DESESPERANZA
¡Qué me enseñen a vivir que se me ha olvidado!. Vuelve tus ojos mi dios a mis ruegos que me quedé huérfana y sin amparo. Acaso cuando respiro mis pulmones extraen suspiros y el aire que ha de alimentar mis venas se ha vuelto denso y sin propiedades. La desgracia me acompaña, es fiel amiga y qué desdicha tener tan leal compañera puesto que mi descanso entre lágrimas cobija.
¿Qué darle a mi corazón cuando ya no tiene vida?. ¿A qué plegaria acogerme, a qué santo, a quién? Si más desierta no puede estar mi acera.
Me miro las manos y ya no me acuerdo de rezar, pero, te ruego que vuelvas a abrazarme en la oscuridad, que me devuelvas la sonrisa, que alejes de mí el miedo. Ya no es súplica mi lamento. ¡Dios mío, es ruego!.
En la infinita humanidad que me atropella hacia los sentimientos más puros, descubro que la inocencia de una inmadura mujer asoma por entre mis carnes. Creo creer que no sabré valerme sin su sostén, y los sesos se revientan entre los huesos de la cabeza, volviéndose de otra materia que lejos de enfundarse en la razón le anegan de emociones.
No quiero tener corazón, mi dios. ¿Por qué me tocó sentir tanto? ¿Por qué tanta dosis de pasión?. Querría ser más orgullo y menos pulsión. Quisiera que mi pecho latiera de ambición y no, como ahora estuviera roto de dolor.
Hasta los fantasmas amigos e imaginarios me han abandonado. De nadie encuentro consuelo por este amor tan desmesurado. Me muero, lentamente y ella no me da remedio. De amor, ¡de amor también se muere!.Y es preferible una bala a este infierno, que a marcha lenta, te va consumiendo.
Sólo quería amarte, mi vida. ¿Tan difícil te resulta amarme?. ¿Tan imposible extender tus brazos y dejar que mi cuerpo en ti descanse?. ¿Tanto es pedirte que sea tu luna, tus estrellas y que no te conformes con menos ni con falsos cometas?
Amor. Si ya no eres mía. Devuélveme mi vida. Dios, si me equivoqué en la elección, no aumentes mi soledad y mi tristeza con lo que pudiera haber sido y por temor nunca será.
¿Qué darle a mi corazón cuando ya no tiene vida?. ¿A qué plegaria acogerme, a qué santo, a quién? Si más desierta no puede estar mi acera.
Me miro las manos y ya no me acuerdo de rezar, pero, te ruego que vuelvas a abrazarme en la oscuridad, que me devuelvas la sonrisa, que alejes de mí el miedo. Ya no es súplica mi lamento. ¡Dios mío, es ruego!.
En la infinita humanidad que me atropella hacia los sentimientos más puros, descubro que la inocencia de una inmadura mujer asoma por entre mis carnes. Creo creer que no sabré valerme sin su sostén, y los sesos se revientan entre los huesos de la cabeza, volviéndose de otra materia que lejos de enfundarse en la razón le anegan de emociones.
No quiero tener corazón, mi dios. ¿Por qué me tocó sentir tanto? ¿Por qué tanta dosis de pasión?. Querría ser más orgullo y menos pulsión. Quisiera que mi pecho latiera de ambición y no, como ahora estuviera roto de dolor.
Hasta los fantasmas amigos e imaginarios me han abandonado. De nadie encuentro consuelo por este amor tan desmesurado. Me muero, lentamente y ella no me da remedio. De amor, ¡de amor también se muere!.Y es preferible una bala a este infierno, que a marcha lenta, te va consumiendo.
Sólo quería amarte, mi vida. ¿Tan difícil te resulta amarme?. ¿Tan imposible extender tus brazos y dejar que mi cuerpo en ti descanse?. ¿Tanto es pedirte que sea tu luna, tus estrellas y que no te conformes con menos ni con falsos cometas?
Amor. Si ya no eres mía. Devuélveme mi vida. Dios, si me equivoqué en la elección, no aumentes mi soledad y mi tristeza con lo que pudiera haber sido y por temor nunca será.





