César
César está aprendiendo a cantar. Le oigo hacer sus primeros gorgoritos mientras va de un lado a otro en su pequeña casa de aire y aluminio. Le espío sin que él se de cuenta, puesto que al menor movimiento se alerta y busca inquieto la sombra que le acecha. No me resulta triste verlo metido allí. Nació para cantar y acompañar mis soledades. Es un canario afortunado. Mimado, querido y hasta me atrevería a decir que amado.
Con veinte días llegó a su nuevo hogar, aún le faltan plumas en la cima de su cabeza, tan menuda y despierta. Parece un seminarista novicio, con su calva y su porte de aprendiz, mirando todo, y saltando de arriba a abajo, ensayando su trino. Combinando gorjeos.
Le esperaba cobrizo y sin embargo su color cetrino y pardo acabaron por gustarme. Presenta un plumaje amarillo tenue bajo su tierno pico, el cual aún desmenuza manzana y picotea yema de huevo. Aprende acompañado de los sonidos mañaneros de tantos y tantos compañeros, ya sean de su misma especie o de otra que revolotean con más suerte entre el polen primaveral y las flores prendidas de los balcones. César escucha de vez en cuando y aprende al son del Intermezzo de Caballería Rusticana de Mascagni o con el tercer movimiento de Scherarazade de Korsakov. Juntos escuchamos a los mejores y en nuestro despertar nos saludamos con gestos cariñosos por mi parte y una algarabía nerviosa por la suya.
Era deseado desde hacía mucho tiempo. El trinar de los pájaros siempre apasionó mi alma desde chica, cuando tumbada en la era miraba y jugaba a adivinar las formas de las nubes, o cuando apretaba mis ojos mirando hacia el sol y dejaba que mi imaginación me presentara mil otras formas de sombras y colores. Entonces escuchaba el cantar de pajarillos y grillos y me quedaba absorta en sus conciertos veraniegos.
Ya de niña, bien temprano aprendí a respetar a las aves. Nunca supe muy bien alimentar a las silvestres, era tarea difícil y delicada ,pero admiraba desde lo alto de los árboles, como polluelos hambrientos reclamaban la presencia de sus padres, mientras me agazapaba entre las ramas para verlos alimentar.
César está contento y me consta que es feliz. Los pájaros también entienden de felicidad, aún siendo seres inferiores, ¡cuán superior es su existencia!. Ya lo dijo Francisco de Asís : “Bendito seas mi Señor, con todas tus criaturas”.Ellas son el soporte de la vida y junto a la madre tierra colorean nuestra existencia.
César , nombre de emperador. Del Primero y más grande. César, Ave César.

Con veinte días llegó a su nuevo hogar, aún le faltan plumas en la cima de su cabeza, tan menuda y despierta. Parece un seminarista novicio, con su calva y su porte de aprendiz, mirando todo, y saltando de arriba a abajo, ensayando su trino. Combinando gorjeos.
Le esperaba cobrizo y sin embargo su color cetrino y pardo acabaron por gustarme. Presenta un plumaje amarillo tenue bajo su tierno pico, el cual aún desmenuza manzana y picotea yema de huevo. Aprende acompañado de los sonidos mañaneros de tantos y tantos compañeros, ya sean de su misma especie o de otra que revolotean con más suerte entre el polen primaveral y las flores prendidas de los balcones. César escucha de vez en cuando y aprende al son del Intermezzo de Caballería Rusticana de Mascagni o con el tercer movimiento de Scherarazade de Korsakov. Juntos escuchamos a los mejores y en nuestro despertar nos saludamos con gestos cariñosos por mi parte y una algarabía nerviosa por la suya.
Era deseado desde hacía mucho tiempo. El trinar de los pájaros siempre apasionó mi alma desde chica, cuando tumbada en la era miraba y jugaba a adivinar las formas de las nubes, o cuando apretaba mis ojos mirando hacia el sol y dejaba que mi imaginación me presentara mil otras formas de sombras y colores. Entonces escuchaba el cantar de pajarillos y grillos y me quedaba absorta en sus conciertos veraniegos.
Ya de niña, bien temprano aprendí a respetar a las aves. Nunca supe muy bien alimentar a las silvestres, era tarea difícil y delicada ,pero admiraba desde lo alto de los árboles, como polluelos hambrientos reclamaban la presencia de sus padres, mientras me agazapaba entre las ramas para verlos alimentar.
César está contento y me consta que es feliz. Los pájaros también entienden de felicidad, aún siendo seres inferiores, ¡cuán superior es su existencia!. Ya lo dijo Francisco de Asís : “Bendito seas mi Señor, con todas tus criaturas”.Ellas son el soporte de la vida y junto a la madre tierra colorean nuestra existencia.
César , nombre de emperador. Del Primero y más grande. César, Ave César.


Comentario:
Ave, hermana de Lucía.Descubrir tu blog es impactante. Un besito.





