logotipo

img_google
a l@s que nadie cuida
heterogeneo
Acerca de
Siempre en guardia.....vivir por ti y para ti.
 
Arrebato
Viendo los paisajes de mi tarde hago garabatos en un trozo de papel. Me regalo tristes sonrisas, falso vestido de inseguridad. Me sirvo momentos de antojo y no consigo ver ahora tus ojos. Espero despertar y a ser posible a la sombra de un almendro, donde la calma y la dicha me perdonen por mi debilidad. Me arrebata la prisa y el desespero. Tanto sobresalto hace tuyo el triunfo, mía la derrota y el desencanto. Amargo me sabe el café y el dulce de chocolate que tomo ,cuando paladeo la mezcla entre estas horas muertas. Cuando me arrastro a desiertos de abandono y bajeza lleno páginas de insensateces como estas. Los árboles de mi paisaje se mecen con una brisa ligera y cálida que me recuerda que el buen tiempo me oscurecerá pronto la frente. Mi perra duerme, tranquila, segura, sabe que le aman. Ciega y sorda a la realidad. No sufre más que lo justo y por aquello que le causa un dolor verdadero y palpable. Sus huesos que la tienen doblada y frágil.
De Melo comentaba, que el sufrimiento lo provocamos nosotros, que es fruto de nuestra mente. La tristeza es inevitable y el sufrimiento una invención humana. ¡Cuánto quisiera refrescar de este calor que me quema , el alma!.
Me abro a la tarde entre atisbos de soledad y deseos humanos irrealizables. Tengo la mirada rota, mis ojos han olvidado mirar limpiamente. Demasiado polvo al cabo de estos años en mis zapatos deambulando por fango y arrabales.
¿Quién arreglará mis pupilas, devolviéndolas su brillo y color original?
Sembré, confiando en la tierra que pisaba y tengo fe de obtener los frutos deseados y que llenen mi granero y mi vida de prosperidad, felicidad y nuevos propósitos.
Sembré, sabiendo que las condiciones no eran propicias, ni el tiempo acompañaba. Sembré con esperanza, alegría, sacrificio, renunciando a otras oportunidades más fiables. Sembré porque la semilla era la mejor que encontré y la tierra la más rica y fértil.
Me arrebata la prisa por ver crecer mi planta, y la paciencia me consume. Pero como buen labrador debo aprender a esperar, amando mi labor, cuidando de mí cosecha y confiar en que a pesar de las malas hierbas, las tempestades y otras señales inoportunas, mi grano será el que alimente mi esqueleto y me llene de vida.
Por si el tiempo me azota nuevamente en la mejilla, me río antes de mí misma y atesoro cuanto aprendí sobre la templanza.
No