La maté porque era mía
Mañana,no quiero celebrar que aún hay personas que mueren a manos de otras. Que mueren en vida. Niños a los que no puedes acariciar ni besar porque el gesto más amable que recibieron fue una quemadura de cigarrillo o una fobetada a destiempo.
Tengo en mi memoria, relatos de las mujeres que pasaron por mi lado desde jóvenes de 19 años hasta adultas de sesenta. La misma mirada, el mismo miedo, y el mismo amor enfermizo.
No celebraré que se acabe esta absurda violencia bautizada de género, erróneamente conceptualizada por las masas. Celebraré que Ana, o Esther, Laura o Manuela, fueron capaces de abrir los ojos a una vida nueva. Que el amor no mata y por supuesto nunca hay que morir por amor. Y ellas lo descubrieron a tiempo. Celebraré que algunas instituciones funcionan y estas mujeres no están solas en su lucha.
Celebraré que hay hombres que responden ante la justicia de sus crueles actos. Celebraré que la falta ya es delito. Celebraré que somos más y mejores.
No hay día sin violencia. La violencia marca nuestro día a día.

Tengo en mi memoria, relatos de las mujeres que pasaron por mi lado desde jóvenes de 19 años hasta adultas de sesenta. La misma mirada, el mismo miedo, y el mismo amor enfermizo.
No celebraré que se acabe esta absurda violencia bautizada de género, erróneamente conceptualizada por las masas. Celebraré que Ana, o Esther, Laura o Manuela, fueron capaces de abrir los ojos a una vida nueva. Que el amor no mata y por supuesto nunca hay que morir por amor. Y ellas lo descubrieron a tiempo. Celebraré que algunas instituciones funcionan y estas mujeres no están solas en su lucha.
Celebraré que hay hombres que responden ante la justicia de sus crueles actos. Celebraré que la falta ya es delito. Celebraré que somos más y mejores.
No hay día sin violencia. La violencia marca nuestro día a día.






