Hoy, durante esas ocho horas diarias de "masaje testicular", que algunos denominan "mi trabajo", leí una noticia en 20 Minutos que me ha creado, cuando menos, un dilema moral con resultado de descojone largo y tendido acerca de las buenas intenciones de algunas instituciones o, más bien, de las personas que las dirigen y/o representan.
El titular en cuestión rezaba: El porno francés en la tele, siempre con condón y el cuerpo de la noticia versaba sobre la prohibición que, desde comienzos del próximo año, imperará en las televisiones del país galo, impidiendo que en las películas pornográficas se muestren escenas de sexo sin preservativo, en consonancia con las campañas de prevención del SIDA y los embarazos no deseados.
En un primer momento hasta puede parecer una buena idea ¡qué coño! hasta semeja aplaudible. Luego uno rasca un poco (y se lee algún comentario dejado por los lectores del diario) y entiende que no se trata más que de otro ataque contra las libertades individuales (aunque probablemente no intencionado) en el que las excusa es más bien pobre, por no decir, absolutamente ridícula e inapropiada.
Las películas pornográficas no son filmes educativos ni tienen que ser ejemplarizantes. Si así fuera, deberían prohibirse también las escenas que incluyan violaciones o sadomasoquismo... aunque no hace falta ser muy "avispao" para entender que se trata de películas hechas para satisfacer fantasías y que, por tanto, no se puede considerar que sirvan de modelo a la población.
Si censuramos las escenas pornográficas en las que no se utiliza preservativo aduciendo que inducen a la no utilización del mismo, ¿por qué no se obliga a utilizar pistolas de agua o sangre verde en las películas de acción? Pues simplemente, porque es un despropósito tan grande como decir que utilizar un cuchillo para cortar el pan te convierte en un asesino en potencia. El resto es simplemente paja que se suelta para justificar una norma populista que a nadie beneficia, pero que tranquiliza las conciencias de quienes prefieren mirar hacia problemas menos importantes.
¡Qué barbaridades serán capaces de cometer algún día las personas que vean alguna película de la saga SAW! ¡Cómo podrán los padres dejar a sus hijas ir al colegio privado sabiendo la afición de los japoneses por las colegialas (véase el manga)! ¡Y qué decir del Terminator y de esos peligrosos freakys que hacen experimentos con robots!
Hasta aquí el capítulo de hoy, nasnoches.
Después de mucho cavilar largo y tendido, he elaborado una lista mental de las cosas que creo que necesito y no necesito en mi vida, y como siempre es bueno desahogarse pues las pienso soltar aquí, que si hay una sola razón para la existencia de Petisoperías es la de calmarme el ánimo.
Quiero un contrato que me permita ver una liga sin ser renovado o despedido, quiero un sueldo que me permita comprarme un DVD sin comer pasta una semana, quiero dormir suficiente para tener ganas de desayunar, quiero una casa de la que decir "es mía", quiero salir más de farra y menos del curro, quiero poder ir al cajero y no sentir remordimientos, quiero que mi trabajo tenga recompensa (y no sólo monetaria), quiero estar más con los míos y con los vuestros, quiero hacer lo que me salga del hueval al menos una vez por semana; quiero... querer y ser querido.
Me niego a dos años de contrato en prácticas con posibilidad de incorporación a explotación permanente, me niego a una eterna cuesta de enero mes a mes y día a día, me niego a "quedarme un rato" si no me lo pagas, capullo; me niego a una hipoteca a tantos años como metros cuadrados tenga el piso, me niego a un hogar con vistas al ladrillo, me niego a basar mi tiempo libre en las transaminasas, me niego a tener resaca en el cuerpo y más en la cartera, me niego a negarme tres veces antes de acabar el día, me niego a hacer el esfuerzo de esforzarme cada día, me niego a negar que reniego de las cosas, me niego a morir más solo que la una, me niego.... a todo lo que no me apetece, porque tengo el genital vago* para escuchar sandeces.
*Nota de trad.: no me sale de los cojones.
Eso es lo que hay, amigos; otro día si tal me quejo mucho más y con más ganas, pero ahora como que no quiero.
Hasta aquí el capítulo de hoy, nastardes.
Finalmente, e coma case sempre, volvín pra casa ás mil cun cagallón do catorce que, mercede ó maravilloso proceso da metamorfose (e pasando pola fase de capullo integral), concedeume unha preciosa resaca hoxe á mañá. A última hora a toda a trouppe que me acompañaba entroulle a cagarría escénica e me deixaron máis tirado ca economía arxentina. Menos mal que estaba ahí La Supa pra salvaguarda-la integridade da noite, porque a verdade é que non tiña eu nin puta gana de me ir pró sobre. Aínda con todo eu marchei cedo (creo que a iso das seis e media ou cecáis un chisco antes), non sen antes comproba-la acústica do señor Roca no excusado do Ghetto.
