia el tren eléctrico. Las distancias se hacían más que nunca interminables y el tiempo escaso. La gente colmaba los pasillos. Era Julio, estábamos a fin de mes y los puestos de facturación se venían abajo de turistas y locales que emigraban de este calor veraniego a paradisíacos lugares.
Eran apenas cuatro minutos de trayecto hasta llegar al edificio del Satélite. Allí en una de sus salas estaría. - ¡Dios, sólo la he visto en una fotografía!. ¿La reconoceré?. ¿Me reconocerá?. -.
Alcancé los ascensores que subían hacia las puertas de embarque y ya desconocía el lugar de mi corazón. No sabía donde se encontraba, puesto que hacía tiempo ,desde que salí de casa, que se puso como un loco a latir y no supe si estaba en la boca o en el estómago.
-Me dijo que embarcaría por la puerta R-. Creí recordar. Me paré por un instante, cogí aire. Miré el reloj, aún había tiempo. Mas pausadamente y con las tarjetas de la compañía colgadas al cuello, entré por el control de “sólo personal autorizado”. Entre la gente que miraba los escaparates de las tiendas y los críos que corrían disfrutando de la luz que se filtraba por los pequeños tragaluces del tejado, mis ojos empezaron a buscarla. No sabia muy bien que haría cuando la viese. No me dijo el último día que hablamos, cómo iba a ir vestida.
!Qué más da!, era imposible que el azul de esos ojos pudiera confundirlos con otros.
Ignoraba como estaría, si nerviosa o desilusionada, puesto que la hora de embarcar ya estaba cerca y aún no había hecho yo, acto de presencia.
Mientras, yo pasaba de sala en sala. Me puse las gafas de sol y seguía buscándola entre la gente. Miraba y miraba. De pronto una chiquilla tropezó conmigo, jugaba distraídamente con su hermano. Le sujeté para que no cayera, le sonreí y al levantar la vista, no pude creerlo; estaba a diez metros de mí. Oí su voz como recriminaba a la pequeña un poco más de cuidado . En ese momento en el que me incorporé sujetando el brazo de la niña, vi como su rostro cambió de expresión, sorprendida. Yo dejando a la pequeña a un lado me quité las gafas para verla mejor y para que ella terminara de confirmar que su visión, era yo. Mi pelo le había dado pistas, pero no terminaba de creerlo. Asomé mis pupilas finalmente, dejando descansar las gafas sobre mi cabeza, recogiéndome el pelo y despejando así mi cara para que se recreara mirándome. Yo no pude moverme, ella también permaneció inmóvil. Mi corazón se quedó parado porque no sentía nada, no veía nada, solo su rostro. Rápidamente recordé que no estaba sola y que nadie sabía lo nuestro.
Al conocer el aeropuerto ; yo sabía donde poder vernos sin que sospecharan por un momento de su ausencia. Le taladré con los ojos haciéndole unas discretas señas, invitándola a que me siguiera. La observé disimulando y vi como ganando la confianza en ella, comenzó a caminar hacia mi encuentro. Yo mantuve la distancia, iba delante, llevaba una pequeña mochila a la espalda, parecía una pasajera mas.
La nueva terminal era enorme y amplia, tenía mil estancias para pasar las horas de espera. Las suyas, que se le habían hecho eternas esperando este ansiado momento. Torcí a la derecha y había una cafetería y una galería de tiendas. Volví la vista atrás y le vi sonreír. No quería alargar la angustia y me paré enfrente de un escaparate. Llegó a mi altura, se situó detrás y me susurró.
– Llegas tarde, creí que no te vería-
Me volví, los ojos se me llenaron de luz, los suyos estaban radiantes y no esperé más. Le abracé fuerte, muy fuerte, creí que iba a estrujarla, tan menuda. Pero, se agarró a mi cuerpo como si echara un ancla. Ambas hablamos nerviosas sin escucharnos.
- ¡Joder, pensé que nunca iba a conocerte!. ¿Cómo estás?. ¡Eres preciosa!. – Le dije.
En un segundo no sé ni que pudimos decirnos de tantos nervios como teníamos, pero no dejé de apretarle contra mí.
Suspiré y la vi feliz. Yo también lo era.
-¡Apenas tenemos tiempo!, dijiste.
- Lo siento, todo se ha complicado a última hora. Pero no importa, ya estoy aquí.- Contesté -Ni siquiera puedo invitarte a tomar algo-
-Qué le vamos a hacer- Contestó.
-Bueno y ¿cómo estás?. ¿Nerviosa?. ¿Qué tal el vuelo de llegada?. – Pregunté
-Bien, todo muy bien, lo peor ha sido las horas de enlace, pero ahora que ya ha llegado el momento de coger el otro vuelo ni siquiera me acuerdo de la espera. Además he estado pensando en ti en cuanto he puesto los pies en el aeropuerto .Te veía por todas partes.-
-Claro,- reí ,- por la gente de uniforme , ¿no?.-
-Sí todos me parecían ser tú. –
- Pues ya estoy aquí y vestida de calle. Las fotos no te hacen justicia, eres muy linda y mas alta de lo que me contabas.- Le dije.
- Jajaja. Si, claro.- Rió.
-Tú no eres tan morena de pelo y tienes una sonrisa muy bonita.- Me dijo a mí. -¿Ves,? Era posible. ¿No?-
Me miró con unos ojos que adiviné lo que querían decirme y yo le respondí.
-Ven, será solo un momento-
-No tengo tiempo, no quiero que se intranquilicen.-
-¿ Qué les has dicho?.
-Que iba a buscar un puesto de prensa para comprar el periódico.-
- Bien, aún tenemos algunos minutos.- Le dije. Sígueme.-
Le cogí de la mano, y empecé a sudar. Le conduje a unos espacios solo para el personal del aeropuerto. Allí, en una especie de vestuario. Me acerqué a ella y mi cabeza no hacía otra cosa que gritarme, bésala, bésala antes de que se vaya.
Ella se mostraba excitada y nerviosa, no atinaba a pronunciar palabra y noté que se dejaba llevar.
-He soñado con esto tantas veces-.
-Yo también.-Le dije
Y Olvidándonos de todo, encajamos nuestras bocas, presurosas, nerviosas y un rayo corrió por nuestro cuerpo. El calor se dejaba notar y mis manos se entrelazaron a las suyas apretándolas y empujándola hacia una de las paredes del cuarto. Ella, no se resistió, accedió a dejarse llevar y quedando de espaldas a la pared me soltó las manos, me rodeo la cabeza sujetándola como si fuera a arrancármela del cuello y empezó a comerme la boca con desesperación, Me faltaban labios y lengua para adentrarme en ella. Sofocada, húmeda de norte a sur, no supe muy bien si debía, pero también sabía que quizá no volvería a verla jamás. El maldito tiempo jugaba en nuestra contra, pero viendo que el deseo se apoderó de nosotras ya no había otra salida, no podíamos parar. Le conduje a pocos metros, a otro lugar, cerré una pequeña puerta y sin soltar su boca deslice mi mano por su cuello, bajando hasta sus pechos, haciendo parada en su cadera y finalmente mi mano murió en su pantalón. Ella emitió un gemido y gotas de sudor mojaban sus mejillas.
- ¡No, no!.- Me decía
-Sí, sí. No podemos irnos así.-
Fue rápido, intenso y rápido. El deseo era tan incontenible, que no se hizo esperar la respuesta de ambas. Eran demasiados meses deseándonos en silencio. No hizo falta quitarle la ropa, el roce de mis manos le estremeció, mi pelo le cegó los ojos , mi boca le inundó, mi otro brazo le apresó, sujetándola con fuerza, siendo un apoyo para su orgasmo. Sus convulsiones no tardaron en llegar y cuando se rompió de placer me besó ya no con la boca sino con el alma, porque se dejó caer en mí, desmayada.
- No solo muero por tus palabras, tus manos también me matan..- Dijo, extasiada.
Y me amó a mí también, que loca y azorada le besaba por todas partes.
-¡Bobita! . Déjame hacerte lo que yo también tantas veces soñé- Me susurró.
No hizo falta que hiciera mucho, porque con su placer vino el mío. Y queriéndome regalar algo mas que amor a mis oídos, me llenó de agua el sexo y me brindó caricias con sus dedos , perdiendo yo, la noción del tiempo, del espacio , sintiendo solamente sus manos dentro de mi cuerpo.
Me fundí con sus movimientos en un gemido y me besó agradecida.
No tenía más que respiración, calor en mí, sudor.
-. No pudo ser de otra manera, no pudo ser de otra manera. Las mareas no se pueden contener, ni las lunas llenas ocultar, ni engañar al corazón cuando se nos sale del pecho por sentir nuestro abrazo. No hay culpables, ni victimas. No hay engaños. ¿Qué podemos hacer con nuestras mentes, si mutuamente se buscan? y ahora que se han encontrado, no pudo haber sido de otra manera. Y no hay fracaso, ni nada se rompe, ni tu amor se destruye ni el mío se desmorona.
-Es algo bonito que me ha pasado, además de ella. Y ahora ve con tu familia y disfruta de tus vacaciones. Ya me llevas en tu alma , en tu mente y en tu corazón. Pero, ¿sabes lo mejor?. Hay un espacio para nosotras dos.- Le dije en un momento de sinrazón.
Sofía, se lavó las manos, me beso y me dejó. No hubo lagrimas. Sabíamos que este momento era para dar una oportunidad al cariño y al respeto por encima del dolor.
- Hasta la vuelta. Disfruta y se feliz. Yo, sabes que lo soy un poquito más, gracias a que te conocí- Me despedí.
-Adiós , vuelvo pronto.- Me pareció oír.
Y salió por la puerta del pequeño cuarto dejándome una sonrisa en los labios y un nudo en el corazón.

