YENDO A TU ENCUENTRO
Corrí por todo el aeropuerto, llegaba con la hora justa. El maldito tráfico me había entretenido en la autopista y para colmo había atasco en la zona de salidas de la Terminal 4.
Me lancé a la aventura de conocerla, sabiendo que estaría pendiente de verme aparecer de un momento a otro. La imaginaba mirando el reloj e impaciente, diciéndose a sí misma.
– Vamos, vamos, ¿es que no vas a venir?-
Dejé mi coche en el parking y corrí hacia el tren eléctrico. Las distancias se hacían más que nunca interminables y el tiempo escaso. La gente colmaba los pasillos. Era Julio, estábamos a fin de mes y los puestos de facturación se venían abajo de turistas y locales que emigraban de este calor veraniego a paradisíacos lugares.
Eran apenas cuatro minutos de trayecto hasta llegar al edificio del Satélite. Allí en una de sus salas estaría. - ¡Dios, sólo la he visto en una fotografía!. ¿La reconoceré?. ¿Me reconocerá?. -.
Alcancé los ascensores que subían hacia las puertas de embarque y ya desconocía el lugar de mi corazón. No sabía donde se encontraba, puesto que hacía tiempo ,desde que salí de casa, que se puso como un loco a latir y no supe si estaba en la boca o en el estómago.
-Me dijo que embarcaría por la puerta R-. Creí recordar. Me paré por un instante, cogí aire. Miré el reloj, aún había tiempo. Mas pausadamente y con las tarjetas de la compañía colgadas al cuello, entré por el control de “sólo personal autorizado”. Entre la gente que miraba los escaparates de las tiendas y los críos que corrían disfrutando de la luz que se filtraba por los pequeños tragaluces del tejado, mis ojos empezaron a buscarla. No sabia muy bien que haría cuando la viese. No me dijo el último día que hablamos, cómo iba a ir vestida.
!Qué más da!, era imposible que el azul de esos ojos pudiera confundirlos con otros.
Ignoraba como estaría, si nerviosa o desilusionada, puesto que la hora de embarcar ya estaba cerca y aún no había hecho yo, acto de presencia.
Mientras, yo pasaba de sala en sala. Me puse las gafas de sol y seguía buscándola entre la gente. Miraba y miraba. De pronto una chiquilla tropezó conmigo, jugaba distraídamente con su hermano. Le sujeté para que no cayera, le sonreí y al levantar la vista, no pude creerlo; estaba a diez metros de mí. Oí su voz como recriminaba a la pequeña un poco más de cuidado . En ese momento en el que me incorporé sujetando el brazo de la niña, vi como su rostro cambió de expresión, sorprendida. Yo dejando a la pequeña a un lado me quité las gafas para verla mejor y para que ella terminara de confirmar que su visión, era yo. Mi pelo le había dado pistas, pero no terminaba de creerlo. Asomé mis pupilas finalmente, dejando descansar las gafas sobre mi cabeza, recogiéndome el pelo y despejando así mi cara para que se recreara mirándome. Yo no pude moverme, ella también permaneció inmóvil. Mi corazón se quedó parado porque no sentía nada, no veía nada, solo su rostro. Rápidamente recordé que no estaba sola y que nadie sabía lo nuestro.
Al conocer el aeropuerto ; yo sabía donde poder vernos sin que sospecharan por un momento de su ausencia. Le taladré con los ojos haciéndole unas discretas señas, invitándola a que me siguiera. La observé disimulando y vi como ganando la confianza en ella, comenzó a caminar hacia mi encuentro. Yo mantuve la distancia, iba delante, llevaba una pequeña mochila a la espalda, parecía una pasajera mas.
La nueva terminal era enorme y amplia, tenía mil estancias para pasar las horas de espera. Las suyas, que se le habían hecho eternas esperando este ansiado momento. Torcí a la derecha y había una cafetería y una galería de tiendas. Volví la vista atrás y le vi sonreír. No quería alargar la angustia y me paré enfrente de un escaparate. Llegó a mi altura, se situó detrás y me susurró.
