Contraindicaciones de un Cambio
Jueves, 19 Julio 2007 / 01:29
Enlace Permanente
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En la vida de toda persona hay cosas inevitables y una de esas cosas son los cambios. Hay cambios para bien, para mal, cambios inesperados, deseados, cambios por fortuna y por desventura, pero ante todo cambios son. La gente se pasa la vida esperando que algo cambie. Que la fortuna les sonría, que el amor les sea correspondido, que sus pecados y errores les sean perdonados o simplemente, que lleguen tiempos mejores. La experiencia, sabia consejera, advierte que los cambios siempre tienen consecuencias y, por tanto, hace suya la frase, mejor que me quede como estoy.
- ¿Esta usted segura? – fue lo único que se me ocurrió articular a través del teléfono, visiblemente afectado por el sueño, tras una noche dando vueltas en una cama demasiado grande para mi solo.
- Si es usted Don Periodista Aficionado, si. Ha sido usted seleccionado, felicidades.
Durante los últimos 6 meses mi vida había experimentado demasiados cambios, alguno de los cuales todavía no me había dado tiempo a digerir. Primero, a principios de enero y coincidiendo casi con la víspera de mi cumpleaños fue la llegada de mi primer trabajo en condiciones. Este se debía a la correcta utilización de una beca de trabajo de mi querida universidad. Un miércoles lluvioso afronté mi primera entrevista de trabajo con alegría y con más nervios que vergüenza. Al día siguiente estaba contratado en una radio puntera de la pequeña ciudad costera donde residía. Al principio estaba encantado y aunque fuesen muchas horas, mucho estress y muy, muy, muy poco dinero, me sentía el hombre más afortunado de este mundo (y de muchos otros). Pero claro, empezar a trabajar en pleno enero tuvo sus consecuencias.
La primera y más notable, que me quedasen asignaturas como churros, porque a mi me gusta mucho cumplir con mis obligaciones y estaba deseando terminar mi carrera, pero claro, trabaja tu 10 horas diarias y estúdiate un precioso libro sobre métodos de investigación científica aplicados al periodismo, entre otras lindezas.
La segunda consecuencia también era de esperar. Mi vida se vio reducida, casi en su totalidad, al trabajo y al estudio, con lo llegado de marzo tenia media depresión cuajada y la cosa apuntaba a ir en aumento. Eso si, una vez me hice con el trabajo y pasó la época de exámenes pude retomar mi vida social.
La tercera y más problemática vino al darme cuenta de que mi tiempo de estudiante estaba casi agotado y que, por tanto, en un corto espacio de tiempo debería decidir a que dedicaría mi vida futura, por lo menos a corto plazo. Eso me asustó. Lo reconozco sin apenas ruborizarme, porque más de la mitad de los futuros pequeños licenciados que me acompañaban en el camino se encontraban en la misma situación. Lo curioso del tema es que conseguí evadirme por completo de esta última cuestión centrándome principalmente en mi actual rutina.
Por supuesto, mi vida sentimental también había cambiado. Ya no tenía (ni tengo) tiempo para tonterías. Eso no significa que no intentase (he intente cada vez más) tener algo estable, porque oportunidades no me faltan y de las buenas. El caso es que con el poco tiempo del que disponía más que conocer a los chicos les hacia un escáner, los catalogaba, etiquetaba y decidía que hacer con ellos. Un perfecta disección, que daba como resultado que no me aguantasen ni el primer asalto.
La cuenta corriente aumentó durante 5 meses, pero tal como vino, se fue. Respecto a este tema lo tengo bien claro, si sois periodistas o pretendéis serlo:
a) Jamás os paséis a contrato con vuestro móvil.
b) Bajo ningún concepto lo digáis en la empresa.
c) Haced vuestra la norma, si no llego a las 11 ya llegaré a las 11:30 (creo que nunca en mi vida me he dejado tanto en taxi).
Llegado mayo acabé mi trabajo, retomé lo que quedaba de curso, recuperé las asignaturas de febrero y volvieron a quedarme en junio (que cruz, por favor...) y cuando casi empezaba a asimilar los cambios de mi vida, el destino volvió a usarme cual marioneta y me pegó un último revés.
- ¿Diga? – Respondí al teléfono con la misma voz que Carmen de Mairena tras la manifestación del orgullo gay. -
- Buenos días. ¿Hablo con Don Periodista Aficionado? – Al oír el “Don” pensé automáticamente en televenta. –
- Si, soy yo, pero señorita, no estoy interesando en comprar nada, ni en cambiarme de compañía telefónica, ni.... – Mi voz oscilaba ahora entre MA Barrakus (componente del Equipo A) y un gato encerrado en un piano.
