desempolvando cosas...
Estoy acostumbrada a trasnochar; veo pasar las horas mientras mis ojos se fijan en cualquier espacio del salón semioscuro, porque otras de las cosas que acompañan mis insomnios tumbada en el sillón, es la oscuridad además de los recuerdos que se agolpan en mi cabeza cuando no puedo dormir. Ni la noche me asusta ni el silencio, aunque hoy en día es todo un lujo disfrutar de una noche de silencio, porque cuando no te sobresaltan las voces del vecino del quinto o sus ronquidos, pasa por tu terraza algún adolescente de esos a los que le flipa llevar la moto con el tubo de escape en stereo y a deshoras.
He tenido noches mejores..... otros tiempos, en los que asaltaba pasillos en penumbra para ir a tomar mis clases de amatoria. Sí porque a amar también se aprende y yo tuve una excelente escuela y personas curtidas en la materia.
Recuerdo mi primera experiencia de sexo oral. ¡Qué ingenua, no sabía ni por asomo de lo que se trataba!,y estoy hablando de 17 años, ahora se supone que las nuevas generaciones saben hasta chino cuando hacemos referencias al sexo. Se supone.....
Una noche larga y muy intensa que recuerdo con toda claridad, porque hay situaciones que ni el tiempo empaña.
Cuando el sexo se acompaña con amor es doblemente gratificante la lección, porque puedes tener relaciones sexuales sin amor, pero para amar es imprescindible el sexo y cuando los besos se llenan de contenido, sucede que ni ahogan, ni mojan, ni muerden, ni duelen, son como peces que llenan tu boca y aleteando hacen de tu lengua un nudo con el cual te ponen a prueba a ver cuanto aguantas buceando sin tomar aire, sin derramar el agua que generan ambas bocas en la lucha de no separarse, porque tanto tus labios como los de tu amante se resisten a desenlazarse y a mostrarse derrotados por la insistencia y presión que genera el deseo de someterse mutuamente.
Te hablaría horas y horas de los besos que aprendí a dar, porque hay tantas clases de besos como de labios. Y los labios son imprescindibles para el sexo oral, porque son tus otras manos, tus ojos, todos tus sentidos en uno solo, el del gusto. Porque ha de gustarte el sexo de tu amante para poderlo besar, para poderlo acariciar con la lengua, para poderlo morder, para poderlo excitar, para poderlo mojar, para poderlo llenar . Para que desvanezca y pierda el sentido , te ha de gustar el juego, el calor, sudar, estar incómoda por un momento y dejar que tu piel zozobre cuando intercambias fluidos que nunca hubieras querido probar.
Hay que aprender a besar, a jugar con los labios. El sexo está en la cabeza y la cabeza se pierde con los besos, porque son la antesala del orgasmo. Sino humedeces primero tu boca, lo demás permanece seco, Si no humedeces primero la boca de tu amante subes tres escalones de golpe y te pierdes muchas sensaciones. Esa noche después del ritual labial me encontré con que mi amante se giraba en torno a mí y me proponía una postura nueva.
- Te gustará, no temas. No voy a hacerte daño- Me dijo.
- Nunca lo has hecho- Contesté y me dejé mover a su antojo.....
He tenido noches mejores..... otros tiempos, en los que asaltaba pasillos en penumbra para ir a tomar mis clases de amatoria. Sí porque a amar también se aprende y yo tuve una excelente escuela y personas curtidas en la materia.
Recuerdo mi primera experiencia de sexo oral. ¡Qué ingenua, no sabía ni por asomo de lo que se trataba!,y estoy hablando de 17 años, ahora se supone que las nuevas generaciones saben hasta chino cuando hacemos referencias al sexo. Se supone.....
Una noche larga y muy intensa que recuerdo con toda claridad, porque hay situaciones que ni el tiempo empaña.
Cuando el sexo se acompaña con amor es doblemente gratificante la lección, porque puedes tener relaciones sexuales sin amor, pero para amar es imprescindible el sexo y cuando los besos se llenan de contenido, sucede que ni ahogan, ni mojan, ni muerden, ni duelen, son como peces que llenan tu boca y aleteando hacen de tu lengua un nudo con el cual te ponen a prueba a ver cuanto aguantas buceando sin tomar aire, sin derramar el agua que generan ambas bocas en la lucha de no separarse, porque tanto tus labios como los de tu amante se resisten a desenlazarse y a mostrarse derrotados por la insistencia y presión que genera el deseo de someterse mutuamente.
Te hablaría horas y horas de los besos que aprendí a dar, porque hay tantas clases de besos como de labios. Y los labios son imprescindibles para el sexo oral, porque son tus otras manos, tus ojos, todos tus sentidos en uno solo, el del gusto. Porque ha de gustarte el sexo de tu amante para poderlo besar, para poderlo acariciar con la lengua, para poderlo morder, para poderlo excitar, para poderlo mojar, para poderlo llenar . Para que desvanezca y pierda el sentido , te ha de gustar el juego, el calor, sudar, estar incómoda por un momento y dejar que tu piel zozobre cuando intercambias fluidos que nunca hubieras querido probar.
Hay que aprender a besar, a jugar con los labios. El sexo está en la cabeza y la cabeza se pierde con los besos, porque son la antesala del orgasmo. Sino humedeces primero tu boca, lo demás permanece seco, Si no humedeces primero la boca de tu amante subes tres escalones de golpe y te pierdes muchas sensaciones. Esa noche después del ritual labial me encontré con que mi amante se giraba en torno a mí y me proponía una postura nueva.
- Te gustará, no temas. No voy a hacerte daño- Me dijo.
- Nunca lo has hecho- Contesté y me dejé mover a su antojo.....





