¿FANTASÍA O REALIDAD?
Con él no pudo. Tras observarlos largo rato, le llegó su momento. Estaba deseosa, se sentía con ganas. Atrevimiento no le faltaba, pero con él no pudo.
Todo surgió frívolamente una noche mientras los tres cenaban después de haber pasado una larga temporada sin verse. Más de un año sin saber de ellos ni ellos de ella.
Parecía como si el tiempo no hubiera pasado. Con ellos el tiempo nunca pasa, puesto que son familiarmente cercanos.
Ella estaba esa noche preciosa, su amiga también y él algo más simpático de lo habitual.
La cena fue ligera, ya que no acostumbraban a comer copiosamente, puesto que después se enfrascaban largas horas bebiendo y charlando, y por tanto no perdían el tiempo en prolongar sus cenas.
Esa noche prometía, porque los tres irradiaban alegría y entusiasmo. De verdad se alegraban de verse y se notaba a cada momento. Ellas se abrazaban como niñas y se hacían gestos cariñosos. Él compartía esa complicidad cogiéndolas de la cintura y atrayéndolas hacia sí en actitud protectora.
Las copas no se hicieron esperar. Sin mezclar, puesto que no era de su gusto tal costumbre; se embarcaron en ron y coca-cola. Reían, hablaban de tiempos mejores y no permitieron que las dificultades del presente emborronaran un ápice la felicidad que sentían por ese reencuentro.
-Nunca lo hemos hecho-Dijo Sophie.
-Nunca hemos hecho, ¿qué?- Contestó él.
-Un trío-
Las risas no se hicieron esperar.
-Pues no. Cierto. Nunca se nos ha ocurrido-Respondió él de manera incrédula a lo preguntado.
- A mí sí- .
- Y a mí- Dijeron Sophie y su amiga.
-Bueno de vosotras me espero cualquier cosa.- Roberto soltó una carcajada- Pero, cuando dices hacer un trío. A quién te refieres, ¿Sophie?-
- A nosotros tres.-
Se hizo un silencio. Él tragó saliva. Ellas se miraron y sonrieron. Guardaban un secreto desde hace años que él desconocía.
-Pero...¿si a ti no te gustan los hombres?- Confundido se dirigió a Sophie.
-Y a Carmen, que yo sepa, las mujeres ni fu ni fa-
-Eso, querido, tú mismo lo has dicho. Que tu sepas.- Bromeó Carmen.
-Mira Roberto. Es cierto que mi vista recorre antes las caras de cien mujeres que la de un sólo hombre. Pero, con formar un trío me estoy refiriendo sencillamente a mantener una experiencia sexual nada más. Y de experimentar con algún hombre, me agradaría que fuera contigo porque sé como eres-
-¿Será con mi autorización, no?. Carmen, seguía bromeando.
- No me hará falta, porque sería divertido experimentar contigo también a la vez-
Los tres soltaron una carcajada.
-¡Joder, no te cortas nada!- Contestó Roberto
-Cortarme. ¿De qué?. Somos amigos, no estaría en mejores manos que en las vuestras y respecto a mí, que deciros que no sepais ya.-
Las dos chicas se volvieron a mirar de soslayo. La mirada entrañaba algo más; un desafío. Las dos sabían que él aceptaría el juego.
La noche iba cayendo y los lugares a los que solían ir a beber ya iban cerrando. Ellos estaban entrados en calor y con ganas de divertirse.
Dejaron por el momento esa conversación y bromearon acerca de romances juveniles, aventuras, amores y desamores.
Se conocían desde siempre. Sophie había tenido varia parejas y un sin fin de romances poco afortunados. Era lo que se podía decir, una oveja descarriada, siempre con ganas de meterse en líos o al menos hacer un guiño a la suerte, a la vida, al amor y una cabronada al sexo, puesto, que siempre había sido muy dominante en este aspecto y gustaba de poner en un brete a sus parejas con proposiciones poco ortodoxas.
Las noches de Madrid eran fantásticas durante el mes de Agosto. Muchos de sus residentes veraneaban fuera por no decir la mayoría y disfrutar del centro un jueves por la noche, era simplemente un privilegio.
-Voy cardiaca- Comento Sophie.
Carmen, se echó a reír. Pasó un brazo por el hombro de su amiga y le susurró al oído. ---Eres mala.-
-Sí. Y tú también-
-Bueno chicas. ¿Y ahora, qué?. Ya hemos cerrado todos los bares de la zona.
- Vamos a mi casa. Allí tengo alcohol para tumbar a un elefante- Dijo Sophie.
