Ni una página en blanco
Te muestras vacía ante mí. No sé, cómo eliminar tanto espacio en blanco. En ocasiones me ha faltado hueco para explayarme, hoy sin embargo me desafías a que ocupe si acaso tu mitad. Tengo todo el tiempo del mundo y una gran tarrina de helado de turrón, muy dulce para mi gusto, pero fresquita, la cual alivia un poco el calor que siento.
¡Qué ingratas las nubes!. Están preñadas de agua y no rompen a llover. Mi canario, César, está contento. Va de un lado a otro de su casa portátil, me reclama, trinando de forma entrecortada, yo le contesto con un silbido y le refresco salpicándole con agua, humedeciendo las yemas de mis dedos.
La noche se me ha echado encima y todo lo que aún tenía pensado hacer creo que quedará como tarea pendiente para mañana.
El aire caliente me trae su recuerdo. Hoy, no creo que sude demasiado en la cama, podrá abrir un poco más las ventanas, porque Conan se ha marchado con sus parientes.
Le pregunté cómo era la pareja perfecta.
-Nosotras somos la pareja perfecta- Contestó.
-¿Nosotras?. ¿Cómo puede ser?. Apenas te veo. Aunque eso no quita para que nos de tiempo hasta de discutir, de reconciliarnos, de amarnos y de volver a discutir. Jajaja. ¡Nosotras!. ¿Dónde estará el secreto de las relaciones?. ¿En la distancia?-
-En los espacios. En tu vida, que es sólo tuya, en la mía que es sólo mía y en la que nos une, que es de las dos.-
-Esto es nuevo para mí. He estado casada demasiado tiempo para separar mi vida de la de la persona que me corresponde.- Contesté sin creerme mucho lo que decía.
-¿Qué te corresponde?. ¿Cómo sabes que yo te correspondo?-
-;¡No jodas, nena!. ¿Qué pregunta?.Me correspondes, claro que me correspondes. Te siento cerca de mí, cómo te preocupas, cómo te interesan mis cosas. En fin te doy amor y me devuelves amor.- Contesté como si estuviera explicando una cosa de lo más evidente.
-No entendiste. ¿Cómo sabes que yo soy la persona indicada, la pareja que te corresponde?-
-Lo cierto es que no lo sé. Lo siento. Lo sentí desde el primer beso que nos dimos. Nadie me ha vuelto a emocionar tanto como tú. Sentir tu fragilidad esa tarde entre mis brazos, ver como temblabas y como sin preguntar ni decir nada, nos entregamos a lo que las dos deseábamos, yo me enamoré de ti.
¿Quieres que te cuente un secreto?. De todas las mujeres a las que he besado y he amado, el beso que más recuerdo con toda claridad y nitidez fue el que tú y yo nos dimos por primera vez. Créeme. No sé si la divinidad, el destino, el azar....no sé porqué te cruzaste en mi camino o yo en el tuyo, pero siento que hoy por hoy, quiero crecer a tu lado y compartir mi camino contigo y saber en qué deparará el tuyo.-
Mi argumento, no sé si la convencería o la sacaría de dudas, pero cambió el semblante y me cogió de la mano.
Ahora, sigo recordándola y la noche no me regala ni un mililitro de humedad. César ya se ha convertido en una bola de pluma. No adivino a verle la cabeza y en mí los mosquitos empiezan a hacer su agosto.
Te he ganado la partida, apenas quedan unas líneas para que dejes de ser una página en blanco. Contar anécdotas sobre ella llenaría mi escritorio.
¡Bendita brisa que me vas a conducir a mi cama y a un sueño placentero!.
Te gané la partida. Hoy, yo te he agotado. Quizá mañana no sepa como escurrir mis miedos por tus veinticinco centímetros de largo. Pero mañana, será otro día y ya sé me ocurrirá algo.
¡Qué ingratas las nubes!. Están preñadas de agua y no rompen a llover. Mi canario, César, está contento. Va de un lado a otro de su casa portátil, me reclama, trinando de forma entrecortada, yo le contesto con un silbido y le refresco salpicándole con agua, humedeciendo las yemas de mis dedos.
La noche se me ha echado encima y todo lo que aún tenía pensado hacer creo que quedará como tarea pendiente para mañana.
El aire caliente me trae su recuerdo. Hoy, no creo que sude demasiado en la cama, podrá abrir un poco más las ventanas, porque Conan se ha marchado con sus parientes.
Le pregunté cómo era la pareja perfecta.
-Nosotras somos la pareja perfecta- Contestó.
-¿Nosotras?. ¿Cómo puede ser?. Apenas te veo. Aunque eso no quita para que nos de tiempo hasta de discutir, de reconciliarnos, de amarnos y de volver a discutir. Jajaja. ¡Nosotras!. ¿Dónde estará el secreto de las relaciones?. ¿En la distancia?-
-En los espacios. En tu vida, que es sólo tuya, en la mía que es sólo mía y en la que nos une, que es de las dos.-
-Esto es nuevo para mí. He estado casada demasiado tiempo para separar mi vida de la de la persona que me corresponde.- Contesté sin creerme mucho lo que decía.
-¿Qué te corresponde?. ¿Cómo sabes que yo te correspondo?-
-;¡No jodas, nena!. ¿Qué pregunta?.Me correspondes, claro que me correspondes. Te siento cerca de mí, cómo te preocupas, cómo te interesan mis cosas. En fin te doy amor y me devuelves amor.- Contesté como si estuviera explicando una cosa de lo más evidente.
-No entendiste. ¿Cómo sabes que yo soy la persona indicada, la pareja que te corresponde?-
-Lo cierto es que no lo sé. Lo siento. Lo sentí desde el primer beso que nos dimos. Nadie me ha vuelto a emocionar tanto como tú. Sentir tu fragilidad esa tarde entre mis brazos, ver como temblabas y como sin preguntar ni decir nada, nos entregamos a lo que las dos deseábamos, yo me enamoré de ti.
¿Quieres que te cuente un secreto?. De todas las mujeres a las que he besado y he amado, el beso que más recuerdo con toda claridad y nitidez fue el que tú y yo nos dimos por primera vez. Créeme. No sé si la divinidad, el destino, el azar....no sé porqué te cruzaste en mi camino o yo en el tuyo, pero siento que hoy por hoy, quiero crecer a tu lado y compartir mi camino contigo y saber en qué deparará el tuyo.-
Mi argumento, no sé si la convencería o la sacaría de dudas, pero cambió el semblante y me cogió de la mano.
Ahora, sigo recordándola y la noche no me regala ni un mililitro de humedad. César ya se ha convertido en una bola de pluma. No adivino a verle la cabeza y en mí los mosquitos empiezan a hacer su agosto.
Te he ganado la partida, apenas quedan unas líneas para que dejes de ser una página en blanco. Contar anécdotas sobre ella llenaría mi escritorio.
¡Bendita brisa que me vas a conducir a mi cama y a un sueño placentero!.
Te gané la partida. Hoy, yo te he agotado. Quizá mañana no sepa como escurrir mis miedos por tus veinticinco centímetros de largo. Pero mañana, será otro día y ya sé me ocurrirá algo.





