26-12-03
Entretenerme. Ir despacio, siempre me ha gustado. Entretenerme. De arriba a abajo. No tengo prisa. Prisa. ¿De qué?. ¿Para qué?. ¿Por qué habría de tenerla?.
Como una hormiguita trabajo y trabajo al servicio de mi reina; en este caso no hay comunidad que se beneficie del esfuerzo, tan sólo mi reina. Es un placer individual, personal, el que me produce atenderla.
Un trabajo delicado y hecho a conciencia. Labor en la que palmeo y toco y deslizo y acaricio, sumergiéndome en sus curvas, recovecos y oquedades. No me fatiga ni me cansa trabajar para mi reina.
Es una letanía la que repito una y otra vez de manera rítmica y melodiosa en sus oídos a la vez que me sonrío ingenua e inocentemente de la dicha que me aviene.
En mi tarea los dedos se alargan, se encogen, se esconden y ofrecen a mi reina la miel de la cual saciarse. Silabeo en su espalda recitando mis poemas con susurros y palabras entrecortadas. Esta hormiguita, trabaja que trabaja como geisha esclava a su danza y a su espectador.
Sé tanto del lenguaje amoroso como mi reina de la vida y mostrando mis lecciones bien aprendidas voy desplegándolas en placeres bajo su atenta mirada de guardiana. Entre mis funciones, está planear estrategias en su cuerpo, bella alfombra libidinosa. Desorientar sus sentidos, siendo cada vez más ella y menos yo, estando más en ella y menos en mí.
Por eso, no entiendo de prisas, sino del trabajo bien hecho. Ni admito razones más allá que las que no hagan estallar sus venas con el azúcar de mis labios. No existe el tiempo ni el espacio, dimensiones absurdas para mi artesanal trabajo, moldear palmo a palmo su piel. Me resultaría imperdonable desperdiciar ni tan siquiera una gota de mi sudor sino es en el quehacer para mi reina. No quiero prisas, ni que me condenen a la oscuridad temporal de las horas cuando toco su nuca, elevo su cabello y cierro sus ojos con mis besos.
Esta hormiga no quiere empequeñecer el amar con un breve momento, porque eso no es amor, es tan sólo sexo.

Como una hormiguita trabajo y trabajo al servicio de mi reina; en este caso no hay comunidad que se beneficie del esfuerzo, tan sólo mi reina. Es un placer individual, personal, el que me produce atenderla.
Un trabajo delicado y hecho a conciencia. Labor en la que palmeo y toco y deslizo y acaricio, sumergiéndome en sus curvas, recovecos y oquedades. No me fatiga ni me cansa trabajar para mi reina.
Es una letanía la que repito una y otra vez de manera rítmica y melodiosa en sus oídos a la vez que me sonrío ingenua e inocentemente de la dicha que me aviene.
En mi tarea los dedos se alargan, se encogen, se esconden y ofrecen a mi reina la miel de la cual saciarse. Silabeo en su espalda recitando mis poemas con susurros y palabras entrecortadas. Esta hormiguita, trabaja que trabaja como geisha esclava a su danza y a su espectador.
Sé tanto del lenguaje amoroso como mi reina de la vida y mostrando mis lecciones bien aprendidas voy desplegándolas en placeres bajo su atenta mirada de guardiana. Entre mis funciones, está planear estrategias en su cuerpo, bella alfombra libidinosa. Desorientar sus sentidos, siendo cada vez más ella y menos yo, estando más en ella y menos en mí.
Por eso, no entiendo de prisas, sino del trabajo bien hecho. Ni admito razones más allá que las que no hagan estallar sus venas con el azúcar de mis labios. No existe el tiempo ni el espacio, dimensiones absurdas para mi artesanal trabajo, moldear palmo a palmo su piel. Me resultaría imperdonable desperdiciar ni tan siquiera una gota de mi sudor sino es en el quehacer para mi reina. No quiero prisas, ni que me condenen a la oscuridad temporal de las horas cuando toco su nuca, elevo su cabello y cierro sus ojos con mis besos.
Esta hormiga no quiere empequeñecer el amar con un breve momento, porque eso no es amor, es tan sólo sexo.