-No sé si me cabe una gota más- Dijo Carmen.- Pero, vamos. Lo que necesito es quitarme estos tacones que me están matando.-
La casa de Sophie estaba situada en uno de los mejores barrios de Madrid y muy cerca del lugar del que se encontraban.
Ya en su apartamento. Un ático desde el que se divisaba toda la ciudad. Carmen se despojó de sus tacones. Roberto se quitó la americana y Sophie ambientó el momento con su diva favorita.
-Siempre me gustó esta mujer. Me pone la piel de gallina como canta.
-Siempre tuviste buen gusto cariño-. Le dijo Carmen.
-Bueno, Sophie. ¿Dónde están esas copas?.
-Roberto, mi vida, ¿no has bebido ya demasiado?. Luego ya sabes lo que te ocurre.
-Sí lo sé, pero me tomaré la última si alguna de vosotras quiere acompañarme.-
-Eso está hecho-. Dijo Sophie.
Sacó una botella de ron añejo y a pelo con unos cubitos de hielo, se sirvieron la última copa. Carmen, descansaba en un sillón de piel blanco y contemplaba las vistas desde el ventanal .
-Estas guapísima hoy Sophie. La verdad que el tiempo no hace mella en ti.- La aduló, Roberto.
- Gracias. Hoy tu también estás especialmente atractivo.
-¿De verdad hablabas en serio, cuando comentaste lo del trío?.
-Claro que sí. ¿Por qué no?. Tu no me desagradas y te tengo mucho cariño, Carmen es mi mejor amiga y la quiero muchísimo y yo creo que soy de fiar. Ya sabes.... No tengo ninguna enfermedad ni he tenido relaciones con personajes dudosos...Además, ¡qué carajo!. Me apetece hacer el amor con un hombre y me gustaría que fueras tú.-
Sophie estaba decidida a que esa noche Roberto rompiera con sus tabúes.
-¡Eh, vosotros!, ¿qué cuchicheais a mis espaldas?.- Preguntaba Carmen, entre risas.
- ¿Crees que Carmen, accederá a ello?-
-De Carmen me ocupo yo, no te preocupes.- Resolvió Sophie, segura de lo que decía.
Roberto se acercó a su mujer, que tenía la mirada perdida en el cielo de Madrid y acercándose a ella por la espalda comenzó a besarle el cuello. Ella cerró los ojos instintivamente y con placer se abandonó a los gestos cariñosos de su chico.
Roberto, se adelantó hacia ella, dejó su copa en el suelo y comenzó a acariciar las piernas de Carmen. Desde el suelo y de rodillas, iba recorriendo sus tobillos, sus gemelos, sus rodillas, besando todo lo que tocaba con sus manos. Haciendo círculos, despacio y de forma pronunciada.
Sophie que estaba al otro lado del salón, observaba la escena mientras sostenía su ron y sin hacer ruido se fue acercando hacia la pareja, se sitúo a unos metros frente a ellos y sin llamar la atención disfrutó del momento.
-Es una pareja perfecta. –pensaba, mientras veía como a Roberto se le iba enrojeciendo la cara, las manos se le volvían nerviosas y su boca ya estaba a pocos centímetros del pubis de su mujer.
Ella no abrió los ojos, se dejó hacer. Sus labios se entreabrían y sonreía. Sabía que Sophie no andaría muy lejos y eso le provocaba mayor excitación. No era la primera vez que se veía en esas circunstancias y quien recorriera su cuerpo de arriba abajo fuera Sophie. Roberto lo desconocía. Estas mujeres tenían muy claro que la vida amorosa no es de dos sino de una misma. Eso lo aprendieron después de haber sufrido mucho siendo sinceras cuando contaban a sus amantes otras relaciones. Hay cosas que pertenecen al ámbito privado, privadísimo y sólo son de una. Su relación con Sophie, sus escarceos, eran un secreto que ambas tenían bien guardado y jamás confesarían.
Roberto seguía indagando por la entrepierna de Carmen, olvidándose de la presencia de Sophie.
Ésta, viendo el grado de excitación en el que Carmen iba entrando, decidió acercarse a ellos. Puso su dedo índice sobre los labios de Roberto haciéndole el gesto de que guardara silencio. Este, asintió. Sonrió y accedió.
Mientras Roberto iba despojando a Carmen de su ropa, Sophie como una loba se adhirió a los labios de Roberto, intentaba besarle en una posición un tanto incómoda y éste ebrio y llevado por la emoción, se apresuró a desvestir a su pareja.
Carmen abrió los ojos y vio a Sophie frente a ella con una mirada maléfica. Carmen comprendió en el acto sus propósitos, se levanto y se dirigió al dormitorio.