 
Besos
Todavía huelo a ti. Mis manos me huelen a ti y me gusta llevarte impregnada en mi piel. Te dejo pasar un día entero a mi lado, entre mis poros y respiro el aire edulcorado por tu olor.
Anoche te besé sin besarte y tú me besaste en el roce. Lindos tus besos anoche, que fueron besos secos, que humedecían nuestros cuerpos. Anoche me moría de ganas por levantarme y ponerme como loca a escribir y a describir los besos que nos dimos. Esos besos no dados, más bien presentidos. Besos que estudiaban la manera de aumentar la locura que me producía apresarte entre mis brazos. Besos que se adivinaban y se deseaban, besos que se fraguaban en la cabeza y yo dibujaba en el perfil de tus labios. Besos que nos llenaban la boca de agua sin darlos, solo imaginándolos y delineándolos en tu carnosa piel. Besos que nos ahogaban el pensamiento. Tanteé besos en el aire, dándote mi respiración, mi mejilla, mi mentón, todo menos mis labios. Besos que no resistieron a ser dibujados tan solo por la lengua y que me arrebataron la serenidad, finalmente empezando a conjugarse con tu sexo y mis delgados dedos.
Dejándote hacer te iba haciendo y rehaciendo y sin poder contener tanto fuego, te brinde la bóveda de mi cielo y nos fundimos en otros besos, más espesos, más rebeldes, menos sujetos al juego, más libres al desenfreno. ¿Qué tenía tu boca anoche que despegarme de ella no podía? Y te mordía, y te lamía y te comía y saboreaba tu saliva y de tu boca no salía.
No hay dos bocas iguales, ni la tuya ni la mía son remotamente parecidas, ni un solo beso dado que se repita. Dejarles morir a la nada es dejarte morir sin tu amada. No desperdicies mi boca, si he de morir que sea sin aire. O por el contrario accede a que viva bebiendo de tu boca y comiendo de tu carne.
 
