Lucía es mi hermana. Y tú Lucía, una desconocida.
Me esfuerzo en superar tantas incorrecciones interiorizadas. Son como lacras, lastre pesado que como mujer tengo soldado en el coco. Sin ánimo de molestar ni de crear en nadie compromisos que no hayan adquirido por voluntad propia; la puta verdad es que ¿a quién no le agrada que lean sus pensamientos?. Ya no con afán de alimentar el ego, puesto que una se basta solita para alimentar a esta alimaña. Más bien porque comunicar lo que una lleva dentro a veces es complicado y llevado a malas interpretaciones cuando no se tiene elocuencia en el habla.
A ti, Lucía, mi hermana, que me produces emoción tan sólo con pronunciar tu nombre. ¿Recuerdas las noches de verano?. Eras una pequeñaja de 4 años y a mí se me caía la baba sólo con verte. ¿Recuerdas?, ¿cómo te mostraba las estrellas?.Inventándome sus nombres te las señalaba con un dedo y te decía, ¿Ves esa roja?. Esa, esa. Y tú, tan niña, contestabas. ¡Sí, sí!. Desconozco si la verías, lo importante es que cada vez que miras al cielo, te acuerdas de mí.
Hermana. Tú no sabes que escribo y desconoces cuánto te admiro. Que me pareces preciosa y que aunque no hablemos demasiado tampoco ha hecho falta para que respetaras mi forma de vida, mi forma de sentir y aunque sin saber si comprendes sé que puedo contar contigo.
A ti, Lucía, esa desconocida. Porque apenas he mirado alguna fotografía tuya, ni me he molestado en leer a tus adeptos en todos esos elogios que se marcan. Sólo leí una reseña en un periódico. Sólo una reseña y me pareció que tenías muchas cosas que decir y que era necesario que alguien, para variar , las dijera abiertamente, sin miedos y sin filtros.
La realidad la conoce quien está en la calle. Las ideas deben servirnos para saber leer entre líneas lo que tratan de decirnos. Me pareció ver que dices lo que sientes.
A ti, Lucía. Que amas el sexo que yo amo. Al menos eso se dicen por ahí. Fui a ti buscando a una lectora no a una profesional. Tengo 38 años. No he dejado de aprender ni de preguntar. A veces los que más se creen que saben, son los más ignorantes. La vida enseña, la calle enseña, la gente enseña. Dime lo que quieras, seguro que algo aprenderé de ti. Y si no, tampoco importa.
A ti, Lucía, mi hermana, que me produces emoción tan sólo con pronunciar tu nombre. ¿Recuerdas las noches de verano?. Eras una pequeñaja de 4 años y a mí se me caía la baba sólo con verte. ¿Recuerdas?, ¿cómo te mostraba las estrellas?.Inventándome sus nombres te las señalaba con un dedo y te decía, ¿Ves esa roja?. Esa, esa. Y tú, tan niña, contestabas. ¡Sí, sí!. Desconozco si la verías, lo importante es que cada vez que miras al cielo, te acuerdas de mí.
Hermana. Tú no sabes que escribo y desconoces cuánto te admiro. Que me pareces preciosa y que aunque no hablemos demasiado tampoco ha hecho falta para que respetaras mi forma de vida, mi forma de sentir y aunque sin saber si comprendes sé que puedo contar contigo.
A ti, Lucía, esa desconocida. Porque apenas he mirado alguna fotografía tuya, ni me he molestado en leer a tus adeptos en todos esos elogios que se marcan. Sólo leí una reseña en un periódico. Sólo una reseña y me pareció que tenías muchas cosas que decir y que era necesario que alguien, para variar , las dijera abiertamente, sin miedos y sin filtros.
La realidad la conoce quien está en la calle. Las ideas deben servirnos para saber leer entre líneas lo que tratan de decirnos. Me pareció ver que dices lo que sientes.
A ti, Lucía. Que amas el sexo que yo amo. Al menos eso se dicen por ahí. Fui a ti buscando a una lectora no a una profesional. Tengo 38 años. No he dejado de aprender ni de preguntar. A veces los que más se creen que saben, son los más ignorantes. La vida enseña, la calle enseña, la gente enseña. Dime lo que quieras, seguro que algo aprenderé de ti. Y si no, tampoco importa.
Comentario:
Te he leído en el blog de Lucía y me he pasado por aqui.
Este texto tiene algo especial,. me ha gustado.
Este texto tiene algo especial,. me ha gustado.





