Sí pequeñ@s amig@s, he terminado de picar el código del Proyecto Fin de Carrera, o de implementar la aplicación, como dicen mis profesores utilizando dos anglicismos (se dice programar y herramienta, capulleishons), que parece mentira que tengan dos lenguas maternas. Pero bueno, la cuestión es que he terminado el programa, lo que me convierte en un ex-programador malhumorado hasta que empiece a trabajar (o hasta que tenga que volver atrás a solventar errores en el código fuente) y puede influir muy positivamente en la reducción de mis migrañas post-implementacionales. Vivir de 11 a 13 horas diarias delante del ordenador me ha llevado a replantearme muy seriamente mis posiciones respecto a la tecnología, mis querid@s lector@s, lo cual no deja, por otro lado, de ser preocupante teniendo en cuenta cual es mi futuro laboral.
Los medios de comunicación se han emperrado en denominar a esta época en la que vivimos "La Era de la Información", basándose principalmente en la difusión de la misma, sobretodo gracias a, como dice el tutor de mi proyecto, esa Gran Herramienta que es Internet. Y claro, dentro de todo el sarao de las comunicaciones y tal, cada vez que se oye hablar de una feria de las nuevas tecnologías nos vuelven a meter hasta por las orejas las imágenes de un ciento de cosas que hemos visto ya cuarenta veces, pero que todavía nos intentan vender como nuevas, como las pantallas planas de tropecientas pulgadas que nunca nos podremos permitir, el ASIMO ese de Honda (suerte de robor humanoide al que años de desarrollo y las últimísimas tecnologías han permitido caminar como Chiquito de la Calzada); y sobretodo, y nunca bien ponderado, el chuquelo robot ese de Sony, que tiene casi diez años pero parece que nunca pasa de moda, como la minifalda (¡dios bendiga al Prêt à Porter!).
Yo, por mi parte, tengo (¡qué raro! pensaréis) una opinión sobre esto (y no estoy en contra ojo, que espero ganarme la vida en ese mundillo), y es que me parece muy mal que engañen al común de los mortales que no tiene ni puta de informática para hacerles gastar dos tercios de sus ahorros en un ordenador portátil con todos los extras que nunca se va a mover de una mesa de casa y que sólo se va a utilizar para navegar por Internet y escribir en el Word ¿no se debería sacar al mercado un ordenador con lo mínimo para hacer lo mínimo? No, claro, el sistema capitalista no funciona así, iluso de mi. Y esa gente se sentirá feliz cual adolescente con revista de guarras al tener "lo último en tecnología" en su casa, eso que los medios llaman aparatos inteligentes. Nada más lejos de la realidad, siempre he respondido lo mismo a la gente (que no es muy ducha en el tema) que me comenta que su "maravilloso" aparato ha dejado de funcionar: los ordenadores son el menos inteligente de los electrodomésticos; cuando tú pulsas un determinado botón de la lavadora, ésta siempre hace lo mismo, mientras que cuando lo haces en un ordenador puedes destapar la caja de Pandora o dar un telefonazo a los Cuatro Jinetes del Apocalípsis Digital.
Además el mundo de los ordenadores es uno de los más estafadores que hay, sino ¿cómo puede explicarse que los distintos componentes puedan variar los precios hasta en un 200% entre dos tiendas que no distan de sí más que unos pasos? Por no hablar de las fechas del año, que pareciera que las placas base se cultivan en Murcia, en vez de fundirse en Taiwan a partir de silicio americano; porque una misma placa o unidad puede valer en el mes de diciembre hasta cuatro veces más que en el mes de julio. Vale, vale, ya se que las Navidades están ahí, pero es que en marzo y abril también ocurre, y no se separan más que un par de meses.
La única cosa buena que tiene el mundo del hardware (sí, ya sé que también es un préstamo, pero ya he mencionado demasiadas veces la palabra componente) es que realmente es el único campo en donde de verdad se aplica otro principio del capitalismo (a mayor demanda, bajan los precios), cosa que funciona justo al contrario en el resto (véase la moda). Cuando algo se empieza a vender, como ocurrió con las pantallas TFT o las grabadoras de CD y DVD, baja de precio.
Y luego está el mundo de los programas de pago, un mundo donde hasta el más quedao se atreve a cobrarte 60 € por un juego o 150 € por una licencia de usuario doméstico (habráse visto). Quizás es por eso por lo que decidí utilizar herramientas gratuitas para hacer mi proyecto (que por cierto, también es gratuito); y por lo que los grandes de la industria informática me caen como el culo (exceptuando el señor Gates, por raro que pueda parecer).
Seguro que pensáis que me quejo de vicio y tal, y yo os digo: Y A MI QUÉ COÑO ME IMPORTA, este es mi blog y escribo lo que me sale de los güevos, y si no os gusta vais a otro y santas pascuas. Hay por ahí multitud de bitácoras de jóvenes solteras que no saben utilizar signos de puntuación dispuestos a que escribáis otro comentario que, muy probablemente, su dueña nunca lea; y sí, ya lo sé, la envidia es muy mala, y me jode.
Y es que este pequeño planeta al que llamamos informática es tan diverso como la Tierra, y existen gentes de todas las etnias y tendencias, y cosas de todos los gustos y sabores (no tomarlo al pie de letra, que puede reportar catástrofes personales), lo que convierte a nuestro gremio en uno de los más diversos de todos los que existen, dado que la nuestra es una de las pocas disciplinas que es, a un tiempo, afición de grandes y pequeños. Por eso, aquellos que todavía gustéis de sentaros delante de un ordenador y tozar en vuestra actividad favorita, no os dejéis arrastrar por el perjuicio del "freakismo", que la informática todavía no es un feudo de unos pocos, a pesar de lo que nos quieran imponer. Es por esta y por muchas otras razones por las que admiro a gente como Gervasio, un buen amigo, master de Picando Código, que estando hasta arriba de prácticas y exámenes, sigue sacando un rato casi todos los días para enseñarnos un poco más (es un auténtico gurú); o Qkl, que aún estudiando otra carrera encuentra tiempo para tozar en el ordenador, instalar Linux, y aprender un par de cosas nuevas cada semana.
Hasta aquí el capítulo de hoy, nastardes.





