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a l@s que nadie cuida
heterogeneo
Acerca de
Siempre en guardia.....vivir por ti y para ti.
 
El mundo no es nuestro
¿Seremos capaces de renunciar a la dominación?.
¿Seremos capaces de renunciar a la invasión?.
¿Seremos capaces de ser racionales con razón?.
La vida se abre camino a pesar de nuestro empeño por acaparar cada pequeño rincón de la tierra.
La salamandra sigue buscando insectos y se camufla entre las paredes del baño blanco. Apenas puedo verla, pero allí está.
Donde se asienta un macrocentro, otrora, estaba rebosante de otras vidas menos dañinas que las humanas que ahora lo habitan.
El campo dejó de ser campo, la montaña, montaña; los bosques son pasto de las madereras, el mar está embutido en chatarra submarina y toneladas de fuel que lo envenenan.
Los pueblos dejaron de tener raíces.
Me confundí con eso de la globalización; me llenaron las orejas de buenas intenciones, creyendo en la multiculturalidad.
La globalización está arruinando a los pueblos. !Qué invasión más sibilina!.
Paseo junto a mi perro. No quiero reconocer a nadie por la calle.
Veo como el asfalto se traga a las amapolas. No tengo rocas donde sentarme y los claxons de los automóviles me marean.
Rafa, apenas encuenra bancadas de borriquetes, el clima, los enajenados que sin consideración pescan lo que a la caña les viene...
Ni una maldita sombra en mis paseos, sólo minúsculas copas de ridículos arbolillos que intentan alzarse en la urbe.
¿Seremos capaces de darnos cuenta de este caos?, y si así fuera, ¿qué hacer?.
Se me ocurre odiar a estas generaciones de las que formo parte, hambrientas de casas y cosas.
El mundo nos es prestado y se me olvida. Estamos de paso, !qué importa contaminar sólo un poco!.
 
Y VA QUEDANDO MENOS
Si supieras que más de una noche me empaño en lágrimas y no descubro el por qué. Trato de engañar a mi razón, diciéndome que es nostalgia. ¿Es nostalgia?.
Si supieras que cada noche pido a lo más sagrado que te mantenga fuerte, viva y alegre. Si tú supieras...
En las soledades que la distancia me brinda y aún estando acompañada sin quererlo, tu recuerdo se aparece cuando veo a la pequeña y sonrío por los buenos ratos que nos hizo pasar.
Si tú supieras que quiero y no puedo y por dios que debo hacerlo, por tu corazón, mi felicidad y lo nuestro.
La frialdad de tu mirada y la ironía que me paran, no me sirven de desconsuelo.
Y va llegando el momento de cerrar la puerta de nuestra casa y de abrir la ventana al futuro y la esperanza.
Si tú supieras todo lo que te grita mi alma, no se secarían tus ojos, porque no comprenderías tal ruptura. A veces ni yo comprendo la locura del amor que me ha empujado a llenar de sorpresas el estómago y de miedos mi cabeza. Si tú supieras lo que yo sé, pensarías que estoy loca y dirías: "No vas a ser feliz ".
 
