logotipo

img_google
a l@s que nadie cuida
heterogeneo
Acerca de
Siempre en guardia.....vivir por ti y para ti.
 
Sin vestidos
Y sin máscaras. Sin pose ni papel que interpretar. Tal y como soy. Como siempre he sido, como quiera que aprendí a ser lo que muestro. Siendo perezosa para recordar y mucho más para hablar, recurro a escribir para no olvidar ciertas vivencias.
Tengo mil escenas en la cabeza, que no quiero echar en saco roto; ya que me hicieron sentirme viva. Unas son amorosas, otras eróticas, siguiendo por románticas, frívolas, puramente sexuales, peligrosas , violentas y hasta deshonestas. Recuerdo algunas de ellas.
Recuerdo una escena amorosa o llamémosla también tierna.
Era por entonces él, el protagonista. Tocaba el piano, era zurdo, cosa que le tenía un poco frustrado, ya que en su infancia le obligaban a dominar su otra mano con los problemas de cabeza que ello suponía; a base de tozudez, incomprensión, intolerancia y prejuicios, aprendió a la fuerza a ser ambidiestro. Yo estaba loca por él. Mi primer novio formal y el único. Nunca hicimos el amor, ni siquiera nos desgastamos las bocas a besos. Pero sí, recuerdo con intensidad su mirada, penetrante, viva, de ojos oscuros. Su pelo lacio y peinado con la raya a un lado, su tez morena, la barba de tres días que a veces se dejaba, su despiste, su sensibilidad, su tranquilidad, sus poemas..., era mi chico.
Era una noche estrellada, no sé que hacíamos en el internado, si era fin de semana y preparábamos algún acto, o era invierno y como en la sierra cae la noche enseguida, al terminar la salida por el pueblo y estar de vuelta para el estudio, nos sorprendió a última hora de la tarde la noche. Le recuerdo, cogiéndome de la mano. Éramos muy tímidos los dos, sí, yo también, aunque cueste creerlo, era hipertímida con ese chico, me arrebataba estar a su lado, pero no podía demostrárselo y siempre esperaba a que él tomase la iniciativa, y así nos fue, que otra se le adelantó.
Por entonces, éramos más amigos que otra cosa, pero nos guardábamos un cariño especial. Él se había enamorado de una tal Pilar, yo de una compañera de clase. Se lo conté, me lo contó.
Escena amorosa, porque por entonces, aunque todo era nuevo para los dos, nuestro amor no se diluyó, aunque jamás pudo desarrollarse. Nos queríamos mucho y nos respetábamos. Lo esbozamos tibiamente, con palabras, gestos, presencia, cartas, detalles, apenas unos besos, nunca sexo.
Esa noche le sentí más cerca que nunca porque amé la sinceridad con la que me hablaba, la confianza con la que me contaba que yo era lo más importante de su vida, pero, creía estar enamorado de otra chica. Sentí celos, porque egoístamente no quería perderlo, sabía que nunca conocería a otro hombre como él. Creo que me lamenté por haber sido tan lenta, tan niña, tan parada, tan tonta...
Nunca dejé de quererle, y tengo sus mejores dibujos pegados en mis carpetas, su mirada en mi frente, su sonrisa en mi corazón.
Esa noche, con un cielo estrellado, me agarró más fuerte que nunca, me miró, y muy serio, me habló. Sé que lo había perdido, pero me sentí feliz por él y por mí. Feliz por mí, porque dí con un hombre que comprendió mi apasionamiento por una mujer y por él, porque encontró a la que sería la madre de sus hijos.
No