logotipo

img_google
Vida y Milagros de un Informático
Vivencias de un informático y parado en ciernes al comienzo de su carrera profesional.
Prólogo
Incording people since april the 17th 2005
Sindikatua
 
Ya es Navidad en el Corte Inglés (y otras petisoperías)

Lo dicho compañeros, ya es Navidad en el Corte Inglés y por ende, en nuestros hogares, seamos cristianos practicantes, ateos, musulmanes o simplemente, tocagüevos. Porque hoy día, si no tienes un abeto de plástico y un belén completamente anacrónico, no puedes ser una persona feliz y realmente integrada en la sociedad. La todopoderosa Federación de Comercio ha decidido, merced a la utilización de un ejército de adornos y lucecitas made in China que ha comenzado la "época más feliz del año" (a despecho de la rasca que hace) y al que no le guste, es que es un bicho raro.

La Navidad no son fechas para unirse y estar más contentos que Jiménez Los Santos en julio del 36; nada más lejos de la realidad. La Navidad es riesgo, sobretodo riesgo. Y existen numerosas razones para afirmarlo:


  • Riesgo para tu vida: cuando montas uno de esos pseudovegetales de policipriano de plasticato rodeado de guirnaldas y bolitas altamente inflamables y finalmente aderezado con cablecitos y bombillitas al más puro estilo del desprecio por la seguridad laboral.

  • Riesgo para tu salud: cuando te endiñas al cuerpo una sobredosis de langostinos, lenguados, croquetas, rollos de carne o lo que sea que se cene en vuestras casas y acabas de empujarlo con turrones, frutos secos y cava catalán, sobretodo MUCHO cava catalán.

  • Riesgo para tu reputación: cuando agarras la moña de tu vida en fin de año y acabas bailando con la corbata puesta en plan Rambo o siendo incapaz de verte los pies. Este punto se presta mucho a ser acompañado por los típicos ¿quién coño es este que está a mi lado? el día de Año Nuevo.

  • Riesgo para tu vida laboral: cuando no te pagan las extras o peor, cuando tu jefe te chupa los festivos (esto va dirigido principalmente al gremio comercial) en aras del negocio; pero tú sigues ganando la misma miseria.

  • Riesgo para tu economía: cuando te gastas el sueldo de dos meses en regalos y comida que estarás apurando hasta el mes de marzo. Porque: ¿en qué casa no hay un cuenco con peladillas o higos secos que dure hasta Semana Santa?

  • Riesgo para la dignidad histórica (no menos importante): cuando montas un belén ambientado lógicamente en Palestina, pero en el cual hay tanta nieve que parece Baqueira-Beret; y en el que diversas generaciones de belenistas familiares han aportado su granito de arena con numerosas figuras y construcciones, hasta que la disparidad de tamaños asemeja el resultado más a una escena del Señor de los Anillos que al Próximo Oriente de hace 2000 años. Todo eso por no hablar de la costumbre de meter bombillitas de colores en las casas (como si ya existiera Endesa), convirtiendo finalmente un apacible lugar de la Tierra Prometida en el barrio chino de Amsterdam.

Ya lo véis, la Navidad es, ante todo, riesgo... quizás por eso gusta tanto a todo el mundo. Yo, por mi parte, he de reconocer, que aún siendo un convencido antinatalista hace unos años, me he replanteado seriamente mis posiciones para, finalmente, decidir que hay épocas y momentos mucho peores a lo largo del año, como por ejemplo el mes de octubre.

Hasta aquí el capítulo de hoy, nasnoches.

 
Non é ouro todo o que reloce (e outras petisoperías)

Ás veces o exceso de precaución na toma de decisións leva á perda de incríbles oportunidades. Iso alomenos pode ser o que "acaso" me ocorrese a min nos últimos tempos. Agora xa podo pasar días a pensar onde faiou a máquina, pero no fondo sempre souben a resposta: tardei demasiado en botar gasolina, cavilando onde estaría máis barata. O único que me queda é darme croques coas paredes pra aprender a non seren tan idiota.

Xa sei que non son precisamente o máis indicado pra lle dar consellos a ninguén en relación a determinados temas, pero facédeme caso: non esperedes demasiado a que o viño se faga bo, ou beberedes vinagre. Últimamente cavilo cada vez máis a miúdo se a miña situación será cuestión de mala sorte ou de idiotismo profundo, pero non hai nada que non soluzoen as pastillas correctas.

Se aínda queda alguén próximo a min que non collera o sentido de todo o anterior, pois síntoo, pero non penso dar explicazóns nen nomes concretos nesta miña páxina, porque iso está moi feo. O que vou facer agora é esperar, coma fan os cazadores, ata que a mesma presa (ou outra do mesmo calibre) pase perto á toxeira onde me escondo, total pró que teño que facer...

O último por facer xa é lembrarvos que o Nadal está á volta da esquina e que deberiades de tomarvo-la molestia de mercarlle algo ós vosos achegados, que unha vez ó ano non fai dano. Eu, pola miña parte xa levo fundido prácticamente un soldo en agasallos, e a verdade é que, unha vez feito, dinme de conta de que case me doe máis o que gasto en cubatas cada fin de semana.

Non é que o Nadal sexa precísamente a miña época favorita do ano porque, en verdade, odio toda a parafernalia de luces e panxoliñas coas que nos atormenta o Corte Inglés e os seus seguidores sectarios; pero coido que hai que aproveitar cada minuto libre (e deses hai moitos na mencionada época) pra non se arrepentir despois do feito ou deixado de facer.

Trocando de tema radicalmente pido desculpas os poucos lectores que poda ter pola ausenza de textos do último mes, pero non tiña demasiadas ideas (nen tempo) e pra escribir mal, é preferíbel non o facer. Gustaríame poder colgar máis artículos, pero non me sobra o tempo de lecer, precisamente, e o pouco que teño prefiro pasa-lo nas rúas e bares, no canto de diante dun ordenador, espero que o comprendades.

Até eiquí o capítulo de hoxe, astardes.