No hay dos lugares
Mi alma pertenece al Sur, mi espíritu al Norte. Ni roja ni azul , soy del lugar en el que habito.
El sur, que me cala hasta los huesos porque de cal se trata y de blanco y de verde y de luz. Que mi alma está en Granada, que allí se quedó, que la perdí por la Alhambra. El Sur y sus colores y sus aromas y sus sabores. Del Darro y del Genil son los pasos que anduve una noche de calor hasta el mirador de San Miguel. Y cené mi pescaíto y brindé con manzanilla por la salud de Andalucía. Por sus gentes y por el testigo que los de piel canela, oración, jardines y agua nos legaron en custodia.
!Qué hacer daré a mis ojos, que no tienen otra misión que fijar la mirada en las arcadas, azulejos, escayolas y portadas musulmanas!. !Qué lejos se encuentra mi alma de su casa y del azul de sus playas!, más mi espíritu la reconforta entre picos, pueblos medievales, Ampurias y la Costa Brava. Dejándola volar entre el gótico y el modernismo, haciéndola crecer con Dalí y las últimas vanguardias. Llevándola al sosiego con la tradición de un efímero gran reino que hoy lanza su proclama y agitándola como un volcán de la Garrotxa. aunque apagado, fiero en sus entrañas.
Pero más abajo del Sur, abajo, más abajo, donde se revela mi alma está también la miseria, el abandono, el coraje de ser sin tener nada y luchar por conquistar cada mañana. Arañando a ese mi norte , que esclaviza mi mente, un bocado, unas migajas . Arriba, muy arriba . Mi norte, sin el que yo no daría voz a estas palabras, voces de denuncia por atropello, voces de alegría por tanto invento, voces de protesta por tanto dinero y voces silenciosas por tanto miedo.
He visto media cara al sur y media cara al norte y si he de elegir ,hipócrita sería, si negara que a pesar de tanta generosidad, bondad, alegría por una vida que no es vida, lucha eterna y continua por emerger de las cenizas, sería falso si no declaro, que cada noche agradezco haber nacido arriba, aunque haya más frío, aunque la muerte se sirva sola. Aunque sin dinero, tu vida no le importe a casi nadie, pero donde la vida es vida. Donde la mujer lee, piensa y edifica. Pasemos del Norte al Sur lo que éste reivindica. Regalemos al norte una sola caricia de humildad y gallardía.
No soy del sur ni del norte. Soy de donde mi alma y mi espíritu habitan.
 