LA PATINADORA DE LA PLAZA DE TOROS
Después de haber pasado un mes por el mismo sitio todos los días, ayer se percató de que la patinadora le estaba mirando. Seguramente, no sería la primera vez.
Mateo acostumbraba a pasear cuando iba cayendo la tarde. Bajaba hasta la playa con su labrador e intentaba olvidar las tensiones que el trabajo le producía. Jugaba con su perra y se relajaba admirando el tranquilo y repetido horizonte. Como un autómata, bajaba y subía diariamente por el paseo marítimo, atravesando primero el parque de los eucaliptos y llegando hasta la explanada de la plaza de toros, donde jóvenes patinadores de hockey sobre patines, jugaban partidillos ante un público diverso, comprendido entre padres con sus hijos, despistados y paseadores de perros, como Mateo.
Allí estaba, un día tras otro, la patinadora de la plaza de toros; una pelirroja que se desenvolvía bastante bien con los patines, recorriendo toda la explanada, ligera y despreocupada.
De un tiempo a esta parte, Mateo viene observando que a la altura de la escalinata, cuando él pasa con Darling, su perrita negra; ella, la patinadora, se acerca hasta el bordillo e intenta lucirse delante de él, haciéndo circulos, haciéndole volver la cabeza para fijarse en ella y en sus pies.Precisamente ayer, sus ojos se cruzaron apenas unos segundos. Las miradas se sostuvieron tensas y fijas, en tan poco tiempo, Mateo retuvo su rostro, pareciéndole simpático, agradable. Le pareció guapa.
Transcurrió un mes sin que el joven Mateo volviera a pasear por la playa. El tiempo había empeorado, empezaba a llover y el frío le había vuelto perezoso. Sus paseos se limitaron al descampado que había en frente de su urbanización o a lo sumo hasta el parque de las rocas.
De vez en cuando se acordaba de la partinadora pelirroja. ¿Qué sería de ella?.¿Volvería todas las tardes a su cita con los colegas de la explanada?.
Mateo,elucubraba fantasias pensando en ella. Cómo sería su trabajo, su casa, sus temas preferidos de conversación.Si le gustaría el cine, bailar. Imaginó una cita con ella en la cafetería que a él más le gustaba;la del centro, esa que tiene un toque post-moderno y en la que pinchan musica new-age. Se veía junto a ella riendo y conversando distendidamente, como si estuviera con una amiga de toda la vida. Se divertía pensando en ella y creyó que sería interesante conocer a alguien diferente a las personas del trabajo, siempre preocupadas por los asuntos de la oficina y temas monótonos.
Mateo, apenas conocía toda la ciudad. Su visión se limitaba a lo que sus pies le permitían explorar. Se desplazaba en transporte público y presumía de llevar una vida sana y solidaria con el medio ambiente. No era amigo de utilizar el vehículo por ciudad.Soñaba con que la pelirroja le enseñase el resto, lo más destacado. Ciertamente tenía toda la pinta de ser de allí.
En el mes que transcurrió sin que Mateo volviera a ver a la patinadora, el tiempo lo pasó embebido en un horario de trabajo infernal que le hacía llegar a casa muerto sin apenas disfrutar.
Una noche, no pudo más. Agobiado y cansado, amarró a Darling y salió a pasear. Se abrigó y de foma insconsciente tomó camino de la plaza de toros. La explanada estaba iluminada durante toda la noche; alli, su perra podía correr sin temor a transeúntes maleducados o niños alborotadores que le importunaban preguntándole curiosidades sobre su perra, admirando el brillo de su pelaje y de su bonita cara.
Inconscientemente, empezó a buscar a la patinadora. Creyó que a pesar de la hora la vería allí, y la buscaba por toda la explanada, crándose una imagen de ella fuera de lo normal. Evadido y fuera de la realidad las horas transcurrieron y su pensamiento le abandonó por el pelo, la risa y la mirada de la chica; ya se veía aprendiendo a patinar, compartiendo con la pelirroja tardes de juego y paseos.
La patinadora de la plaza de toros, comenzó a ser una obsesión. Mateo. ansiaba nuevamente encontrarse con ella.
Una de las tardes, sin pensarlo,salió con Darling a pasear. Acertó en su decisión. Según iba acecándose a la explanada, la vió a lo lejos. Allí estaba haciendo piruetas, haciendo amagos con el palo y esa minúscula pelota. Esta vez, él, no pasó de largo, se sentó en la escalinata y soltó a Darling para que correteara. Ella se percató de su presencia y en su recorrido iba acercándose cada vez más hacia el lugar donde Mateo estaba sentado. Poco a poco iba acortando distancias y le miraba disimuladamente. Así pasó media hora,ella patiando, él observándola. Decidido, pensó que debía hablar con ella, darle su numero de teléfono, saludarla, en fin, algo, pero entablar contacto.
Darling, empezaba a ponerse pesada, se cansaba porque él no jugaba con ella y no se le iba de encima.La chica cada vez iba haciendo sus giros más aislados de Mateo, abarcando más suelo. No sabe muy bien porqué, pero se levantó y mirándola se alejó.Vió como ella le sonreía y hasta la fecha.
Mateo, no se atrevió, algo le paralizó y arrepentido se decía una y otra vez.
- La próxima no la dejaré escapar. Le invitaré a salir, charlaré con ella. No me la puedo quitar de la cabeza. Creo que le gusto, sino, ¿Por qué me mira tanto?.Me parece una chica muy interesante y particular. No tiene nada que ver con mis compañeras de trabajo, simples y aburridas; sin alicientes. Se las ve a una legua, que aparte del trabajo y de sus novios, no guardan ningun interés por otra serie de cosas. Las expectativas se reducen a subir de puesto y ganar más dinero. En cambio, la patinadora, tiene espíritu emprendedor. Cuando se equivoca en alguna jugada, se muerde el puño y maldice, desgastando más energía en ganar un punto a su contrincante. Esa chica es diferente.-
La mañana del jueves era como todas las mañanas, trabajo y más trabajo. Mateo lo llevaba con resignación, es lo que había.
Salió un instante a retirar un café de la máquina cuando se encontró a Eva portando una caja voluminosa.
-Déjame que te ayude.¿Dónde la llevas?
-Precisamente a tu despacho.
-Pues deja, ya me hago cargo . Debe pesar.
-Que va.
-Trae
-Vale, gracias.
Mateo cargó con la caja y la llevó hacia su mesa.
-Joder, el cafe, me lo he dejado en la máquina.
Volviendo hacia la máquina de café para recoger el vaso, advirtió a un grupo de personas que se acecaban por el fondo del pasillo. Compañeros suyos que seguramente vendrían de recoger la nómina.Apenas llegaron a su altura y en un abrir y cerrar de ojos, su mirada se cruzó con la de una chica. Iba de uniforme, pero la hubiera reconocido en cualquier parte y de cualquier manera.
-!La patinadora de la plaza se toros!. ¿Aquí?.
-Hola
-Hola.
Se saludaron timidamente y en segundos desapareció de su vista.
La chica de sus pensamientos y fantasías resultaba ser compañera de trabajo. Sí de otro departamento, pero trabajaba en el mismo edificio.Nunca podría haberlo imaginado, no podía ser. Sus fantasias se desvanecieron en una décima de segundo. La patinadora de la plaza de toros era una más de la plantilla.
Pasados unos días, Mateo bajó con Darling a pasear.Llevaba en su mano una pelota de tenis para lanzársela y así hacer correr al animal.
Optó por cambiar su trayecto habitual ;nada le decepcionó más, como comprobar que le costaría encontrar a alguien que no trabajara en su edificio y fuera diferente en esa ciudad.