– Llegas tarde, creí que no te vería-
Me volví, los ojos se me llenaron de luz, los suyos estaban radiantes y no esperé más. Le abracé fuerte, muy fuerte, creí que iba a estrujarla, tan menuda. Pero, se agarró a mi cuerpo como si echara un ancla. Ambas hablamos nerviosas sin escucharnos.
- ¡Joder, pensé que nunca iba a conocerte!. ¿Cómo estás?. ¡Eres preciosa!. – Le dije.
En un segundo no sé ni que pudimos decirnos de tantos nervios como teníamos, pero no dejé de apretarle contra mí.
Suspiré y la vi feliz. Yo también lo era.
-¡Apenas tenemos tiempo!, dijiste.
- Lo siento, todo se ha complicado a última hora. Pero no importa, ya estoy aquí.- Contesté -Ni siquiera puedo invitarte a tomar algo-
-Qué le vamos a hacer- Contestó.
-Bueno y ¿cómo estás?. ¿Nerviosa?. ¿Qué tal el vuelo de llegada?. – Pregunté
-Bien, todo muy bien, lo peor ha sido las horas de enlace, pero ahora que ya ha llegado el momento de coger el otro vuelo ni siquiera me acuerdo de la espera. Además he estado pensando en ti en cuanto he puesto los pies en el aeropuerto .Te veía por todas partes.-
-Claro,- reí ,- por la gente de uniforme , ¿no?.-
-Sí todos me parecían ser tú. –
- Pues ya estoy aquí y vestida de calle. Las fotos no te hacen justicia, eres muy linda y mas alta de lo que me contabas.- Le dije.
- Jajaja. Si, claro.- Rió.
-Tú no eres tan morena de pelo y tienes una sonrisa muy bonita.- Me dijo a mí. -¿Ves,? Era posible. ¿No?-
Me miró con unos ojos que adiviné lo que querían decirme y yo le respondí.
-Ven, será solo un momento-
-No tengo tiempo, no quiero que se intranquilicen.-
-¿ Qué les has dicho?.
-Que iba a buscar un puesto de prensa para comprar el periódico.-
- Bien, aún tenemos algunos minutos.- Le dije. Sígueme.-
Le cogí de la mano, y empecé a sudar. Le conduje a unos espacios solo para el personal del aeropuerto. Allí, en una especie de vestuario. Me acerqué a ella y mi cabeza no hacía otra cosa que gritarme, bésala, bésala antes de que se vaya.
Ella se mostraba excitada y nerviosa, no atinaba a pronunciar palabra y noté que se dejaba llevar.
-He soñado con esto tantas veces-.
-Yo también.-Le dije
Y Olvidándonos de todo, encajamos nuestras bocas, presurosas, nerviosas y un rayo corrió por nuestro cuerpo. El calor se dejaba notar y mis manos se entrelazaron a las suyas apretándolas y empujándola hacia una de las paredes del cuarto. Ella, no se resistió, accedió a dejarse llevar y quedando de espaldas a la pared me soltó las manos, me rodeo la cabeza sujetándola como si fuera a arrancármela del cuello y empezó a comerme la boca con desesperación, Me faltaban labios y lengua para adentrarme en ella. Sofocada, húmeda de norte a sur, no supe muy bien si debía, pero también sabía que quizá no volvería a verla jamás. El maldito tiempo jugaba en nuestra contra, pero viendo que el deseo se apoderó de nosotras ya no había otra salida, no podíamos parar. Le conduje a pocos metros, a otro lugar, cerré una pequeña puerta y sin soltar su boca deslice mi mano por su cuello, bajando hasta sus pechos, haciendo parada en su cadera y finalmente mi mano murió en su pantalón. Ella emitió un gemido y gotas de sudor mojaban sus mejillas.
- ¡No, no!.- Me decía
-Sí, sí. No podemos irnos así.-
Fue rápido, intenso y rápido. El deseo era tan incontenible, que no se hizo esperar la respuesta de ambas. Eran demasiados meses deseándonos en silencio. No hizo falta quitarle la ropa, el roce de mis manos le estremeció, mi pelo le cegó los ojos , mi boca le inundó, mi otro brazo le apresó, sujetándola con fuerza, siendo un apoyo para su orgasmo. Sus convulsiones no tardaron en llegar y cuando se rompió de placer me besó ya no con la boca sino con el alma, porque se dejó caer en mí, desmayada.