Despois, aínda por riba, adícanse a me poñe-los dentes longos (sempre por riba das miñas posibilidades económicas, claro), e durmo mal. Bueno non mal no sentido literal, pero sí nunhas condicións nas que non esperaba durmir tendo en conta o meu grao de alcoholemia en sangue, xa me entendedes.
Isto sí que é fisurar coma din os mestres de Bersuit. Teño a sensación de andar no puto aire, un latexo nas tempas e o bandullo en plan sesión Dragon Khan.
Até eiquí o capítulo de hoxe, osdías.
Otra noche que voy a ahogar en alcohol, la quinta en ocho días... no creo que necesite comerme una amanita phalloides para que me trasplanten el hígado, sólo con acercarme a los colegas es más que suficiente para sentir el miedo hepático a un fallo multiorgánico (sin culpar a nadie).
Mañana será otra mañana en gris, del mismito color que hoy el etanol va a atacar cerebro adentro, borrándome sabe Dios que otro recuerdo: un rebumbio con los amigos de la infancia, el hexadecimal rgb del violeta puro o un emperador romano de la dinastía de los Severos. Sólo espero que sean cosas no primordiales y sin las cuales se pueda vivir cómodamente.
Después de la tormenta vendrá la calma, aunque sólo durante una semana, porque al siguiente finde... farra en Coruña, concierto de los Fitipaldis y la mejor de las compañías (con sabor a marihuana y mejor efecto que el opio). Perdóname Noa por no estar en Ferrol para tu cumple.
Para variar hoy nos dejaremos caer por casa de Ivansinho para conducir nuestras vidas a la no poco deconstructiva tarea de castigarnos el organismo. Después de eso: chistes, puñaladas con muy mala hostia pero sin maldad, blasfemias de todo tipo, escatología para todos los gustos, conversaciones muy subidas de tono, y risas, sobretodo muchas risas. Al día siguiente: arrepentimiento, promesas a Pepito Grillo que nunca se cumplen, ardor de estómago al desayuno y de cartera al comprobar el resultado de la noche.
Llevo ya dos meses marcando récords en números rojos, esto es, gastando más de lo que ingreso y viviendo de mis, ya por otro lado, exiguos ahorros; y parece que el corriente no va a ser distinto, puede que acabe sentado un domingo a la puerta de la iglesia con la lata de los óbolos, pero no me importa, atravieso una maravillosa época de estupidez física y anímica que hace que casi todo me resbale, y que lo que no me resbale se me deslice.
Si mañana me encuentro en condiciones intentaré escribir algo, siempre que todavía me llegue el impulso nervioso hasta la punta de los dedos; y es que tengo a aqueste mi blog muy abandonado, y pocas veces doy sacando tiempo para escribir algo coherente. Si la cosa se tercia habrá descripción de la fisura en mi salud.
Hasta aquí el capítulo de hoy, nasnoches.
Hai xeitos e xeitos de dici-las cousas, meus amigos. Un deles, o que semella máis sinxelo, é dicilas direitamente e deixarse de rodeios e paridas pra ser un home de verdade... o outro é o que eu emprego: o de usa-lo humor coma ferramenta de "ruptura do xeo" o que, só algunas veces, semella funcionar.
Hoxe, por exemplo, Iván do Jopa e máis eu decidimos sair rompe-la cidade, e comezamos beber ás catro e media da tarde, co único logro de chegares ás catro e cuarto da mañá á casa. O único que saquei de limpo da noite (aparte do sangue depurado a causa do alcohol) foi o feito de dicirlle a alguén que sinto algo especial sen llo dicir de xeito direito, senón simplesmente polo feito de me manter en contacto. Agora xa o sabes.
Ás veces pregúntome se non debería de deixar de baixar co Jopa, buscando algún culpable; pero logo párome a pensar e doume de conta que nin negro do todo nen de todo branco: hoxe fun eu o que chamou e arramplou co persoal prós levar de farra até límites antes insospeitados. Hoxe fun eu o representante da decadencia no seu máis puro ser.
Perdoádeme se non escribo coma noutras ocasións, pero é que ando demasiado cocido pra atinar e teño corrixir faltas de horticultura palabra sí e palabra tamén.
Até eiquí o capítulo de hoxe, asnoites.





