La madre coraje murió...
Ella se fue con una media sonrisa en los labios. La amarilla muerte le cubrió la cara y se la arrebató a los suyos.
No dije nada. Estuve allí y pude comprobar que el corazón de lo que se quedan solos, se cierra al mundo y a la vida y sólo es la mente quien dirige tus pasos. Una mente ajena a la realidad porque sin la persona que amas ya no hay más realidad que su ausencia. Y eso nadie lo cura.
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A mí, se me ha cerrado también el corazón, y sólo da y recibe sangre; nada más. De mi pérdida no recibo pésame alguno, nadie sabe quién se me ha muerto a mí. La única que siente la ausencia desde que ella se despidió de mí, soy yo.
El luto es algo sagrado para mí.
Mi corazón se ha cerrado, no sé, si será para siempre, porque las ausencias no disponen del calendario, sólo se van contando los días desiertos sin saber el número que alcanzarán.
No dije nada. Estuve allí y pude comprobar que el corazón de lo que se quedan solos, se cierra al mundo y a la vida y sólo es la mente quien dirige tus pasos. Una mente ajena a la realidad porque sin la persona que amas ya no hay más realidad que su ausencia. Y eso nadie lo cura.
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A mí, se me ha cerrado también el corazón, y sólo da y recibe sangre; nada más. De mi pérdida no recibo pésame alguno, nadie sabe quién se me ha muerto a mí. La única que siente la ausencia desde que ella se despidió de mí, soy yo.
El luto es algo sagrado para mí.
Mi corazón se ha cerrado, no sé, si será para siempre, porque las ausencias no disponen del calendario, sólo se van contando los días desiertos sin saber el número que alcanzarán.





