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a l@s que nadie cuida
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Siempre en guardia.....vivir por ti y para ti.
 
El día más largo del mundo

Una taza de café humeante me quema la garganta, pero así es como a mi me gusta el café: que abrase.
Para muchos será el día de los balances. Yo no dejo de sonreír infantilmente por cuanto se me viene encima a partir de Enero. Mi chica, también hará balance, sino es, que ha empezado ya. ¿Cómo habrá resultado el negocio este año?. (Ahora me río internamente. Soy un poco ràcana con eso de soltar carcajadas, suelto pocas ). Me atrevo a decir que el negocio le ha ido francamente bien y que ha obtenido espléndidos beneficios. Entre otros mi aprobado. (Jajaja. Ahora, sí. Me río a carcajadas). Balance....
El día que yo sepa hacer un maldito balance, sopesar tranquilamente los cambios, las idas y venidas, en fin, la valoración una vez más de cómo me ha ido la vida, sabré que indudablemente me estoy volviendo mayor ( me aterra la palabra vejez, aplicada en femenino singular). Mirar hacia atrás, dicen que es necesario, para no olvidar y tener presente los errores que no debes volver a cometer. ¡Benditos errores!. La sabiduría , ¿no consistirá precisamente en equivocarse?.
Me apetece echar a volar, aunque reconozco que estoy muerta de miedo. Con seguridad tendré que irme fuera de Madrid, al menos por un mes. Pero me arrebata la idea de seguir alcanzando altura, conocer, descubrir, sentir, aprender, proyectar.
Anoche, cuando regresaba de estar junto a ella, pensaba en nuestros momentos, en cuánta seguridad me ofrece cuando me rodea con sus brazos y apenas puede respirar porque yo oprimo su pecho. Pensaba en que mi amor se acrecienta cuando me habla con el corazón, y ¿qué será cuándo se habla con él?, porque las palabras adquieren otro tono, calan hasta los huesos e iluminan la cara de quien las pronuncia. La luz que despliego es la de sus ojos cuando me miran, porque en ellos veo lo afortunada que soy.
No sé medir la felicidad, ni si hay invento para tal acción. Reconozco sin dudar que está presente en mi cuerpo, en “ mi pensares y en mi andares” (como dicen las gemelitas andaluzas del “Gran Hermano, jajaja). Reconozco que ella también la padece, porque su serenidad la delata. Hacer en el día más largo, balance de todo mi año, no sé si sabría. Hacerlo del suyo, seguramente sí. Yo he dado un paso hacia delante. Ella sigue subiendo la escalera sin pausa, pero sin prisa. Piensa que pronto la alcanzaré y que la sobrepasaré. Quizá, aunque, mi vuelo aún sin rumbo, no quisiera ver un mismo cielo de por vida, ya que sólo tengo una y el tiempo es tan ¿incierto?. Si algo nos propusimos, fue hacer bien las cosas, y en ello estamos, puesto que aún no ha terminado la tarea.
Medir la vida por años, como si de asuntos fiscales se tratara, es un gran error, pero, cada cual toma las referencias que tiene, que puede, que le han inculcado, en fin; cada uno es como es y cada quien es cada cual.
-“Primero tú, y detrás yo”: me dijo ella ayer. Y hoy, yo respondo. “ Primero yo y a mi lado tú o si lo prefieres, las dos en primer lugar”-
Hoy es el día más largo, porque no tengo prisa por irme de aquí y podría emborronar mil papeles.
La T-4, será un bonito lugar para volver como pasajera. No veré nunca tantos aviones juntos, tan hermosos, tan impresionantes. Y tanta “puta maleta”junta,( jajaja). Mis espaldas se llevan un buen recuerdo , pero mereció la pena... ¡Qué rabia, nunca me tocó cargar ningún muerto¡. No me hubiera importado. Yo les hablo, les saludo y les muestro mis respetos. No me asustan, al contrario, soy de las que cree, en que es necesario seguir el ritual y venerar a nuestros muertos. De ellos hemos aprendido todo lo que sabemos ahora y aún nos siguen enseñando cosas...Son parte de la historia, la nuestra.
Cuando mire al cielo y lo vea rayado por el carburante de los MD, o los 321, entre tantos otros, pensaré en la cantidad de destinos en los que yo he viajado mentalmente durante año y medio y sonreiré porque sin ver el cielo, lo toqué.

¿Sabes que le pido, amor, al año que viene?.Que el mundo siga estando en su lugar.
Necesito de su tierra para andar, del aire para respirar, del agua y del sol para existir, de las gentes, para llorar y reír, de mi familia, amigos y especialmente, que en este mundo que nos ha tocado compartir, que estés tú.
Sin balances y con más esperanza que nunca en el futuro, cierro una puerta para abrir una ventana y a otra cosa mariposa. Sigo creyendo en el amor, que me mueve a ser como soy y creo en la bondad oculta de la gente como capacidad para cambiar las cosas que entorpecen un poco el tránsito de todos.
Tengo algún propósito que otro, pero me da “ repelús “ contarlo, por si acaso.....pero ante todo, quiero ser feliz.


