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Las irrealidades de los sueños son en apariencia tan tangibles, que cuando abro los ojos, reparo unos segundos en pensar dónde estoy. La antigüedad se hace dueña de mi almohada y me descubre un mundo de gentes de una sola sangre.
¿Existió un mundo con gentes de una sola sangre?.Creo que no. La pureza nunca existió. Y a mi juicio (siempre muy modesto y particular), las razas no son más que otras tantas mezclas de los seres más primigenios. Pero, ¿y las culturas?. ¿Existen culturas puras?. Puesto que son fruto de las relaciones humanas y por extensión, sociales, cabría deducir, que tampoco la culturas o las distintas culturas son puras. Será cuestión de averiguarlo.....
Pues, yo sueño con la pureza de sangre, y se me manifiesta como algo indestructible e intocable, puesto que está por encima de lo que los seres humanos de esta sociedad concebimos. No se muestra como presencia etérea, ya que son personas de carne y hueso, con tradiciones, costumbres, ritos, normas, valores, límites y cultura propia. Gentes de una sola sangre que no se diferencian de ti o de mi, puesto que sienten, sufren, ríen, juegan, construyen y se equivocan. Pero son únicos. Se mueven por patrones fijos de existencia y supervivencia.
Elaboran pensamientos que yo no entiendo porque más que en la materia y en lo palpable, su vida está orientada hacia lo ideal, desarrollando una inteligencia paralela a la mía, pero superior. Sin complejos ni barreras.
Dentro de mi sueño. Aparece Boabdil, el último rey de Granada. Él habla de la pureza de sangre y de cómo su propio pueblo está compuesto de muladíes, mozárabes, mudéjares, abencerrajes. De cómo su pueblo no puede decirse que sea su patria, porque la pureza, a la que él se refiere, no se encuentra en la carne sino en el alma, y ésta se echó a perder, en cuanto, su pueblo la intercambió por la ambición. Creo que Boabdil, confundía la mancha con la mezcla.
En nombre de la pureza, ¡qué barbaridades se han cometido!, y ya no me refiero a la perpetuación de razas únicas; sino a las crueldades que hemos desarrollado y llevado a cabo hacia todo aquel o aquella que no aparecía limpio, salvable, digno de nosotros y de nuestra comunidad.
En la irrealidad, en la que cada noche se despierta mi cuerpo, en esas otras galaxias, no sé sí más perfectas o ideales de la mía propia y a la que yo pertenezco, el mundo se dibuja en blancos y negros, en colores y dimensiones perfectamente habitables, y aunque fuertemente reales, tan lejanas de alcanzar por mí, que me tengo que conformar en cada despertar por quedarme con un rastro, aunque pequeño, de mi paso por ellas y que me vayan conformando, aunque siga siendo en este lugar, en alguien único, que no puro. Hablar de pureza, se me escapa a los sentidos. Y es muy fácil caer en perversiones, violencias, injusticias, por defenderla, crearla, buscarla, y mantenerla.
¿Existió un mundo con gentes de una sola sangre?.Creo que no. La pureza nunca existió. Y a mi juicio (siempre muy modesto y particular), las razas no son más que otras tantas mezclas de los seres más primigenios. Pero, ¿y las culturas?. ¿Existen culturas puras?. Puesto que son fruto de las relaciones humanas y por extensión, sociales, cabría deducir, que tampoco la culturas o las distintas culturas son puras. Será cuestión de averiguarlo.....
Pues, yo sueño con la pureza de sangre, y se me manifiesta como algo indestructible e intocable, puesto que está por encima de lo que los seres humanos de esta sociedad concebimos. No se muestra como presencia etérea, ya que son personas de carne y hueso, con tradiciones, costumbres, ritos, normas, valores, límites y cultura propia. Gentes de una sola sangre que no se diferencian de ti o de mi, puesto que sienten, sufren, ríen, juegan, construyen y se equivocan. Pero son únicos. Se mueven por patrones fijos de existencia y supervivencia.
Elaboran pensamientos que yo no entiendo porque más que en la materia y en lo palpable, su vida está orientada hacia lo ideal, desarrollando una inteligencia paralela a la mía, pero superior. Sin complejos ni barreras.
Dentro de mi sueño. Aparece Boabdil, el último rey de Granada. Él habla de la pureza de sangre y de cómo su propio pueblo está compuesto de muladíes, mozárabes, mudéjares, abencerrajes. De cómo su pueblo no puede decirse que sea su patria, porque la pureza, a la que él se refiere, no se encuentra en la carne sino en el alma, y ésta se echó a perder, en cuanto, su pueblo la intercambió por la ambición. Creo que Boabdil, confundía la mancha con la mezcla.
En nombre de la pureza, ¡qué barbaridades se han cometido!, y ya no me refiero a la perpetuación de razas únicas; sino a las crueldades que hemos desarrollado y llevado a cabo hacia todo aquel o aquella que no aparecía limpio, salvable, digno de nosotros y de nuestra comunidad.
En la irrealidad, en la que cada noche se despierta mi cuerpo, en esas otras galaxias, no sé sí más perfectas o ideales de la mía propia y a la que yo pertenezco, el mundo se dibuja en blancos y negros, en colores y dimensiones perfectamente habitables, y aunque fuertemente reales, tan lejanas de alcanzar por mí, que me tengo que conformar en cada despertar por quedarme con un rastro, aunque pequeño, de mi paso por ellas y que me vayan conformando, aunque siga siendo en este lugar, en alguien único, que no puro. Hablar de pureza, se me escapa a los sentidos. Y es muy fácil caer en perversiones, violencias, injusticias, por defenderla, crearla, buscarla, y mantenerla.





