Un nuevo fascículo del apasionante mundo de la literatura petisa, esta vez de la mano de uno de los científicos más importantes del país, y que, a veces, no merece tanto reconocimiento como debiera.
- Título: Al Otro Lado de la Niebla.
- Autor: Juan Luis Arsuaga.
- Estilo: Novela de Historia-Ficción.
- Editorial: SUMA de letras.
El libro narra (casi en clave de fábula) la historia de un joven huérfano desde que hipotecan su infancia entregándolo a un nómada anciano y detestable en pleno Cuaternario, hasta que encuentra al amor de su vida y se ve mezclado en una guerra entre tribus con trágico resultado.
El estilo entremezcla el relato "real" con cuentos y leyendas narradas por los propios personajes, al estilo de la literatura religiosa, de tal manera que utilizan el recurso del mito para explicar el mundo que les rodea. El protagonista, que ha conocido numerosas tribus y, por ende, numerosas explicaciones de la realidad; decide que tiene que haber motivos menos sobrenaturales, y más "materiales" para comprender su entorno; y concentra su vida en dar respuesta a sus dudas (hasta que se enamora claro, porque cuando uno está enconado resulta difícil pensar con claridad).
El texto se hace sencillo de entender a pesar de la sobrecarga de arcaísmos castellanos que decide emplear el autor y que, en vez de dificultar la lectura, le dan a la historia un aire común, casi cotidiano. La manera de narrar de Arsuaga se hace notar, con un estilo próximo y sin excesos, y una historia bastante "adornada", aunque optimistamente creíble.
Otra recomendación de Petisoperías para sus queridos y allegados, considerando que se trata de una pieza, sino extraordinaria, al menos sí muy buena y sobretodo, apta para todos los públicos (excepto quizás esos que dicen que el hombre no ha evolucionado de los simios, sino del barro y un soplido).
Hasta aquí el libro de hoy, nasnoches.
Antes de proceder con esta nueva entrega de "cultura pa'tós", me gustaría aclarar que, debido a fallos en el servidor de ya.com, he perdido los comentarios que dejasteis en el mes de enero, que, aunque no eran muchos, contenían auténticas perlas, como una que me dejó il fratello catalanno sobre cómo aproximarse a las mujeres.
- Título: Ciudadano del Imperio.
- Autora: Gillian Bradshaw.
- Estilo: Novela de Historia-Ficción.
- Editorial: Ediciones B.
Un texto ameno basado en una intriga política-económica centrada en la figura de un financiero griego alejandrino que, intentando salvar su negocio, se ve involucrado en una lucha contra la cúpula aristocrática de la Roma imperial.
La autora utilizó datos reales que tejió con relativo éxito y bastante realismo, aunque en algunos pasajes parece faltar acción o, por el contrario, tiende a abusar demasiado de las mismas técnicas y argumentos. La mayoría de los personajes están muy trabajados y resultan bastante creíbles, así como los ambientes, sin caer en la exhaltación de una "civilización perfecta", como ocurría en las viejas novelas y películas centradas en la antigua Roma; o en la degradación absoluta de la misma, como ocurre actualmente con demasiada frecuencia, obviando que la romana fue una sociedad muy preocupada por sus leyes y burocracia.
En resumen, resulta un libro recomendable y entretenido que, a pesar está muy bien documentado e históricamente construido, le carece de la agilidad que requiere una novela de casi cuatrocientas páginas para mantener al lector siempre atento y ocupado en el texto.
Todo lo anterior no quiere decir que no lo recomiende, ya que a mi me ha encantado y lo he leído ávidamente, sino que quizás, no sea la recomendación más adecuada para aquellas personas que decidan probar por las novelas históricas como nuevo género de lectura, para esos que intenten engancharse a este género por primera vez recomendaría obras como las contenidas en la trilogía Alexandros de Valerio Massimo Manfredi, o El Clan del Oso Cavernario de Jean M. Auel.
Hasta aquí el libro de hoy, nasnoches.
Un día como hoy me complacería sobremanera hablar sobre los 6 que le calzaron al Madrid ayer, pero el momento requiere algo mucho más serio: la religión está intentando atentar contra uno de los derechos fundamentales de la democracia.
Algunos diréis: ¿y qué tiene eso de nuevo? o incluso ¡ya está éste hablando de la Iglesia, para variar! Pues no, no y tres veces NO bien grande para que se vea correctamente. Esta vez se trata de los ulemas, ayatollahs e imanes que, para más I.N.R.I. (nunca mejor dicho), pretenden imponer sus obsoletas y decadentes ideas en los cerebros de los no-creyentes.
Por lo visto, estos personajes, que se cubren las cabezas con trapos para que no se vea que las tienen vacías, de un día a otro la han tomado contra los daneses, esos pacíficos fabricantes de galletas de sobremesa, por el mero hecho de dibujar a su "profeta"; ese que, por lo visto no puede ser representado mediante ningún tipo de imagen, pero en cuyo nombre se pueden mutilar los genitales de una mujer o asesinar a doscientas personas en un tren.
Resulta que en este país, durante los últimos dos siglos, miles, decenas de miles y puede que cientos de miles de personas han arriesgado sus vidas (y en muchos casos las han perdido) por defender un derecho básico del ser humano como es la libertad de expresión, y ahora resulta que tenemos que callarnos; ya no porque lo diga un dictador con voz de pito, sino porque lo dice un imbécil que vive al otro lado del planeta y que está dos puntos por debajo de cualquier ateo del mundo en la escala evolutiva.
Sinceramente, no veo por qué podemos representar al Dios de los cristianos, religión tradicionalmente ligada a Europa; y no podemos representar al dios de los musulmanes. No me entra en la cabeza que tenga que hacer caso a una persona por el simple hecho de que se ponga un trapo en la cabeza, deje de comer cerdo y de beber alcohol y/o se corte un pedazo de polla.
Esos energúmenos que lanzan piedras y prenden fuego a embajadas y consulados no ven más allá de sus narices, y parecen no entender que Europa es su único nexo con la realidad global, esa última sinapsis que, en caso de romperse los dejaría en manos de la "diplomacia" estadounidense, en el mejor de los casos. Quizás llegue el día en que a alguien se le encienda la bombilla en este país y tome ejemplo de una de las pocas virtudes reales de la República Francesa, la laicidad del Estado, esto es, que ninguna religión debe mantener ningún tipo de relación preferente con el Estado ó que, a ser posible, ninguna religión mantenga relación DE NINGÚN TIPO con el Estado.
Hasta aquí el capítulo de hoy, nasnoches.