Roberto apuró el ron de su copa y le dijo a Sophie. –Esta noche vas a tener tu trío-..........
Todo surgió frívolamente una noche mientras los tres cenaban después de haber pasado una larga temporada sin verse. Más de un año sin saber de ellos ni ellos de ella.
Parecía como si el tiempo no hubiera pasado. Con ellos el tiempo nunca pasa, puesto que son familiarmente cercanos.
Ella estaba esa noche preciosa, su amiga también y él algo más simpático de lo habitual.
La cena fue ligera, ya que no acostumbraban a comer copiosamente, puesto que después se enfrascaban largas horas bebiendo y charlando, y por tanto no perdían el tiempo en prolongar sus cenas.
Esa noche prometía, porque los tres irradiaban alegría y entusiasmo. De verdad se alegraban de verse y se notaba a cada momento. Ellas se abrazaban como niñas y se hacían gestos cariñosos. Él compartía esa complicidad cogiéndolas de la cintura y atrayéndolas hacia sí en actitud protectora.
Las copas no se hicieron esperar. Sin mezclar, puesto que no era de su gusto tal costumbre; se embarcaron en ron y coca-cola. Reían, hablaban de tiempos mejores y no permitieron que las dificultades del presente emborronaran un ápice la felicidad que sentían por ese reencuentro.
-Nunca lo hemos hecho-Dijo Sophie.
-Nunca hemos hecho, ¿qué?- Contestó él.
-Un trío-
Las risas no se hicieron esperar.
-Pues no. Cierto. Nunca se nos ha ocurrido-Respondió él de manera incrédula a lo preguntado.
- A mí sí- .
- Y a mí- Dijeron Sophie y su amiga.
-Bueno de vosotras me espero cualquier cosa.- Roberto soltó una carcajada- Pero, cuando dices hacer un trío. A quién te refieres, ¿Sophie?-
- A nosotros tres.-
Se hizo un silencio. Él tragó saliva. Ellas se miraron y sonrieron. Guardaban un secreto desde hace años que él desconocía.
-Pero...¿si a ti no te gustan los hombres?- Confundido se dirigió a Sophie.
-Y a Carmen, que yo sepa, las mujeres ni fu ni fa-
-Eso, querido, tú mismo lo has dicho. Que tu sepas.- Bromeó Carmen.
-Mira Roberto. Es cierto que mi vista recorre antes las caras de cien mujeres que la de un sólo hombre. Pero, con formar un trío me estoy refiriendo sencillamente a mantener una experiencia sexual nada más. Y de experimentar con algún hombre, me agradaría que fuera contigo porque sé como eres-
-¿Será con mi autorización, no?. Carmen, seguía bromeando.
- No me hará falta, porque sería divertido experimentar contigo también a la vez-
Los tres soltaron una carcajada.
-¡Joder, no te cortas nada!- Contestó Roberto
-Cortarme. ¿De qué?. Somos amigos, no estaría en mejores manos que en las vuestras y respecto a mí, que deciros que no sepais ya.-
Las dos chicas se volvieron a mirar de soslayo. La mirada entrañaba algo más; un desafío. Las dos sabían que él aceptaría el juego.
La noche iba cayendo y los lugares a los que solían ir a beber ya iban cerrando. Ellos estaban entrados en calor y con ganas de divertirse.
Dejaron por el momento esa conversación y bromearon acerca de romances juveniles, aventuras, amores y desamores.
Se conocían desde siempre. Sophie había tenido varia parejas y un sin fin de romances poco afortunados. Era lo que se podía decir, una oveja descarriada, siempre con ganas de meterse en líos o al menos hacer un guiño a la suerte, a la vida, al amor y una cabronada al sexo, puesto, que siempre había sido muy dominante en este aspecto y gustaba de poner en un brete a sus parejas con proposiciones poco ortodoxas.
Las noches de Madrid eran fantásticas durante el mes de Agosto. Muchos de sus residentes veraneaban fuera por no decir la mayoría y disfrutar del centro un jueves por la noche, era simplemente un privilegio.
-Voy cardiaca- Comento Sophie.
Carmen, se echó a reír. Pasó un brazo por el hombro de su amiga y le susurró al oído. ---Eres mala.-
-Sí. Y tú también-
-Bueno chicas. ¿Y ahora, qué?. Ya hemos cerrado todos los bares de la zona.
- Vamos a mi casa. Allí tengo alcohol para tumbar a un elefante- Dijo Sophie.
-No sé si me cabe una gota más- Dijo Carmen.- Pero, vamos. Lo que necesito es quitarme estos tacones que me están matando.-
La casa de Sophie estaba situada en uno de los mejores barrios de Madrid y muy cerca del lugar del que se encontraban.