AMOR Y FE (I)
Déjame indagar en ti, Señor.
Qué pueda sentirte en mi corazón.
Qué pueda dejarme amar.
Si al pasear no miro a mi hermano,
si al sonreír, no soy generosa.
¿Qué llevo de ti?.
Si hablo demasiado y no te dejo salir.
¿Cómo voy a amarte?
Quisiera escuchar tu voz
pero hay demasiado ruido.
En las cosas sencillas de mi vida.
Te quiero sentir

-1985-
Si mi Dios dijera:
!Basta, yo acabaré con las guerras!
Si mi Dios gritara:
¿Hasta cuándo tendré que esperar?
No reconocería a mi Dios.
Si mi Dios no hablara
y no dejara pasar el tiempo.
Si mi Dios no se mostrase amable.
Si mi Dios sentenciara:
!Qué imperfectos sois los hombres,
no teneis solución!
Si mi Dios no se escondiera algunas veces
y me dejara buscarle.
Si mi Dios se alejase
y no me mirase al pasar junto a El.
Si mi Dios no fuera Amor.
¿Para qué querría yo a un Dios?

-1988-



Tanta duda mata la fe
Dime, Dios. ¿Por qué esa pasión por los que hacemos las cosas mal?.
¿Dónde buscar esa compañía cuando la de Dios no la sientes?, ¿en los hombres?.
La oración, ¿es sentir a Dios o creer en Dios?.
¿Dios te da las respuestas a través de los hombres o de ti misma?
¿Por qué Dios se esconde tantas veces?
¿Dios sufre?
¿Qué es ser espiritual? y ¿el yo interior?. ¿ tienen principio, fin?

Alguien me dijo: Dios escribe muy recto en aparentes renglones torcidos.
Al igual que Pedro me pegunto: ¿Por qué el bien que quiero hacer no lo hago y el mal que no quiero lo hago?

PENSAMIENTOS

Pienso sin saber que pienso
y lo que pienso me hace llorar.
Siento sin saber que siento
y aquello que siento me hace temblar.
Mi imaginación es la loca de la casa.
Mis sueños, algo irreal.
Sólo pasión y sentimiento me ciegan.
Mi cabeza un agujero donde las ilusiones
se dispersan.
La música que nace en mi interior
la clave para cambiar y darme la felicidad.


!Qué belleza!, !qué hermosura!
Pienso en tu rostro, tu sonrisa,
tus manos y tus caricias.
!Qué hermoso tu mirar!.
Intentar soñar con tu amor
de hombre terrenal.
Y no puedo olvidar que sigues crucificado
que la pasión nunca a ti ha llegado.
!Cielo mío, no tengo reparo!.
Eres un sueño que no alcanzo
un amante sin color en los labios.
!Dios, que terrible amarte
sin tan siquiera conocerte!

Años 80
 
A ELLA
Se puede AMAR totalmente sin ENTENDER totalmente.
 
EL DUELO ES TAMBIÉN SOCIAL
Dime quien asiste a tu entierro y te diré cuanto amor has prodigado en la vida.
Momentos que se están viviendo hoy entre lágrimas, dolor, ausencia, abandono, soledad y amargura en un rincón de Andalucía. Hija, marido, hermano, amigos, familia y todo un pueblo que llora al unísono. No hay que desdeñar los sentimientos populares. No hay que desdeñar la emoción que una sola persona puede despertar en una multitud porque quien despierta emoción está entregando su vida y ¿cuánto desgarro se siente ante su desaparición.?
A esta mujer que fue fuego, pasión y vida se le quiere y se le llora. ¿Qué tiene la muerte que no se conforma con irse sola sino que arrasa el corazón de los más allegados?.
Lo inaceptable de morir es no saber dónde vas. Lo cruel de la desaparición es el desconsuelo y el vacío que se acopla en el alma del que se queda solo y sola.
Mirando más allá del efecto, del protocolo, del sentir popular, más allá del centenar de claveles que alfombraron su suelo, de los aplausos, de los piropos lanzados por los que lo sentían; queda una mujer rota, su hija y un hombre perdido, su marido.
El duelo también es social. El duelo se comparte. El duelo es un ritual. Todo está medido. Nada se deja al azar pero el sentimiento humano no se puede frenar y se desborda ante la tragedia; desde el pésame dado a las dos familias hasta el último adiós en el cementerio y por las calles de su pueblo.
Lugar sagrado, casa no querida, rincón misterioso, ingrato lugar de recuerdo, tú , cementerio y mausoleo, celoso del cielo puesto que te quedas con los restos de la existencia mientras lo mas puro y lo eterno no queda oculto en tu oscuridad y silencio.
El duelo es social porque la muerte también tiene aroma, tiene color, tiene sonidos. Su muerte fue acompañada con cariño, con amor, bajo la mirada de su virgen y portada por la tradición, como dios manda, por los hombres de su casa.
Morirse sólo se muere cuando existe el olvido. ¿Quién dice que ha muerto Rocío?.