Después de Getares...
Adormecida. Entorno los ojos. Oigo a lo lejos como el viento sacude las persianas. El sol va y viene, al igual que tu recuerdo. No estás aquí. No estoy allí.
Hoy me bañé en arena sin ti, pero contigo.
La playa me va absorviendo y soy un poco más agua.
Todo el que embarca desea que le despidan y dejar a su ser querido en tierra, a la espera de su vuelta. La soledad no es buena consejera en la mar y necesita a la añoranza como compañera.
Tu beso me dejó partir y ahora, somnolienta, me encuentro recordándote.
No tengo alas, ni sé me ocurrió aprender a volar, al contrario, dejo que el viento me lleve hacia las montañas si te hablo o mar adentro si te pienso. Más, no me abandono a la sal ni colecciono conchas.
Mi piel rezuma de asfalto y mi aliento es un eco de ciudad.
Mientras mi espalda descansa y se tiñe canela; mi casa se halla bajo mis pies, que nunca descansan. Mi hogar, mi tormenta y mi calma; tú.
Hoy me bañé en arena sin ti, pero contigo.
La playa me va absorviendo y soy un poco más agua.
Todo el que embarca desea que le despidan y dejar a su ser querido en tierra, a la espera de su vuelta. La soledad no es buena consejera en la mar y necesita a la añoranza como compañera.
Tu beso me dejó partir y ahora, somnolienta, me encuentro recordándote.
No tengo alas, ni sé me ocurrió aprender a volar, al contrario, dejo que el viento me lleve hacia las montañas si te hablo o mar adentro si te pienso. Más, no me abandono a la sal ni colecciono conchas.
Mi piel rezuma de asfalto y mi aliento es un eco de ciudad.
Mientras mi espalda descansa y se tiñe canela; mi casa se halla bajo mis pies, que nunca descansan. Mi hogar, mi tormenta y mi calma; tú.





