logotipo

img_google
a l@s que nadie cuida
heterogeneo
Acerca de
Siempre en guardia.....vivir por ti y para ti.
 
...................
Andaba despistada, absorta en la nada. Me paré frente a un parque, me senté en un bordillo, podía haberme sentado en cualquier banco de los que había alrededor de una pequeña fuente, pero preferí, no sé porqué, retirarme a un lugar más solitario y me senté en un bordillo de esos que cercan los jardines. Estaba atardeciendo, mi pensamiento no estaba en ninguna parte y mi vista vagaba por el lugar. Entonces reparé en un ruido, era un animal. Un perro. Estaba solo, al igual que yo, parecía estar merodeando sin sentido por el lugar, daba vueltas olisqueándolo todo hasta que sin saber cómo, se fue acercando a mí. Tenia un aspecto lamentable. Era un saquito de huesos, delgadito, delgadito. Yo llevaba una chocolatina en el bolsillo de mi chaqueta. La saqué, le llamé y se la ofrecí. Me miraba con desconfianza hasta que el hambre le hizo capitular. Le acerqué la chocolatina al morro. Y muy despacio, como si tuviera miedo, comenzó a lamerla. Poco a poco, se fue arrimando más, hasta que le tuve sentado frente a mí, mirándome con unos ojos infinitamente oscuros y tristes, profundamente tristes. En su cuello se dejaba ver un raído collar, descolorido, viejo.

-Vaya, si tienes amos. Y ¿por qué estás aquí solo?. ¿Dónde se han metido tus dueños?-

Giré la vista hacia un lado y hacia el otro; no vi a nadie. Supuse que por su aspecto, al pobre chucho le habían abandonado.

-Ya somos dos, bonito.-

El canelo, terminó de zamparse todo el chocolate y mientras se relamía los bigotes, yo le acariciaba el lomo. A pesar de su aspecto desaliñado, su pelaje era sedoso.

-Buen chico. ¿Por qué eres chico, ¿verdad?-

Me asomé y lo corroboré. Era un perro de armas tomar. Sin esperarlo y para mi sorpresa, mi acompañante me arremetió con su cabeza. Un gesto cariñoso que yo le devolví. Le acaricié la suya y le sacudí las orejas cariñosamente.
Me miraba, el perro me miraba como si tratara de decirme algo. Le miré; durantes unos segundos nos hablamos con la mirada. Me levanté y se levantó.

-¿Vas a venir conmigo?. –

Comencé a caminar y como era de esperar el animal me siguió.

-¿No te vas a marchar?,¿no tengo más comida?-

Y no, no se marchó, muy al contrario se pegó a mi muslo, me dio una sacudida con el rabo, me agaché y le acaricié la cabeza.

-¿Por qué no?. Tú estás solo y a mi me vendría bien una mascota. Yo te cuidaré y te daré el cariño que tu familia no te ha dado. Mi casa es grande y será cuestión de acostumbrarse, tu a mí y yo a tu presencia. Creo que ya va siendo hora de dejarme "domesticar".


No