“Alguien dijo alguna vez: Es mejor tener suerte que talento.Ese alguien conocía la esencia de la vida".
Esta es una de las grandes frases lapidarias de esta película, ya que tiene más de una, (más por lo que encierran, que por lo que dicen), y que se escucha al comienzo de la película, como si de la introducción de un libro se tratara, previa a la novela que vamos a leer, mientras una pelota de tenis es golpeada una y otra vez, en ambos sentidos de la red, hasta que golpea la parte superior de la misma. Este momento se presenta como un fotograma a cámara lenta, dejando la bola congelada justo encima de la red. El azar, o la suerte, se encargarán de que la bola caiga de un lado u otro del campo, en este caso, para nada depende del talento o del buen hacer de los jugadores o contrincantes, y para saber de que lado caerá la bola, hay que ver la película en la que Woody Allen, trata con tanta naturalidad el tema de la infidelidad. Para mí, de película solo tiene a los actores, porque hasta el final puede llegar a ser real como la vida misma y desde luego, como el mismo Allen dice, es un final lleno de daños colaterales, por la forma tan cruda y veraz que tiene, de mostrar la parte más hirientemente y real, de una infidelidad movida por la Tentación, convertida en Pasión para terminar en Obsesión.
Desde el Miércoles, estos Puentes de Madison, (por lo que tienen de puentes, nada más), ha sido bastante cinéfilos para mi, y dadas las circunstancias en las que me encuentro, (ahora mismo soy como una esponja deshidratada, ávida de liquido con el que empaparme), todo lo que percibo por mis retinas, o por mis oídos, lo aplico al libro de mi vida de una manera que puede llegar a resultar, espantosamente cruel para mi misma.
Últimamente me siento como un niño pequeño con la cinta virgen de su cerebro gravando a 2000 r.p.m, aunque, en realidad, soy más bien, como un viejo PC reseteando todo su disco duro. El caso es que, sea como sea, todo lo que sucede a mí alrededor, es aplicable a mi misma, de tal manera que anoche, tras ver esta magistral película, me quedé pensando, por un momento, en que mi vida lleva unos cuantos años ya, jugando bolas de partido, y que muchas veces, mis bolas han golpeado la red, y hasta ahora, han caído más veces del lado del contrario que del mío, es decir, he conseguido un MATCH POINT, y cuando mi bola ha caído de mi lado, no solo no he conseguido mi punto de partido, sino que he perdido el partido de una forma estrepitosa para mi.
Pues bien, queridos TODOS, o casi todos, que me leéis, (sí, porque se que me lees. Tú, sí tú, no te sorprendas tanto. Tú que siempre estás ahí, en la retaguardia, sin hacer ruido, sin hablar, sin manifestarte, pero sin poderlo evitar, porque quieres saber y te preocupa todo cuanto yo tenga que decir o contar. Tú, que aun así, dejas huella, como el infiel con talento pero sin suerte, dejando una estela de pistas tras él), ahora mismo me encuentro justo en ese momento otra vez, como en ese fotograma congelado de la bola sobre la red, y ciertamente pienso que, esa frase introductoria, hoy en día más que nunca, es tan cierta como que la Navidad está a la vuelta de la esquina, y estoy convencida de que cada día más y según para que, "Es mejor tener suerte que talento". Y espero que la suerte me acompañe, que la bola caiga en el lado contrario y que pueda anotarme un punto de partido.
el tema de la infidelidad no es nuevo en Woody Allen, de hecho, esta misma historia ya la plantea en una película anterior: Delitos y Faltas.
Un saludo.
Vamos niña, cuenta algo que me tienes en ascuas!!
Palabra de brujita.
No he visto Match Point pero con tanta referencia de blog en blog voy a verla pronto. He hojeado el libro de Audrey que comentabas, estaba en la misma puerta de La casa del Libro. Me acordé de tí, a ver si me animo y me lo leo.
Un beso ( y que la fuerza te acompañe)



















