CARTAS A TEÒFILO
Granada 1 de Marzo de 1986
Querido Teo. :
¡Quién iba a pensar, Teófilo, que yo me enamorase de manera tan febril!.
No termino de creerlo y me asombro del tiempo que hasta ahora, ella me ha tenido embriagada. ¡No entiendo cómo pudo atraerme esa mujer!. No me juzgues, amigo, yo , aún, no doy crédito a lo que siento.
Que al pensar, ya no piensa mi cerebro libremente, que está cautivo, que se confunde y opina a su libre albedrío.
Se dilata mi corazón, cuando ojos tan vivos se clavan en los míos, ruborizando en secreto lo secreto y ensanchando con gracia mis venas, dejando correr el alimento de mi ser, de forma atropellada, y aumentando mi nerviosismo cada vez que un minuto tan sólo la miro.
Estoy , amigo , como quien no entiende y se hace sorda al entender. Dueña de mí, es. Me habla en un lenguaje sutil y escudriña todos mis rincones dejando al aire mis intimidades, y yo, sin pudor y sin miedo la dejo alborotar mis sueños y mis ilusiones.
Ella, es la única que se pasea con gusto y a gusto por todo el paisaje enmarañado de inocencia maléfica que es mi cabeza. Y todo el tiempo sonríe y se ríe. ¿De la vida?. No lo sé.
¡Ah!, ¡cómo néctar en su boca se derrama la alegría!. Su boca. Grande, cándida, generosa para albergar mis besos. Roja, como la sangre, caliente como el infierno. Mi mente se siente atrapada; estoy ciegamente enamorada.
¿Y cuando de mi lado se marcha?, las palabras desamparo, abandono o muerte alcanzan en plenitud su significado, clavándose todas en mi alma, pero, de nuevo, me veo colmada cuando reaparece y desnuda reclama mis ansias de romperla, de liarla a mi pecho con su pelo y esconderla entre las sábanas, donde mi reencuentro con el todo y la nada se funden en mil lágrimas.
Cuando exclama: -¡ Amor, he vuelto!. Abrázame y llena de calor la cama, que quiero abrasarme en tu piel hasta que de mí solo una llaga haya. Porque sentir que me amas hasta duele, vida, y me hiere tan profundo que el placer y el dolor se confunden y se mezclan sintiéndolos yo uno.- Es entonces cuando ya me quedo extasiada.
Teófilo, tú que me conoces. ¿Qué he de hacer para recuperar la calma?, ya que esta mujer ha invadido mi habitación, mi tiempo, mi casa y ha enloquecido mi ritmo, mi pulso y me ha cambiado el mañana. Amigo, no deseo este amor que me desarma, pero, prisionera y condenada en su cárcel de por vida ya me encuentro, y aún sin quererlo , contrariamente me resisto a que me liberen de esta pena. Quiero amar a esta mujer y no sé me ocurre ya nada para alejarla de mí.
Amigo. Escríbeme .Espero ansiosa tu carta.
Querido Teo. :
¡Quién iba a pensar, Teófilo, que yo me enamorase de manera tan febril!.
No termino de creerlo y me asombro del tiempo que hasta ahora, ella me ha tenido embriagada. ¡No entiendo cómo pudo atraerme esa mujer!. No me juzgues, amigo, yo , aún, no doy crédito a lo que siento.
Que al pensar, ya no piensa mi cerebro libremente, que está cautivo, que se confunde y opina a su libre albedrío.
Se dilata mi corazón, cuando ojos tan vivos se clavan en los míos, ruborizando en secreto lo secreto y ensanchando con gracia mis venas, dejando correr el alimento de mi ser, de forma atropellada, y aumentando mi nerviosismo cada vez que un minuto tan sólo la miro.
Estoy , amigo , como quien no entiende y se hace sorda al entender. Dueña de mí, es. Me habla en un lenguaje sutil y escudriña todos mis rincones dejando al aire mis intimidades, y yo, sin pudor y sin miedo la dejo alborotar mis sueños y mis ilusiones.
Ella, es la única que se pasea con gusto y a gusto por todo el paisaje enmarañado de inocencia maléfica que es mi cabeza. Y todo el tiempo sonríe y se ríe. ¿De la vida?. No lo sé.
¡Ah!, ¡cómo néctar en su boca se derrama la alegría!. Su boca. Grande, cándida, generosa para albergar mis besos. Roja, como la sangre, caliente como el infierno. Mi mente se siente atrapada; estoy ciegamente enamorada.
¿Y cuando de mi lado se marcha?, las palabras desamparo, abandono o muerte alcanzan en plenitud su significado, clavándose todas en mi alma, pero, de nuevo, me veo colmada cuando reaparece y desnuda reclama mis ansias de romperla, de liarla a mi pecho con su pelo y esconderla entre las sábanas, donde mi reencuentro con el todo y la nada se funden en mil lágrimas.
Cuando exclama: -¡ Amor, he vuelto!. Abrázame y llena de calor la cama, que quiero abrasarme en tu piel hasta que de mí solo una llaga haya. Porque sentir que me amas hasta duele, vida, y me hiere tan profundo que el placer y el dolor se confunden y se mezclan sintiéndolos yo uno.- Es entonces cuando ya me quedo extasiada.
Teófilo, tú que me conoces. ¿Qué he de hacer para recuperar la calma?, ya que esta mujer ha invadido mi habitación, mi tiempo, mi casa y ha enloquecido mi ritmo, mi pulso y me ha cambiado el mañana. Amigo, no deseo este amor que me desarma, pero, prisionera y condenada en su cárcel de por vida ya me encuentro, y aún sin quererlo , contrariamente me resisto a que me liberen de esta pena. Quiero amar a esta mujer y no sé me ocurre ya nada para alejarla de mí.
Amigo. Escríbeme .Espero ansiosa tu carta.





