A SOFÍA
No tengo más que un puñado de poemas
escritos con sal, arena y mar.
No me quedó de ella más que un rostro empañado
por la equivocación.
Ni sé de playa ni gaviota que me acompañe en mi soledad.
Soledad, más que negra, blanca.
Como la espera del inocente
en la noche callada y ausente.
Me dejó los frutos de su alma,
Colores plasmados en palabras.
Sus amores.
Los releo como si a ella la escuchara.
Y no encuentro más reclamo
a su vuelta
que mi desolada voz
y la orfandad de mi corazón.
escritos con sal, arena y mar.
No me quedó de ella más que un rostro empañado
por la equivocación.
Ni sé de playa ni gaviota que me acompañe en mi soledad.
Soledad, más que negra, blanca.
Como la espera del inocente
en la noche callada y ausente.
Me dejó los frutos de su alma,
Colores plasmados en palabras.
Sus amores.
Los releo como si a ella la escuchara.
Y no encuentro más reclamo
a su vuelta
que mi desolada voz
y la orfandad de mi corazón.