- No solo muero por tus palabras, tus manos también me matan..- Dijo, extasiada.
Y me amó a mí también, que loca y azorada le besaba por todas partes.
-¡Bobita! . Déjame hacerte lo que yo también tantas veces soñé- Me susurró.
No hizo falta que hiciera mucho, porque con su placer vino el mío. Y queriéndome regalar algo mas que amor a mis oídos, me llenó de agua el sexo y me brindó caricias con sus dedos , perdiendo yo, la noción del tiempo, del espacio , sintiendo solamente sus manos dentro de mi cuerpo.
Me fundí con sus movimientos en un gemido y me besó agradecida.
No tenía más que respiración, calor en mí, sudor.
-. No pudo ser de otra manera, no pudo ser de otra manera. Las mareas no se pueden contener, ni las lunas llenas ocultar, ni engañar al corazón cuando se nos sale del pecho por sentir nuestro abrazo. No hay culpables, ni victimas. No hay engaños. ¿Qué podemos hacer con nuestras mentes, si mutuamente se buscan? y ahora que se han encontrado, no pudo haber sido de otra manera. Y no hay fracaso, ni nada se rompe, ni tu amor se destruye ni el mío se desmorona.
-Es algo bonito que me ha pasado, además de ella. Y ahora ve con tu familia y disfruta de tus vacaciones. Ya me llevas en tu alma , en tu mente y en tu corazón. Pero, ¿sabes lo mejor?. Hay un espacio para nosotras dos.- Le dije en un momento de sinrazón.
Sofía, se lavó las manos, me beso y me dejó. No hubo lagrimas. Sabíamos que este momento era para dar una oportunidad al cariño y al respeto por encima del dolor.
- Hasta la vuelta. Disfruta y se feliz. Yo, sabes que lo soy un poquito más, gracias a que te conocí- Me despedí.
-Adiós , vuelvo pronto.- Me pareció oír.
Y salió por la puerta del pequeño cuarto dejándome una sonrisa en los labios y un nudo en el corazón.

Me lancé a la aventura de conocerla, sabiendo que estaría pendiente de verme aparecer de un momento a otro. La imaginaba mirando el reloj e impaciente, diciéndose a sí misma.
– Vamos, vamos, ¿es que no vas a venir?-
Dejé mi coche en el parking y corrí hacia el tren eléctrico. Las distancias se hacían más que nunca interminables y el tiempo escaso. La gente colmaba los pasillos. Era Julio, estábamos a fin de mes y los puestos de facturación se venían abajo de turistas y locales que emigraban de este calor veraniego a paradisíacos lugares.
Eran apenas cuatro minutos de trayecto hasta llegar al edificio del Satélite. Allí en una de sus salas estaría. - ¡Dios, sólo la he visto en una fotografía!. ¿La reconoceré?. ¿Me reconocerá?. -.
Alcancé los ascensores que subían hacia las puertas de embarque y ya desconocía el lugar de mi corazón. No sabía donde se encontraba, puesto que hacía tiempo ,desde que salí de casa, que se puso como un loco a latir y no supe si estaba en la boca o en el estómago.
-Me dijo que embarcaría por la puerta R-. Creí recordar. Me paré por un instante, cogí aire. Miré el reloj, aún había tiempo. Mas pausadamente y con las tarjetas de la compañía colgadas al cuello, entré por el control de “sólo personal autorizado”. Entre la gente que miraba los escaparates de las tiendas y los críos que corrían disfrutando de la luz que se filtraba por los pequeños tragaluces del tejado, mis ojos empezaron a buscarla. No sabia muy bien que haría cuando la viese. No me dijo el último día que hablamos, cómo iba a ir vestida.
!Qué más da!, era imposible que el azul de esos ojos pudiera confundirlos con otros.
Ignoraba como estaría, si nerviosa o desilusionada, puesto que la hora de embarcar ya estaba cerca y aún no había hecho yo, acto de presencia.
