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a l@s que nadie cuida
heterogeneo
Acerca de
Siempre en guardia.....vivir por ti y para ti.
 
! Eco,eeeco...!
De niña me subía al cerro más alto y gritaba: !eeeco, eeeco!, me divertía y me quedaba alucinada sin comprender cual era la causa de tal fenómeno. Era algo tímida y no se me ocurría gritar nada más.
Lo más excitante fue gritarlo una vez de noche y ver como a la luz de las estrellas, la nada, me respondía. Esa vez grité: ! LIBERTAAAD !. Ya apuntaba maneras...contaba con algo más de dieciseis años, ya estudiaba fuera de casa y empezaba a descubrir otras vidas.
Ahora, no sé si en la plenitud de mi vida, porque una se debe de sentir plena cuando va logrando sus metas, llevo mucho tiempo sin lanzar al abismo ningún grito de guerra . Mi chica dice, que una, es revolucionaria de joven pero ,que cuando se es adulta te alcanza el conservadurismo.
Razón no le falta. Creo. Sigo buscando un eco que no me repita lo que ya sé, sino que me resuelva dudas, aún con cuarenta tengo tantas...
Si la vida te devolviera los momentos felices como el eco hace con toda palabra que le regalas, la gente sonreiría algo más.
No es nada particular lo que experimentamos de niños, y !cuánto nos asombra!. La verdad, de pequeños, somos tan salvajes, en el buen sentido. ..Somos advenedizos en todo y esos conocimientos previos que alcanzamos con ensayo y error la mayoría de las veces, son las piedras angulares de nuestro crecimiento personal, entre otros.
Dónde lo mío fue suyo y lo suyo mío, no dejé de quererla y sin eco frente a mí, de cierto le devolveré lo mejor que viví con ella. Aunque el olvido se lleve muchos recuerdos, este mundo no se va y con monte o sin el, le repetiré una y otra vez a sus oídos, días y días, que la amé.
 
..............
Si alguna vez se enferma mi cuerpo, y mi mente deja de pensar, querría que se siguiera alimentando mi alma. Mientras que mis huesos reposan en una cama dura y parezca que todo mi mundo se ha roto, querría que no dejaran de regalarme los oídos, ese sentido que es el último que se pierde y que durante las ausencias que una debe de tener cuando duerme o está en coma, es el que te mantiene en contacto con el exterior, sin que los demás lo perciban.
Si enfermara de cuerpo y mente, querría que se siguiera alimentando mi alma con las melodías que a lo largo de mi vida me acompañan y me hacen sentirme viva. Me sabría feliz en el abismo donde me encontrara, porque si algo me hace renacer más allá de la fuerza del amor, es la música.
 
¿Cuánto vale la libertad?
Todo y nada. Esclavas del amor o del sexo. Esclavos del dinero o del poder. Esclavas de la familia o del hogar. Esclavos del trabajo. Hombres esclavos, mujeres esclavas y hasta niños y niñas presos de la esclavitud. Siglo de modernidad y una nueva esclavitud, la tecnológica.
La guerra diaria y la que se libra en combate. Guerras con sangre y otras guerras de lágrimas, todas ellas salpicadas de odio y sinrazón. Cabalgaduras de metal y ácido. Inteligencia anestesiada, trompetas que auguran malos tiempos y la libertad mientras entre rejas.
Sin ley no hay libertad y las leyes ¡cuánto la esclavizan!. Gladiadores de otros tiempos, cruzados y templarios, guerrilleros, anarquistas y hasta terroristas la han renombrado y la ondearon en estandartes opacos y falsos, cosidos de traiciones y vendettas.
¿Te crees libre?. Creo ver desde el sillón de mi casa ese satélite que observa cada detalle de mi salón y hasta identifica la marca de mi camiseta. Todos saben cómo me llamo, dónde vivo, en qué trabajo, cuánto gano, quién compone mi familia, qué estudié, cómo ando de salud.¿Sabrán también a quién amo?. ¿Qué pieza de la Flauta Mágica es la que más me gusta?. ¿La película que más veces he visto?. ¿Qué parte de mi cuerpo me gusta tocar?.
¿Cuánto vale la libertad?. El comercio de vidas humanas y la muerte de inocentes empañan su valía. Y todavía hay alguien por ahí que nos predica eso de que la verdad nos hará libres. Claro, la verdad. ¿Qué verdad?. ¿La que imponen los chinos en Lhasa?. ¿Los americanos en Irak?. ¿Los integristas en Irán?. ¿Los españoles en Bolivia?.
Mi libertad está a disposición de unos pocos, mi destino de uno solo. Mi felicidad depende de mí.