- No, tranquilo- empecé a oír risas ahogadas a través del auricular- llamo de la oficina de cooperación internacional, ha sido usted seleccionado para la beca de movilidad con ibero América con destino a Puerto Rico. Me llamo Sofía y soy su coordinadora.
Todo el mundo espera durante toda una vida que las cosas cambien, pero la mayoría de la gente no sabe como afrontar el cambio una vez que este se produce.
- ¿Esta usted segura? – fue lo único que se me ocurrió articular a través del teléfono, visiblemente afectado por el sueño, tras una noche dando vueltas en una cama demasiado grande para mi solo.
- Si es usted Don Periodista Aficionado, si. Ha sido usted seleccionado, felicidades.
Durante los últimos 6 meses mi vida había experimentado demasiados cambios, alguno de los cuales todavía no me había dado tiempo a digerir. Primero, a principios de enero y coincidiendo casi con la víspera de mi cumpleaños fue la llegada de mi primer trabajo en condiciones. Este se debía a la correcta utilización de una beca de trabajo de mi querida universidad. Un miércoles lluvioso afronté mi primera entrevista de trabajo con alegría y con más nervios que vergüenza. Al día siguiente estaba contratado en una radio puntera de la pequeña ciudad costera donde residía. Al principio estaba encantado y aunque fuesen muchas horas, mucho estress y muy, muy, muy poco dinero, me sentía el hombre más afortunado de este mundo (y de muchos otros). Pero claro, empezar a trabajar en pleno enero tuvo sus consecuencias.
La primera y más notable, que me quedasen asignaturas como churros, porque a mi me gusta mucho cumplir con mis obligaciones y estaba deseando terminar mi carrera, pero claro, trabaja tu 10 horas diarias y estúdiate un precioso libro sobre métodos de investigación científica aplicados al periodismo, entre otras lindezas.
La segunda consecuencia también era de esperar. Mi vida se vio reducida, casi en su totalidad, al trabajo y al estudio, con lo llegado de marzo tenia media depresión cuajada y la cosa apuntaba a ir en aumento. Eso si, una vez me hice con el trabajo y pasó la época de exámenes pude retomar mi vida social.
La tercera y más problemática vino al darme cuenta de que mi tiempo de estudiante estaba casi agotado y que, por tanto, en un corto espacio de tiempo debería decidir a que dedicaría mi vida futura, por lo menos a corto plazo. Eso me asustó. Lo reconozco sin apenas ruborizarme, porque más de la mitad de los futuros pequeños licenciados que me acompañaban en el camino se encontraban en la misma situación. Lo curioso del tema es que conseguí evadirme por completo de esta última cuestión centrándome principalmente en mi actual rutina.
Por supuesto, mi vida sentimental también había cambiado. Ya no tenía (ni tengo) tiempo para tonterías. Eso no significa que no intentase (he intente cada vez más) tener algo estable, porque oportunidades no me faltan y de las buenas. El caso es que con el poco tiempo del que disponía más que conocer a los chicos les hacia un escáner, los catalogaba, etiquetaba y decidía que hacer con ellos. Un perfecta disección, que daba como resultado que no me aguantasen ni el primer asalto.
La cuenta corriente aumentó durante 5 meses, pero tal como vino, se fue. Respecto a este tema lo tengo bien claro, si sois periodistas o pretendéis serlo:
a) Jamás os paséis a contrato con vuestro móvil.
b) Bajo ningún concepto lo digáis en la empresa.
c) Haced vuestra la norma, si no llego a las 11 ya llegaré a las 11:30 (creo que nunca en mi vida me he dejado tanto en taxi).
Llegado mayo acabé mi trabajo, retomé lo que quedaba de curso, recuperé las asignaturas de febrero y volvieron a quedarme en junio (que cruz, por favor...) y cuando casi empezaba a asimilar los cambios de mi vida, el destino volvió a usarme cual marioneta y me pegó un último revés.
- ¿Diga? – Respondí al teléfono con la misma voz que Carmen de Mairena tras la manifestación del orgullo gay. -
- Buenos días. ¿Hablo con Don Periodista Aficionado? – Al oír el “Don” pensé automáticamente en televenta. –
- Si, soy yo, pero señorita, no estoy interesando en comprar nada, ni en cambiarme de compañía telefónica, ni.... – Mi voz oscilaba ahora entre MA Barrakus (componente del Equipo A) y un gato encerrado en un piano.
- No, tranquilo- empecé a oír risas ahogadas a través del auricular- llamo de la oficina de cooperación internacional, ha sido usted seleccionado para la beca de movilidad con ibero América con destino a Puerto Rico. Me llamo Sofía y soy su coordinadora.
Todo el mundo espera durante toda una vida que las cosas cambien, pero la mayoría de la gente no sabe como afrontar el cambio una vez que este se produce.