EN CLAUSURA (II)
En tan tierna edad, cuando las hormonas se adueñan de una misma y la vida es un hervidero de pasión y momentos fugaces, a ella no se le ocurre otra cosa que polarizar sus creencias y sus sentimientos entre los muros de un convento.
Era duro, o al menos contradictorio, vivir contra natura y a la vez creerse a salvo de la condenación.
Tenía más fe en ella que en Dios. Haciéndola el sentido de su existencia; llevando al extremo su adoración, su pasión, sus celos, sus éxtasis, sus miedos por ella y hacia ella.
¿Qué puede conducir a una joven a encerrarse entre los muros de un convento y alejarse del mundo?.
Fuera de esas paredes sus oraciones tenían siempre el mismo sujeto pasivo: ella.
En cambio dentro se tornaron más hacia sí misma, queriéndose liberar de ese amor tan egoísta.
La fiebre por el sexo a tan maravillosa edad obnubilaba su frente y buscaba en el silencio, entre la columnata del claustro y en el breviario, la fórmula que la liberara de ese filtro amoroso que la estaba envenenando.
Aún sin conseguir alejarla de sus pensamientos, se esforzaba en dotar al seso de razón y al alma de paz.
Sin hábito, porque para servir a Dios, no hay vestido más humilde que la piel al desnudo con todas sus bellezas e imperfecciones, decidió poner en orden sus ideas y reconducir sus pasiones.
Su celda, que sin estar prisionera, se le mostraba sencilla y sin artificios para no distraer al pensamiento, era un remanso de tranquilidad a cualquier hora. Las paredes desiertas, tan sólo una cruz le recordaba que Él era el único que la acompañaba en su soledad.
Una ventana por la cual mirar al mundo, de vez en cuando, la evadían de la realidad. Un mundo que allí dentro adquiría otras dimensiones: Por un lado, esa globalidad, que hacía patente las necesidades de las que éste adolece, ya sea en Oriente u Occidente.
Por otro lado, el principio de unidad. Entendiendo un mundo sin diferencias. Intentándolo acercar al plano humano, hasta desmembrarlo, acotarlo, reducirlo al universo conventual, desde donde parten las fuerzas invisibles que han de sustentar las fortalezas del hombre en su lucha contra la maldad: su propio egoísmo.
Fortalezas que en forma de oración viajan a través del tiempo y sólo son posibles desde la fe. Con la cual se visionan, se expresan y se comprenden.
Ella y Dios. No ganó ni uno ni otra.
Vivió al menos una temporada en armonía con su cuerpo y con su mente. También se engañó, creyéndose que podría ser mejor. Y el tiempo le demostró, que ni es buena ni es mala; sino que forma parte de las circunstancias existenciales del día a día y que solamente alcanzará el equilibrio atemporal cuando su vida culmine iluminada.
Su paso por clausura no alejó sus deseos hacia ella o hacia otras. Tampoco determinó una actitud que exhortara a la apostasía. Más bien quiso confiar en que el amor que por ambos sentía, era compatible con esos dogmas intolerables que otros admitían.
Hoy en día, de vez en cuando se relaja escuchando canto gregoriano y se eleva y se evade y se acuerda y se observa desde fuera. Y sentencia:
No sé que dios habitará en mi “ ka”. Si sé que del “ Ba” me ocupo yo y el “ Ahj” se lo encomiendo a la providencia
Era duro, o al menos contradictorio, vivir contra natura y a la vez creerse a salvo de la condenación.
Tenía más fe en ella que en Dios. Haciéndola el sentido de su existencia; llevando al extremo su adoración, su pasión, sus celos, sus éxtasis, sus miedos por ella y hacia ella.
¿Qué puede conducir a una joven a encerrarse entre los muros de un convento y alejarse del mundo?.
Fuera de esas paredes sus oraciones tenían siempre el mismo sujeto pasivo: ella.
En cambio dentro se tornaron más hacia sí misma, queriéndose liberar de ese amor tan egoísta.
La fiebre por el sexo a tan maravillosa edad obnubilaba su frente y buscaba en el silencio, entre la columnata del claustro y en el breviario, la fórmula que la liberara de ese filtro amoroso que la estaba envenenando.
Aún sin conseguir alejarla de sus pensamientos, se esforzaba en dotar al seso de razón y al alma de paz.
Sin hábito, porque para servir a Dios, no hay vestido más humilde que la piel al desnudo con todas sus bellezas e imperfecciones, decidió poner en orden sus ideas y reconducir sus pasiones.
Su celda, que sin estar prisionera, se le mostraba sencilla y sin artificios para no distraer al pensamiento, era un remanso de tranquilidad a cualquier hora. Las paredes desiertas, tan sólo una cruz le recordaba que Él era el único que la acompañaba en su soledad.
Una ventana por la cual mirar al mundo, de vez en cuando, la evadían de la realidad. Un mundo que allí dentro adquiría otras dimensiones: Por un lado, esa globalidad, que hacía patente las necesidades de las que éste adolece, ya sea en Oriente u Occidente.
Por otro lado, el principio de unidad. Entendiendo un mundo sin diferencias. Intentándolo acercar al plano humano, hasta desmembrarlo, acotarlo, reducirlo al universo conventual, desde donde parten las fuerzas invisibles que han de sustentar las fortalezas del hombre en su lucha contra la maldad: su propio egoísmo.
Fortalezas que en forma de oración viajan a través del tiempo y sólo son posibles desde la fe. Con la cual se visionan, se expresan y se comprenden.
Ella y Dios. No ganó ni uno ni otra.
Vivió al menos una temporada en armonía con su cuerpo y con su mente. También se engañó, creyéndose que podría ser mejor. Y el tiempo le demostró, que ni es buena ni es mala; sino que forma parte de las circunstancias existenciales del día a día y que solamente alcanzará el equilibrio atemporal cuando su vida culmine iluminada.
Su paso por clausura no alejó sus deseos hacia ella o hacia otras. Tampoco determinó una actitud que exhortara a la apostasía. Más bien quiso confiar en que el amor que por ambos sentía, era compatible con esos dogmas intolerables que otros admitían.
Hoy en día, de vez en cuando se relaja escuchando canto gregoriano y se eleva y se evade y se acuerda y se observa desde fuera. Y sentencia:
No sé que dios habitará en mi “ ka”. Si sé que del “ Ba” me ocupo yo y el “ Ahj” se lo encomiendo a la providencia
Comentario:
Realmente me encanta como escribes...
Si, con tu cuenta de hotmail podemos hablar.
Si no sabes bien como hacerlo siempre me puedes dar tu dirección y yo te agregaré.
Besos mil!
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