Mientras, yo pasaba de sala en sala. Me puse las gafas de sol y seguía buscándola entre la gente. Miraba y miraba. De pronto una chiquilla tropezó conmigo, jugaba distraídamente con su hermano. Le sujeté para que no cayera, le sonreí y al levantar la vista, no pude creerlo; estaba a diez metros de mí. Oí su voz como recriminaba a la pequeña un poco más de cuidado . En ese momento en el que me incorporé sujetando el brazo de la niña, vi como su rostro cambió de expresión, sorprendida. Yo dejando a la pequeña a un lado me quité las gafas para verla mejor y para que ella terminara de confirmar que su visión, era yo. Mi pelo le había dado pistas, pero no terminaba de creerlo. Asomé mis pupilas finalmente, dejando descansar las gafas sobre mi cabeza, recogiéndome el pelo y despejando así mi cara para que se recreara mirándome. Yo no pude moverme, ella también permaneció inmóvil. Mi corazón se quedó parado porque no sentía nada, no veía nada, solo su rostro. Rápidamente recordé que no estaba sola y que nadie sabía lo nuestro.
Al conocer el aeropuerto ; yo sabía donde poder vernos sin que sospecharan por un momento de su ausencia. Le taladré con los ojos haciéndole unas discretas señas, invitándola a que me siguiera. La observé disimulando y vi como ganando la confianza en ella, comenzó a caminar hacia mi encuentro. Yo mantuve la distancia, iba delante, llevaba una pequeña mochila a la espalda, parecía una pasajera mas.
La nueva terminal era enorme y amplia, tenía mil estancias para pasar las horas de espera. Las suyas, que se le habían hecho eternas esperando este ansiado momento. Torcí a la derecha y había una cafetería y una galería de tiendas. Volví la vista atrás y le vi sonreír. No quería alargar la angustia y me paré enfrente de un escaparate. Llegó a mi altura, se situó detrás y me susurró.
– Llegas tarde, creí que no te vería-
Me volví, los ojos se me llenaron de luz, los suyos estaban radiantes y no esperé más. Le abracé fuerte, muy fuerte, creí que iba a estrujarla, tan menuda. Pero, se agarró a mi cuerpo como si echara un ancla. Ambas hablamos nerviosas sin escucharnos.
- ¡Joder, pensé que nunca iba a conocerte!. ¿Cómo estás?. ¡Eres preciosa!. – Le dije.
En un segundo no sé ni que pudimos decirnos de tantos nervios como teníamos, pero no dejé de apretarle contra mí.
Suspiré y la vi feliz. Yo también lo era.
-¡Apenas tenemos tiempo!, dijiste.
- Lo siento, todo se ha complicado a última hora. Pero no importa, ya estoy aquí.- Contesté -Ni siquiera puedo invitarte a tomar algo-
-Qué le vamos a hacer- Contestó.
-Bueno y ¿cómo estás?. ¿Nerviosa?. ¿Qué tal el vuelo de llegada?. – Pregunté
-Bien, todo muy bien, lo peor ha sido las horas de enlace, pero ahora que ya ha llegado el momento de coger el otro vuelo ni siquiera me acuerdo de la espera. Además he estado pensando en ti en cuanto he puesto los pies en el aeropuerto .Te veía por todas partes.-
-Claro,- reí ,- por la gente de uniforme , ¿no?.-
-Sí todos me parecían ser tú. –
- Pues ya estoy aquí y vestida de calle. Las fotos no te hacen justicia, eres muy linda y mas alta de lo que me contabas.- Le dije.
- Jajaja. Si, claro.- Rió.
-Tú no eres tan morena de pelo y tienes una sonrisa muy bonita.- Me dijo a mí. -¿Ves,? Era posible. ¿No?-
Me miró con unos ojos que adiviné lo que querían decirme y yo le respondí.
-Ven, será solo un momento-
-No tengo tiempo, no quiero que se intranquilicen.-
-¿ Qué les has dicho?.
-Que iba a buscar un puesto de prensa para comprar el periódico.-
- Bien, aún tenemos algunos minutos.- Le dije. Sígueme.-
Le cogí de la mano, y empecé a sudar. Le conduje a unos espacios solo para el personal del aeropuerto. Allí, en una especie de vestuario. Me acerqué a ella y mi cabeza no hacía otra cosa que gritarme, bésala, bésala antes de que se vaya.