 
El Chabolo 17
No llegué a tocar la puerta cuando la oí sollozar.
-¡Otra vez.!.Esto no puede seguir así .- Pensé acongojada.
Golpeé la puerta un par de veces, la nombré y esperé unos segundos antes de abrir. Allí estaba de pie de espaldas a mí, le di los buenos días y ella respondió secamente.
-¿Le pasa algo?.- Pregunté.
- No, no me pasa nada. Gracias- Contestó sin girarse.
Mentía. Claro que algo le ocurría. No era el momento para hablarlo. Yo sabía que a lo largo del día me buscaría para hablar sobre ello. Sólo tenía que esperar, tiempo era lo que nos sobraba a ambas. Se solía mostrar distante cuando algo le rondaba en la cabeza y terminaba conversando conmigo sobre sus preocupaciones. Supuse que era mejor no agobiarla, ella vendría a mí más tarde.
Annais llevaba unos días extraña. Yo había sido advertida de sus depresiones y por ello estaba más alerta que nunca a sus cambios de humor. De no mejorar en un par de días, le darían de baja y le mandarían a la enfermería pero ayer sonreía demasiado, la vi feliz y no le di importancia, creí que se estaba acomodando a su nueva situación y empezaba a adaptarse al lugar. Que me saludara de espaldas no me extrañó. No era la primera ni la última mujer que lo hacía. En algunas, era claramente un síntoma de rebelión o de apatía, aunque no era normal en ella, no le presté atención y lo dejé pasar. Esa mañana, me equivoqué en ser tan ingenua, obvié lo más importante, velar por su integridad psicológica y física.
No pasaron ni veinte minutos y observé que no había bajado a desayunar. De inmediato lo comuniqué y corrí a buscarla. Según corría por el jardín mi cabeza se iba temiendo lo peor. Y empecé a recordar lo que habíamos hablado en días pasados.

- Me han quitado a mi nenita. ¡Por un hijo de puta me han quitado a mi nenita.! El amor a veces te obliga a hacer tantas tonterías...!. !Y cuánto me arrepiento de lo que hice porque ahora no tengo a mi nenita. ! -
-Eres muy joven y la vida te da una segunda oportunidad. La recuperarás-
- ¿Usted cree?-
- Todo depende de ti, ya lo sabes.-
- Es tan difícil. Sólo encuentro rechazo y odio en los ojos que me miran. Tan sólo la maestra me ofrece la posibilidad de tener algo que en mi país no tuve, educación.
Yo corrí hacia él, señorita, y no veía más allá de lo que él me pedía. Sólo quería complacerle, él era lo único que tenía en ese momento. Hasta mi esperanza, mis ilusiones, mi vida. Y ahora cuando pienso que en cinco minutos mi vida se vio truncada y que por él perdí a mi bebé... Él me prometió tantas cosas. Todo parecía que iba a salir bien y ahora... ya me ve. Yo aquí, pagando por él y mi hija en brazos de unos desconocidos sin saber que tiene una mamá.-
- Tranquila Annais. Todo se arreglará.-
- Él me dijo que sería la última vez y yo le creí porque le amaba. Mis sentimientos, que no puedo explicarle, eran incontrolables, infinitos. Estaba ciega.-
-No te tortures más. Ya nada puedes hacer, tan sólo luchar por salir cuánto antes de aquí y aprovechar las oportunidades que se te brinden-
- ¡Ay, sí!. Muchas gracias por ayudarme tanto. Es usted tan amable...-
-No debes estar así. Anímate. Anímate, que todo se arreglará.-
-¡Sí, sí!. Gracias. Gracias señorita-

Llegué sin aliento, la puerta seguía como la dejé. Grité su nombre y no escuché ninguna respuesta. Abrí la puerta, el hierro pesaba más que nunca y la vi tumbada en la cama, la camiseta ensangrentada y dos cortes en las muñecas. Esta vez eran de verdad.
-¡Joder, joder!. !Annais, Annais, despierta!-
Salí a dar aviso de lo ocurrido y volví junto a ella. Seguía inconsciente y la sangre no dejaba de empapar su ropa y comenzar a manchar la mía. Noté como se iba perdiendo su pulso y yo nada podía hacer. Desesperada, comencé a besar su frente y a llorar.

