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Vida y Milagros de un Informático
Vivencias de un informático y parado en ciernes al comienzo de su carrera profesional.
Prólogo
Incording people since april the 17th 2005
Sindikatua
 
Refranero copular (y otras petisoperías)

No es oro todo lo que reluce... ni mierda todo lo que apesta.

A quien madruga... le dan por culo.

No por mucho tempranear, amanece más madruga.

Tanto va el cántaro a la fuente... que al final se aprende el camino.

Tanto tienes, tanto vales... tanto robas.

Cuando el grajo vuela bajo... te caga en la frente.

Ojos que no ven... farolazo que te pegas.

Tiran más dos tetas... que una.

Todos los caminos llevan... a Puerta del Sol.

Treinta días tiene septiembre con abril, junio y noviembre; febrero veintiocho... y el culo te abrocho.

El que ríe último... no cogió el chiste.

Cuando el río suena... hay crecida.

Quien a buen árbol se arrima... tiene ojo para las plantas.

A perro viejo... todo son años.

De polvo naces y en polvo te convertirás.

Dime con quien andas... que no la conozco.

Nunca llovió.. que no mojase.

El trabajo dignifica... al empresario.

Vísteme despacio... que me pongo cerdo.

Roma no paga traidores... Washington todos los que quieras.

Más sabe el diablo por viejo... que por cornudo.

A palabras necias... oídos gordos.

Agua que no has de beber... guárdala para después.

A enemigo que huye... tiro por la espalda.

Más vale pájaro en mano... que patada en los güevos (por cortesía de la familia Campos).

A caballo regalado... no le mires el precio.

Cada cual en su casa... y la tele en la de todos.

A cada puerro le llega su San Martín.

A falta de pan... se lame el plato.

Donde tengas la olla no metas la polla... porque hace pupita.

En casa de herrero... calor que te cagas.

Nunca te acostarás... satisfecho de verdad.

Piensa el ladrón... lo bien que vive el ministro.

Y para terminar uno original que no hace falta modificar:

Hasta a la mejor puta se le escapa un pedo.

Hasta aquí el capítulo de hoy, nasnoches.

 
Una noche más y otras petisoperías

Una noche más he cometido otra estupidez, para variar. He estado a punto (o al menos eso creo) de pasármelo mucho mejor (digo mucho mejor en vez de muy bien porque realmente me lo pasé de puta madre) de lo que al final me lo he pasado. Todo por la razón de siempre: el no lanzarme. Todo empezó por el camino de siempre: que si no estaba seguro, que si no me gusta que me metan en leas, que si la acabo de conocer... al final cuando parecía que tenía más probabilidades me apareció la conciencia y me dijo:

- Ahora no, que está muy borracha y eso no es de caballeros.

Si es que lo cortés no quita lo valiente (aunque tampoco lo otorga). Al final me he venido a casa, borracho como siempre, con un calentón del catorce y una imagen grabada en las retinas que habla de unos ojos que probablemente recordaré durante mucho tiempo... si es que no lo puedo evitar, en el fondo soy un sentimental aunque me las pase de duro las más de las veces.

Por lo menos mi papel como Celestino social en mi pequeño mundo semeja haber dado sus frutos, y por primera vez en varios años el árbol ha echado flores (está por ver si las frutas son dulces como fresas o amargas cual pomelo en escabeche)

A cualquiera que sepa de qué estoy hablando, o lo intuya; le suplicaría un poco de ayuda en este trance de profunda frustación psico-sexual que no me lleva a ningún lado porque, a fin de cuentas, todos estamos hechos del mismo barro (como los botijos).

Hasta aquí el capítulo de hoy, nasnoches.

 
Telesféricos, telepequevisiones y otras petisoperías

Una mañana en que madrugué pero Dios no me ayudó, descubrí que la vida eran dos días y que, a mis diez horas de existencia, estaba malgastando un tiempo valiosísimo en recorrer un monte que, ni muchos menos, era todo orégano; y en ordeñar un vaca tan mojama que ni de broma me daría para acabar siendo el dueño de Leyma. No es que mi vida no me agrade, pero es que tampoco me da ninguna sorpresa agradable, la monotonía guía mis pasos y me hace tropezar no una ni dos, sino tres o más veces en la misma piedra.