 
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Las irrealidades de los sueños son en apariencia tan tangibles, que cuando abro los ojos, reparo unos segundos en pensar dónde estoy. La antigüedad se hace dueña de mi almohada y me descubre un mundo de gentes de una sola sangre.
¿Existió un mundo con gentes de una sola sangre?.Creo que no. La pureza nunca existió. Y a mi juicio (siempre muy modesto y particular), las razas no son más que otras tantas mezclas de los seres más primigenios. Pero, ¿y las culturas?. ¿Existen culturas puras?. Puesto que son fruto de las relaciones humanas y por extensión, sociales, cabría deducir, que tampoco la culturas o las distintas culturas son puras. Será cuestión de averiguarlo.....
Pues, yo sueño con la pureza de sangre, y se me manifiesta como algo indestructible e intocable, puesto que está por encima de lo que los seres humanos de esta sociedad concebimos. No se muestra como presencia etérea, ya que son personas de carne y hueso, con tradiciones, costumbres, ritos, normas, valores, límites y cultura propia. Gentes de una sola sangre que no se diferencian de ti o de mi, puesto que sienten, sufren, ríen, juegan, construyen y se equivocan. Pero son únicos. Se mueven por patrones fijos de existencia y supervivencia.
Elaboran pensamientos que yo no entiendo porque más que en la materia y en lo palpable, su vida está orientada hacia lo ideal, desarrollando una inteligencia paralela a la mía, pero superior. Sin complejos ni barreras.
Dentro de mi sueño. Aparece Boabdil, el último rey de Granada. Él habla de la pureza de sangre y de cómo su propio pueblo está compuesto de muladíes, mozárabes, mudéjares, abencerrajes. De cómo su pueblo no puede decirse que sea su patria, porque la pureza, a la que él se refiere, no se encuentra en la carne sino en el alma, y ésta se echó a perder, en cuanto, su pueblo la intercambió por la ambición. Creo que Boabdil, confundía la mancha con la mezcla.
En nombre de la pureza, ¡qué barbaridades se han cometido!, y ya no me refiero a la perpetuación de razas únicas; sino a las crueldades que hemos desarrollado y llevado a cabo hacia todo aquel o aquella que no aparecía limpio, salvable, digno de nosotros y de nuestra comunidad.
En la irrealidad, en la que cada noche se despierta mi cuerpo, en esas otras galaxias, no sé sí más perfectas o ideales de la mía propia y a la que yo pertenezco, el mundo se dibuja en blancos y negros, en colores y dimensiones perfectamente habitables, y aunque fuertemente reales, tan lejanas de alcanzar por mí, que me tengo que conformar en cada despertar por quedarme con un rastro, aunque pequeño, de mi paso por ellas y que me vayan conformando, aunque siga siendo en este lugar, en alguien único, que no puro. Hablar de pureza, se me escapa a los sentidos. Y es muy fácil caer en perversiones, violencias, injusticias, por defenderla, crearla, buscarla, y mantenerla.
 
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Antes de irme quiero dejarte mi caleidoscopio, mi caja de lapiceros, las velas de colores y el jersey azul que tanto te gustaba.
Antes de irme quiero quedarme con tu sonrisa, con el gusano que brilla en la oscuridad y con tu caja de pegatinas.
Los trenes van y vienen. Su parada hace más amarga mi partida. Su salida un atracón de lágrimas en la garganta.
Cuando me vaya, que quizá no lo haga, seré más alta, más libre y de frente más despejada. Si me quedo, que ojalá me vaya, veré la vida con el color que la mirada nueva me regala.
Este nuevo mundo, que se abre, más que entre mis brazos, en mis entrañas, y que se quiere instalar sin más permiso que el que el destino le brinde. Este mundo, que deja de ser sólo mío y tuyo, es más que redondo y enorme, infinito.
Y sin olvidar lo vivido y esperando vivir, yo renazco sin ombligo y con un deseo poderoso: ser más humana y ante todo feliz y dejo que el año termine, sin pesares, ni mal humor. Que el dolor sólo se recrea en quienes lo invocan como excusa para evitar enfrentarse con valor a la vida y al amor.
 