Ella se mostraba excitada y nerviosa, no atinaba a pronunciar palabra y noté que se dejaba llevar.
-He soñado con esto tantas veces-.
-Yo también.-Le dije
Y Olvidándonos de todo, encajamos nuestras bocas, presurosas, nerviosas y un rayo corrió por nuestro cuerpo. El calor se dejaba notar y mis manos se entrelazaron a las suyas apretándolas y empujándola hacia una de las paredes del cuarto. Ella, no se resistió, accedió a dejarse llevar y quedando de espaldas a la pared me soltó las manos, me rodeo la cabeza sujetándola como si fuera a arrancármela del cuello y empezó a comerme la boca con desesperación, Me faltaban labios y lengua para adentrarme en ella. Sofocada, húmeda de norte a sur, no supe muy bien si debía, pero también sabía que quizá no volvería a verla jamás. El maldito tiempo jugaba en nuestra contra, pero viendo que el deseo se apoderó de nosotras ya no había otra salida, no podíamos parar. Le conduje a pocos metros, a otro lugar, cerré una pequeña puerta y sin soltar su boca deslice mi mano por su cuello, bajando hasta sus pechos, haciendo parada en su cadera y finalmente mi mano murió en su pantalón. Ella emitió un gemido y gotas de sudor mojaban sus mejillas.
- ¡No, no!.- Me decía
-Sí, sí. No podemos irnos así.-
Fue rápido, intenso y rápido. El deseo era tan incontenible, que no se hizo esperar la respuesta de ambas. Eran demasiados meses deseándonos en silencio. No hizo falta quitarle la ropa, el roce de mis manos le estremeció, mi pelo le cegó los ojos , mi boca le inundó, mi otro brazo le apresó, sujetándola con fuerza, siendo un apoyo para su orgasmo. Sus convulsiones no tardaron en llegar y cuando se rompió de placer me besó ya no con la boca sino con el alma, porque se dejó caer en mí, desmayada.
- No solo muero por tus palabras, tus manos también me matan..- Dijo, extasiada.
Y me amó a mí también, que loca y azorada le besaba por todas partes.
-¡Bobita! . Déjame hacerte lo que yo también tantas veces soñé- Me susurró.
No hizo falta que hiciera mucho, porque con su placer vino el mío. Y queriéndome regalar algo mas que amor a mis oídos, me llenó de agua el sexo y me brindó caricias con sus dedos , perdiendo yo, la noción del tiempo, del espacio , sintiendo solamente sus manos dentro de mi cuerpo.
Me fundí con sus movimientos en un gemido y me besó agradecida.
No tenía más que respiración, calor en mí, sudor.
-. No pudo ser de otra manera, no pudo ser de otra manera. Las mareas no se pueden contener, ni las lunas llenas ocultar, ni engañar al corazón cuando se nos sale del pecho por sentir nuestro abrazo. No hay culpables, ni victimas. No hay engaños. ¿Qué podemos hacer con nuestras mentes, si mutuamente se buscan? y ahora que se han encontrado, no pudo haber sido de otra manera. Y no hay fracaso, ni nada se rompe, ni tu amor se destruye ni el mío se desmorona.
-Es algo bonito que me ha pasado, además de ella. Y ahora ve con tu familia y disfruta de tus vacaciones. Ya me llevas en tu alma , en tu mente y en tu corazón. Pero, ¿sabes lo mejor?. Hay un espacio para nosotras dos.- Le dije en un momento de sinrazón.
Sofía, se lavó las manos, me beso y me dejó. No hubo lagrimas. Sabíamos que este momento era para dar una oportunidad al cariño y al respeto por encima del dolor.
- Hasta la vuelta. Disfruta y se feliz. Yo, sabes que lo soy un poquito más, gracias a que te conocí- Me despedí.
-Adiós , vuelvo pronto.- Me pareció oír.
Y salió por la puerta del pequeño cuarto dejándome una sonrisa en los labios y un nudo en el corazón.

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