Con el tiempo he aprendido a agachar las orejas y a hacerme sangre en los labios para no morder la mano que me da de comer (y me infla a toñas), mientras me tapo el culo con la mano que no he apoyado sobre una mierda de perro para evitar que me den por culo. A veces hay que chupar alguna polla y dar las gracias si se te corren contra la campanilla por no ser desagradecido con quien te da una oportunidad cuando no eres nadie (no tomar al pie de la letra). Y nunca se me ocurre balar contra el pastor porque el resto del rebaño tiene el pelaje más claro que yo, han visto demasiados pases privados de Babe el Cerdito Valiente y piensan que serán perros ovejeros algún día por dejarse esquilar hasta el despelleje.

En un mundo de hormigas uno nace cigarra y queda marcado hasta el fin de sus días, por mucho que se pinte de negro y estropee picnics en un vano intento de convertise en un himenóptero que puede levantar diez veces su propio peso, pero incapaz de cantar con las pantorrillas (y decidme qué os impresiona más, por favor).

Y aunque el sol ya se escondió, no esperéis que me vaya para renacer de mis cenizas, porque prefiero tomar churrasco que quemarme, y prefiero darme una ducha que mojarme. No aspiro a ser un héroe ni un ejemplo porque habitualmente es necesario estar muerto para cualquiera de las dos cosas, y a día de hoy aún me gusta más dormir sobre una cama que dentro de una caja.

También hay ocasiones en que dan ganas de abrirse las venas para asegurarnos que la sangre que tenemos dentro es del mismo color que la última vez que la vimos y, de paso, averiguar por qué a ratos nos corroe por dentro como ácido de batería, obligándonos a movernos. Porque últimamente me dan ganas de echarme la mochila a la espalda y enganchar una nacional camino a sabe Dios donde y hasta cuando; pero con el único objetivo de dejar atrás el aburrimiento que me escuece como un trago de lejía.

El asedio de Jericó (hablo del de la Biblia, no de la prisión) nos enseñó que existen tres tipos de personas: los precavidos (o cobardes), que corren a refugiarse a casa cuando atacan la ciudad; los valientes (o temerarios) que cruzan las puertas para hacer frente al enemigo; y los curiosos (o inconscientes) que suben a las almenas y se preguntan por qué los tipos de afuera están tocando la trompeta. La verdad es que no he decidido todavía en qué grupo me encuentro... aunque siempre he sido muy aficionado a la música.

Antes de retirarme os recomiendo pasaros por la web del maestro Alfredo de Hoces para ver maravillas de la literatura corporativa tal que esta:


...la calidad de los productos de la empresa es tal que cuando abríamos la puerta del CPD salían las ratas a vomitar...


Hasta aquí el capítulo de hoy, nasnoches.

 
Petilibrerías

En esta nueva entrega de literatura petisa (que viene con un ligero retraso ya que terminé de leer el libro hace una semana), nos acercaremos a uno de los temas más de moda del mundo moderno: el islamismo.



De la mano del escritor de León el Africano nos adentramos en el Próximo Oriente de los siglos XI, XII y XIII, en pleno auge del cruzadismo occidental, cuando los soberanos europeos se lavaban la cara ante el gran público mandando expediciones militares contra los estados árabes de Tierra Santa.

Con un estilo ágil y ameno, no sólo tratándose de un ensayo, sino en un aspecto mucho más general; el autor nos cuenta la historia de las cruzadas utilizando como divisor las diferentes situaciones políticas que vivió la sociedad musulmana del momento: la invasión cristiana, la ocupación de Tierra Santa, el despertar del yihad y la victoria final.

Después de haber leído varios libros sobre el tema (siempre desde el punto de vista de Occidente, claro), y atendiendo al furor-templario que tan de moda está, ha resultado muy gratificante encontrar una pieza que nos dé a conocer, en cierto modo, como se vivió esa "situación" en el otro lado; y cómo, aunque parezca increíble, el resultado de aquellas luchas sigue resonando en la política actual.

Para variar, el resultado es un nuevo libro que recomendar a todo el mundo, siempre y cuando estén dispuestos a leer un ensayo, claro; y es que hay que tener muy claro desde el momento en que se escoge un texto como éste, que no se le va a contar una historia al lector, sino la Historia como probablemente debió de ser.

Hasta aquí el libro de hoy, nasnoches.