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a l@s que nadie cuida
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Siempre en guardia.....vivir por ti y para ti.
 
El Chabolo 17
No llegué a tocar la puerta cuando la oí sollozar.
-¡Otra vez.!.Esto no puede seguir así .- Pensé acongojada.
Golpeé la puerta un par de veces, la nombré y esperé unos segundos antes de abrir. Allí estaba de pie de espaldas a mí, le di los buenos días y ella respondió secamente.
-¿Le pasa algo?.- Pregunté.
- No, no me pasa nada. Gracias- Contestó sin girarse.
Mentía. Claro que algo le ocurría. No era el momento para hablarlo. Yo sabía que a lo largo del día me buscaría para hablar sobre ello. Sólo tenía que esperar, tiempo era lo que nos sobraba a ambas. Se solía mostrar distante cuando algo le rondaba en la cabeza y terminaba conversando conmigo sobre sus preocupaciones. Supuse que era mejor no agobiarla, ella vendría a mí más tarde.
Annais llevaba unos días extraña. Yo había sido advertida de sus depresiones y por ello estaba más alerta que nunca a sus cambios de humor. De no mejorar en un par de días, le darían de baja y le mandarían a la enfermería pero ayer sonreía demasiado, la vi feliz y no le di importancia, creí que se estaba acomodando a su nueva situación y empezaba a adaptarse al lugar. Que me saludara de espaldas no me extrañó. No era la primera ni la última mujer que lo hacía. En algunas, era claramente un síntoma de rebelión o de apatía, aunque no era normal en ella, no le presté atención y lo dejé pasar. Esa mañana, me equivoqué en ser tan ingenua, obvié lo más importante, velar por su integridad psicológica y física.
No pasaron ni veinte minutos y observé que no había bajado a desayunar. De inmediato lo comuniqué y corrí a buscarla. Según corría por el jardín mi cabeza se iba temiendo lo peor. Y empecé a recordar lo que habíamos hablado en días pasados.

- Me han quitado a mi nenita. ¡Por un hijo de puta me han quitado a mi nenita.! El amor a veces te obliga a hacer tantas tonterías...!. !Y cuánto me arrepiento de lo que hice porque ahora no tengo a mi nenita. ! -
-Eres muy joven y la vida te da una segunda oportunidad. La recuperarás-
- ¿Usted cree?-
- Todo depende de ti, ya lo sabes.-
- Es tan difícil. Sólo encuentro rechazo y odio en los ojos que me miran. Tan sólo la maestra me ofrece la posibilidad de tener algo que en mi país no tuve, educación.
Yo corrí hacia él, señorita, y no veía más allá de lo que él me pedía. Sólo quería complacerle, él era lo único que tenía en ese momento. Hasta mi esperanza, mis ilusiones, mi vida. Y ahora cuando pienso que en cinco minutos mi vida se vio truncada y que por él perdí a mi bebé... Él me prometió tantas cosas. Todo parecía que iba a salir bien y ahora... ya me ve. Yo aquí, pagando por él y mi hija en brazos de unos desconocidos sin saber que tiene una mamá.-
- Tranquila Annais. Todo se arreglará.-
- Él me dijo que sería la última vez y yo le creí porque le amaba. Mis sentimientos, que no puedo explicarle, eran incontrolables, infinitos. Estaba ciega.-
-No te tortures más. Ya nada puedes hacer, tan sólo luchar por salir cuánto antes de aquí y aprovechar las oportunidades que se te brinden-
- ¡Ay, sí!. Muchas gracias por ayudarme tanto. Es usted tan amable...-
-No debes estar así. Anímate. Anímate, que todo se arreglará.-
-¡Sí, sí!. Gracias. Gracias señorita-

Llegué sin aliento, la puerta seguía como la dejé. Grité su nombre y no escuché ninguna respuesta. Abrí la puerta, el hierro pesaba más que nunca y la vi tumbada en la cama, la camiseta ensangrentada y dos cortes en las muñecas. Esta vez eran de verdad.
-¡Joder, joder!. !Annais, Annais, despierta!-
Salí a dar aviso de lo ocurrido y volví junto a ella. Seguía inconsciente y la sangre no dejaba de empapar su ropa y comenzar a manchar la mía. Noté como se iba perdiendo su pulso y yo nada podía hacer. Desesperada, comencé a besar su frente y a llorar.

- ¿Sabe señorita?. Estuve hablando con la maestra y dice que tengo muchas posibilidades de que me puedan integrar en un grupo para dentro de una semana y retomar mis estudios-
-Eso es estupendo. Se te ve muy contenta-
- Lo estoy. Y feliz, porque si consigo en el tiempo que me queda de estar aquí una formación, podré buscar un trabajo y demostrar que puedo hacerme cargo de mi bebé-
- Claro que sí. Eso es lo que te han recomendado.-
- ¡Ay, señorita!. Se imagina, estar fuera de aquí y empezar a vivir. Vivir fuera de aquí.
-Y lo lograrás. Saldrás, ya lo verás.-

Yo no sé qué torbellino sacudía mi mente. Mis brazos sostenían a una joven de veintinueve años sin apenas un hilo de vida. ¡Qué pecado más grande he cometido!. Pensé que no tendría valor para suicidarse. Valor le sobraba para morir, pero le faltó el valor suficiente para vivir.
No