Los últimos días
Se me eriza la piel si pienso en sus palabras. Se me llena el corazón de ternura si recuerdo su mirada en mi costado. Esa tarde en la que me daría su primera lección, fue casi perfecta y me gustó. Abrirme a sus manos, fue abrirme a mí misma.
A lo largo de mi vida, han sido muchas las personas que me han enseñado y me han educado. Al igual que el dolor, que también enseña, el amor que sobreenseña, el olvido, la paciencia y la espera. Esperando pasé muchas noches, días. semanas, meses y años; esperando escuchar la verdad de su corazón. Y asusta, porque es sincero cuando habla.
Yo, que nunca veo los límites, ni pienso en un futuro lejano, aprendo a mirar el presente con miras al mañana cercano. Ella, que adivina casi todo mi pensamiento, y lo que aún no he pensado, divisa más allá de la eternidad y se antepone a lo venidero sin que haya muchas sorpresas incontrolables.
No sé cuántos días me quedan por estar a su lado sin que mi vida tome un derrotero distinto al que tiene, sí sé, que estos días están siendo felices. A veces creo haber nacido nuevamente.
Me hace feliz, nos hace felices el haber conseguido nuestros objetivos, superando situaciones desagradables, dolorosas, pero que nos han unido más. Aunque el amor no tiene lazos que aten los corazones de por vida. Sé que soy afortunada, porque he sido muy amada siempre y sin querer apresar las sensaciones, que van por libre, me dejo hacer, y aprendo a ser libre a su lado, fortaleciendo mis sentimientos , porque hoy es mi encuentro con ella lo que deseo, necesito y quiero.
Y son los últimos días de otra vida que quedaran en el recuerdo, en la memoria más grata. Y me impaciento por vivir otras horas, regalarnos un futuro continuado, con idas y venidas de deseo acrecentado.
 
No han muerto en vano


Lágrimas sin consuelo. Lágrimas de incomprensión. Lágrimas de desconcierto. Lágrimas de rabia. Lágrimas de lástima. Lágrimas de reina, de padres, de novia, de amigos, de compañeros. Lágrimas que sin ser derramadas por muchos, humedecen la tierra. Lágrimas del pueblo, lágrimas de duelo de un cuerpo entero.
Y no fue en vano, puesto que se han evitado derramar otras tantas hoy anónimas, pero ya señaladas en mentes menos humanas.
Sí, se puede hacer algo con esta mancha negra que ensucia a España y no hay muerte vana, ya sea de civil o militar. Cada nombre que deja huérfana a una casa, fortalece las ansias de todo un pueblo que no entiende que para ganar la libertad haya que arrebatársela a los demás. “Quien a hierro mata a hierro muere”, dijeron que otro dijo.
Y no nos cabe más que ganar esta batalla con la palabra, la razón y el sentido común que debe regir a la justicia.
Gritar: ¡Viva la Guardia Civil!, no les devolverá la vida, pero si quien lo grita lo hace de corazón, avivará el ánimo de quien se juega todos los días su propia vida.
 
EL SENTIDO DEL DEBER.


A todos nos toca tarde o temprano defender lo nuestro y reconocer, más vale tarde que nunca, que otros lo hacen constantemente, pese a quien pese, y jugándose el tipo diariamente. De nada vale volver la cabeza. Hay maridos, novios, novias, primos, hijas. Miles de personas que defienden nuestras libertades simplemente porque es su deber.
Ocurre que mi corazón no palpita cuando oigo los acordes de nuestro himno. Ni se me encoge el estómago hablando de la patria. No me avergüenzo por ello. Tampoco alardeo de ser ciudadana del mundo. Intento en la medida en la que he aprendido, a ser, al menos, respetuosa, aunque no sea mi sentir el popular.
Sin imaginarme que dentro de muy poco, yo seré un pequeño eslabón de esa cadena que componen tantos otros y otras en guardar la seguridad del resto, me pregunto si será entonces cuando nazca en mí el sentido del deber con los demás.Que veré con otros ojos y empezaré a comprender mejor ciertas posturas.
Dentro de la admiración que siento por ella. Del respeto que he empezado a tener por su trabajo. De la preocupación que me produce a veces cuando hace intervenciones y de la seguridad que tengo en que actúa con justicia y que no abusa de su poder. Tengo que decir que estoy de su parte. Sin romper con mi criterio y no creyéndome apenas nada de lo que se dice o quieren que nos creamos.
Somos un equipo, contradictorio, pero un equipo.
Ella dice que la verdad sólo tiene un camino. Yo siempre he pensado que la verdad somos todos. Cada uno tiene un trocito de esa VERDAD universal que conjuga el día a día. Y cómo a veces también pienso que la verdad no existe, porque al estar nosotros en evolución y en continuo cambio, la verdad es tan cambiante como la vida, pues... no tengo más alternativa que seguir buscándola; fuera y dentro de mí.
Lo que he aprendido con mi vivir es que una no debe hablar sin conocer, porque es casi seguro cuando se falta a la verdad.
Se muere por cumplir con el deber y se vive por amor a cumplirlo bien.
El sentido del deber, hasta tirando maletas es necesario.!Qué verdad tan grande!.
Decía Gandhi “La diferencia entre lo que hacemos y lo que seríamos capaces de hacer, bastaría para resolver la mayor parte de los problemas del mundo”.