Braguitas rosas sobre su piel de espuma
El tigre, oculto tras el follaje, observa el brincoteo de la gacela que le coquetea en su paseo... Tal vez los tigres nunca hayan conocido una gacela, pero tampoco las gacelas usan braguitas de gasa color rosa como la que lucía frente a mí Helena, con sus piernitas del color de su ropa interior blanqueada con espuma de mar; así se movía por la habitación con mis ganas de besarle el vientre, justo entre el obligo y la costura del corpiño.
Ella sabe que me enloquece cuando menea sus caderas con la melodía matutina que interpretan los rayos de sol a través de las persianas, siempre le ha gustado andar así por la habitación, es su costumbre, no es para provocar, simplemente anda de ese modo que me mata cuando está relajada. Juraría haber visto a Diana pasear inexpugnable con su arco, de cacería, entre los árboles de un bosque perdido en algún relato de pergamino griego.
Se recuesta sobre la cama con esa sonrisa confidente y sus ojos centelleando a la espera de mi abrazo; sigue ahí con sus braguitas rosas y su cabello castaño claro, sólo acierto a tragar saliva y acariciar su mejilla izquierda, le sonrío. No quiero que se ponga sus vaqueros y se vaya a su clase. Quiero seguir viendo sus piernas enmarcadas por sus braguitas rosas deambulando por la habitación y nada más. El mundo no existe más allá de ésta habitación si ella esta aquí.
-¿Regresarás? –Es todo lo que acierto a decir.
Ella me toma por la nuca con su mano izquierda y me da un tierno beso, sus ojos brillan por un instante…
-Te dejo mi corazón en prenda. –y no dejó de mirarme hasta encontrar sus vaqueros para ponérselos. Mientras se vestía le di un beso suavemente sobre su hombro derecho, ella se estremeció, volvió su cara y le dejé otro beso en su mejilla.
La observo ponerse de pie en silencio para tomar su bolso, antes que llegue a la puerta la tomo por el brazo y la rodeo con los míos, se despide en silencio con otro beso. Le abro la puerta, cierro los ojos y aspiro su perfume natural antes de que se vaya, camina por el pasillo con la cadencia suave de su cintura, gira ligeramente obre sus talones, cierra quedito sus ojos y la comisura de su boca se levanta un poco antes de seguir con su camino.
Me quedo ahí, en el marco de la puerta, aguardando su regreso antes de la despedida del sol…
Wow, ya m' voy...
Ella sabe que me enloquece cuando menea sus caderas con la melodía matutina que interpretan los rayos de sol a través de las persianas, siempre le ha gustado andar así por la habitación, es su costumbre, no es para provocar, simplemente anda de ese modo que me mata cuando está relajada. Juraría haber visto a Diana pasear inexpugnable con su arco, de cacería, entre los árboles de un bosque perdido en algún relato de pergamino griego.
Se recuesta sobre la cama con esa sonrisa confidente y sus ojos centelleando a la espera de mi abrazo; sigue ahí con sus braguitas rosas y su cabello castaño claro, sólo acierto a tragar saliva y acariciar su mejilla izquierda, le sonrío. No quiero que se ponga sus vaqueros y se vaya a su clase. Quiero seguir viendo sus piernas enmarcadas por sus braguitas rosas deambulando por la habitación y nada más. El mundo no existe más allá de ésta habitación si ella esta aquí.
-¿Regresarás? –Es todo lo que acierto a decir.
Ella me toma por la nuca con su mano izquierda y me da un tierno beso, sus ojos brillan por un instante…
-Te dejo mi corazón en prenda. –y no dejó de mirarme hasta encontrar sus vaqueros para ponérselos. Mientras se vestía le di un beso suavemente sobre su hombro derecho, ella se estremeció, volvió su cara y le dejé otro beso en su mejilla.
La observo ponerse de pie en silencio para tomar su bolso, antes que llegue a la puerta la tomo por el brazo y la rodeo con los míos, se despide en silencio con otro beso. Le abro la puerta, cierro los ojos y aspiro su perfume natural antes de que se vaya, camina por el pasillo con la cadencia suave de su cintura, gira ligeramente obre sus talones, cierra quedito sus ojos y la comisura de su boca se levanta un poco antes de seguir con su camino.
Me quedo ahí, en el marco de la puerta, aguardando su regreso antes de la despedida del sol…
Wow, ya m' voy...
Comentario:
Wow..quien te viera!
te ia un buen q no venia a tu pensadero la verdad no entienod mucho de stas cosas pero te prometo q estare mas al pendinte de tu blog..
saludos!
te ia un buen q no venia a tu pensadero la verdad no entienod mucho de stas cosas pero te prometo q estare mas al pendinte de tu blog..
saludos!