Ya en su apartamento. Un ático desde el que se divisaba toda la ciudad. Carmen se despojó de sus tacones. Roberto se quitó la americana y Sophie ambientó el momento con su diva favorita.
-Siempre me gustó esta mujer. Me pone la piel de gallina como canta.
-Siempre tuviste buen gusto cariño-. Le dijo Carmen.
-Bueno, Sophie. ¿Dónde están esas copas?.
-Roberto, mi vida, ¿no has bebido ya demasiado?. Luego ya sabes lo que te ocurre.
-Sí lo sé, pero me tomaré la última si alguna de vosotras quiere acompañarme.-
-Eso está hecho-. Dijo Sophie.
Sacó una botella de ron añejo y a pelo con unos cubitos de hielo, se sirvieron la última copa. Carmen, descansaba en un sillón de piel blanco y contemplaba las vistas desde el ventanal .
-Estas guapísima hoy Sophie. La verdad que el tiempo no hace mella en ti.- La aduló, Roberto.
- Gracias. Hoy tu también estás especialmente atractivo.
-¿De verdad hablabas en serio, cuando comentaste lo del trío?.
-Claro que sí. ¿Por qué no?. Tu no me desagradas y te tengo mucho cariño, Carmen es mi mejor amiga y la quiero muchísimo y yo creo que soy de fiar. Ya sabes.... No tengo ninguna enfermedad ni he tenido relaciones con personajes dudosos...Además, ¡qué carajo!. Me apetece hacer el amor con un hombre y me gustaría que fueras tú.-
Sophie estaba decidida a que esa noche Roberto rompiera con sus tabúes.
-¡Eh, vosotros!, ¿qué cuchicheais a mis espaldas?.- Preguntaba Carmen, entre risas.
- ¿Crees que Carmen, accederá a ello?-
-De Carmen me ocupo yo, no te preocupes.- Resolvió Sophie, segura de lo que decía.
Roberto se acercó a su mujer, que tenía la mirada perdida en el cielo de Madrid y acercándose a ella por la espalda comenzó a besarle el cuello. Ella cerró los ojos instintivamente y con placer se abandonó a los gestos cariñosos de su chico.
Roberto, se adelantó hacia ella, dejó su copa en el suelo y comenzó a acariciar las piernas de Carmen. Desde el suelo y de rodillas, iba recorriendo sus tobillos, sus gemelos, sus rodillas, besando todo lo que tocaba con sus manos. Haciendo círculos, despacio y de forma pronunciada.
Sophie que estaba al otro lado del salón, observaba la escena mientras sostenía su ron y sin hacer ruido se fue acercando hacia la pareja, se sitúo a unos metros frente a ellos y sin llamar la atención disfrutó del momento.
-Es una pareja perfecta. –pensaba, mientras veía como a Roberto se le iba enrojeciendo la cara, las manos se le volvían nerviosas y su boca ya estaba a pocos centímetros del pubis de su mujer.
Ella no abrió los ojos, se dejó hacer. Sus labios se entreabrían y sonreía. Sabía que Sophie no andaría muy lejos y eso le provocaba mayor excitación. No era la primera vez que se veía en esas circunstancias y quien recorriera su cuerpo de arriba abajo fuera Sophie. Roberto lo desconocía. Estas mujeres tenían muy claro que la vida amorosa no es de dos sino de una misma. Eso lo aprendieron después de haber sufrido mucho siendo sinceras cuando contaban a sus amantes otras relaciones. Hay cosas que pertenecen al ámbito privado, privadísimo y sólo son de una. Su relación con Sophie, sus escarceos, eran un secreto que ambas tenían bien guardado y jamás confesarían.
Roberto seguía indagando por la entrepierna de Carmen, olvidándose de la presencia de Sophie.
Ésta, viendo el grado de excitación en el que Carmen iba entrando, decidió acercarse a ellos. Puso su dedo índice sobre los labios de Roberto haciéndole el gesto de que guardara silencio. Este, asintió. Sonrió y accedió.
Mientras Roberto iba despojando a Carmen de su ropa, Sophie como una loba se adhirió a los labios de Roberto, intentaba besarle en una posición un tanto incómoda y éste ebrio y llevado por la emoción, se apresuró a desvestir a su pareja.
Carmen abrió los ojos y vio a Sophie frente a ella con una mirada maléfica. Carmen comprendió en el acto sus propósitos, se levanto y se dirigió al dormitorio.
Roberto apuró el ron de su copa y le dijo a Sophie. –Esta noche vas a tener tu trío-..........