- ¿Sabe señorita?. Estuve hablando con la maestra y dice que tengo muchas posibilidades de que me puedan integrar en un grupo para dentro de una semana y retomar mis estudios-
-Eso es estupendo. Se te ve muy contenta-
- Lo estoy. Y feliz, porque si consigo en el tiempo que me queda de estar aquí una formación, podré buscar un trabajo y demostrar que puedo hacerme cargo de mi bebé-
- Claro que sí. Eso es lo que te han recomendado.-
- ¡Ay, señorita!. Se imagina, estar fuera de aquí y empezar a vivir. Vivir fuera de aquí.
-Y lo lograrás. Saldrás, ya lo verás.-

Yo no sé qué torbellino sacudía mi mente. Mis brazos sostenían a una joven de veintinueve años sin apenas un hilo de vida. ¡Qué pecado más grande he cometido!. Pensé que no tendría valor para suicidarse. Valor le sobraba para morir, pero le faltó el valor suficiente para vivir.
 
- Ya no tienes salida -
Por una vez , sé con certeza que hemos llegado juntas a la cima. Aunque hay cosas que nunca olvidaré, lo nuestro se encuentra cada día más cerca de una continuada felicidad. Creí que nunca te lo oiría decir porque hasta ayer nunca me lo creí. Tenía demasiadas dudas y sentía que aunque me acompañabas a cada momento, yo no podía dejar de sentirme sola y perdida.
Aposté todo lo que tenía sin saber si ganaría o perdería, aposté por el amor y la locura. Aposté por mi vida, que sin tu amor, no sería ni siquiera vida.
No ha sido la casualidad la que te hiciera rendirte a tus sentimientos, no ha sido el miedo ni siquiera la soledad.No fueron mis recompensas a tus malos días y tormentas. No sé muy bien que ha sido lo que te ha lanzado al vacío de mis brazos. La verdad, yo ya no sabía qué inventar para llenarte de dicha los ojos y el corazón.Sólo sabía ser lo que soy y te he dado casi todo, porque el resto está hipotecado de por vida, mi mal humor, mis desdichas, lo qué es feo por naturaleza.
Si quisiera leer en tu mirada, me sobrarían tus pupilas puesto que me bastó escucharte que estabas enamorada y a mí vendida.
No te creas más feliz de lo que pudiera sentirme yo por saberme que dejé de ser huésped amable en tu alma para pasar a ser la otra parte de tu cama.
No soy dueña del tiempo pero se alió conmigo la paciencia. Gané la guerra a la espera y haciéndome falta valor me armé de coraje para arrancarte tu fiera coraza. Pedí mil veces a las estrellas que no me olvidaras y que cuando te abrazara, fuera la elipse que sobre tí dibujaba, la que te reconfortara cuando me necesitaras.
Dabas pasos hacia atrás cada vez que me acercaba, no arriesgabas, sólo a fuerza de hacerme superar pruebas, fuíste capaz de comprender que no había traición ni espada de doble filo y ví que en mí confiabas.
Es como si hubiesen bajado el telón y la vida empezase a partir del veintinueve de marzo mi vida contigo, nuestra vida.
Sé qué me quieres y dices que estamos predestinadas a envejecer juntas. Yo sé, que no te voy a dejar marchar aunque vueles muy alto, porque llegaste a mí por casualidad pero te negaste a darte por entero.
Ya no tienes salida. Tú, nunca me olvidarás. Yo nunca te olvidaré.
Fuíste valiente y ahora que nos hacemos falta, mi amor. Comencemos a vivir.