En la oscuridad
Veo de reojo como duermes. La luz de la luna se filtra por la persiana. La suficiente como para ver de perfil tu silueta. Te cuesta respirar. ¿Qué soñarás?.
Anoche mis labios quedaron desiertos, mi bien. Eran ruta nocturna sin explorar, ardientes por la fiebre, fríos y secos por tu abandono.
Te mueves. Yo no me canso de observarte y pienso en el lago aquel, que me cubrió de frescura hace ya cien lunas de Julio, mientras tú deambulabas por caminos de soledad. El agua, la noche, mi cuerpo y sin nadie. Grillos, búhos y chicharras. Seres secundarios eran los que acompañaban mi deseo de ser asaltada por brazos amorosos y lujuriosos. Brazos de mujer que me recordarían como se habría de abrazar y boca inexperta con la que aprender a besar.
Me giro hacia la luz, mi bien y dejo que mueras en tu paz. Yo me abro camino por el recuerdo a otros lugares, donde ni una sola noche conocía descanso mi cuerpo. La tortura del deseo le arrinconaba en más de una habitación y se desplegaba en cien vidas paralelas mientras se retorcía en otra clase de dolor.
Estudié cerca del agua. Amé siempre llena de humedad. Conquisté entre azules y verdes. Crecí en la pasión con maestras del tacto y el olor.
Anoche me visitó el recuerdo y saliendo de mí, eché un vistazo a lo que era. Me veía fértil, fuerte y frívola, añorando mis fetiches y adorando a un falso dios. !Bendito sexo que naces desde el seso y te abocas hacia mis pestañas, acoplándote en mi cintura y en mis nalgas!. !Bendita juventud, tú nunca estás de vuelta! Más regálame noches como aquellas.
Anoche mis labios quedaron desiertos, mi bien. Eran ruta nocturna sin explorar, ardientes por la fiebre, fríos y secos por tu abandono.
Te mueves. Yo no me canso de observarte y pienso en el lago aquel, que me cubrió de frescura hace ya cien lunas de Julio, mientras tú deambulabas por caminos de soledad. El agua, la noche, mi cuerpo y sin nadie. Grillos, búhos y chicharras. Seres secundarios eran los que acompañaban mi deseo de ser asaltada por brazos amorosos y lujuriosos. Brazos de mujer que me recordarían como se habría de abrazar y boca inexperta con la que aprender a besar.
Me giro hacia la luz, mi bien y dejo que mueras en tu paz. Yo me abro camino por el recuerdo a otros lugares, donde ni una sola noche conocía descanso mi cuerpo. La tortura del deseo le arrinconaba en más de una habitación y se desplegaba en cien vidas paralelas mientras se retorcía en otra clase de dolor.
Estudié cerca del agua. Amé siempre llena de humedad. Conquisté entre azules y verdes. Crecí en la pasión con maestras del tacto y el olor.
Anoche me visitó el recuerdo y saliendo de mí, eché un vistazo a lo que era. Me veía fértil, fuerte y frívola, añorando mis fetiches y adorando a un falso dios. !Bendito sexo que naces desde el seso y te abocas hacia mis pestañas, acoplándote en mi cintura y en mis nalgas!. !Bendita juventud, tú nunca estás de vuelta! Más regálame noches como aquellas.





