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Vida y Milagros de un Informático
Vivencias de un informático y parado en ciernes al comienzo de su carrera profesional.
Prólogo
Incording people since april the 17th 2005
Sindikatua
 
Out of memory y otras petisoperías

Y siguiendo con los grandes logros de mi vida anuncio que he terminado la memoria del proyecto en un tiempo récord, sólo hasta que la mire mi tutor y me mande cambiar todo lo que esté mal, que probablemente sean muchas cosas. Pero como decimos los gallegos non hai dor, y lo que menos me preocupa ahora mismo es tener que escribir unas cuantas líneas más, a fin de cuentas debo de ser el primer informático de la historia que acaba un proyecto antes del plazo previsto; y eso que soy un programador bastante pésimo. Pero no hay proyecto que se resista a una dieta a base de grandes dosis de café, antidepresivos y 12 horas diarias de picar código siete días por semana.

La verdad es que pensé que me iba a sentir mucho mejor cuando me quitara esta losa de encima... y no ha sido así ni mucho menos. En realidad siento un no se qué y un qué se yo, y al final lo único que siento es que tengo sueño, todo el sueño que he venido acumulando durante el último mes y medio. Gracias a dios que un olívico amigo me pasó en un DVD todas las temporadas de Futurama y he podido matar la ansiedad con sesiones de humor del bueno. Lo que sí que he aprendido trabajando en el plomo este es que no tengo ni puta idea de trazar plazos: pensé que picar el código del programa me llevaría más de un mes, y me llevó algo menos de un mes; pensé también que componer la memoria me ocuparía al menos dos semanas, y la hice en cinco días; y el manual... bueno ese lo hice en tres días pero tampoco me esmeré demasiado.

Lo único bueno que tiene permanecer sentado delante de la pantalla la mitad del día es asistir al crecimiento de mi colección de películas y series vía P2P como quien ve crecer la hierba. Todavía recuerdo aquellos tiempos en que descargarse el nuevo Winamp suponía hipotecar una hora de conexión.

Hay una verdad innegable sobre los proyectos de fin de carrera (al menos eso deduzco de mi propia experiencia y de la de innumerables colegas recién diplomados/licenciados): haciéndolos aprendes más que en todo el resto de la carrera junta, a no ser que ya supieras todo lo que necesitabas, en cuyo caso no has aprendido nada ni durante la carrera, ni haciendo el proyecto ¿suena mal, verdad? Pues eso es lo que hay.

Al final me rendí y opté por utilizar el Word, por aquello de la portabilidad y tal; yo que he sido usuario de WordPerfect desde que aprendí a teclear (y eso fue hace mucho tiempo). Al principio me repelía la fauce, pero hay que reconocer que una vez te acostumbras es incluso cómodo de utilizar. El programilla en cuestión tiene una potencia nada desdeñable y es más fácil de manejar que un abrelatas, pero sus formatos de archivo dejan mucho que desear en cuanto a compresión; de hecho, la compresión debe de ser nula, porque un archivo de 50 páginas con 20 imágenes ocupa 4 MB. Pero bueno, no me quiero extender aquí hablando sobre un programa que la verdad, ni me va ni me viene.

Ahora ya no tengo pesadillas con Swing, como me pasaba mientras picaba el código, ahora simplemente duermo mal y no me acuerdo de los sueños, como me pasaba antes de empezar el proyecto. Los días que consigo dormir las 8 o 9 horas que paso en la cama son auténticas joyas de la corona.

Por cierto, y aprovechando la coyuntura carreril, anuncio que con posteridad a la lectura de mi proyecto (todavía queda un cachito para ello) publicaré un artículo diciendo todo lo que opino del profesorado de la facultad, con honrosas excepciones. Todos sabemos que en este país se goza de libertad de expresión, pero yo ad cautelam prefiero mantener la boquita cerrada hasta entonces no vaya a ser que algún hijodeputa desalmado me amargue el punto y final de una juventud dichosa. Ese tipo de gente debe de tener miedo de lo que podríamos llegar a ser o algo así, porque sino no lo entiendo. Ya lo dijeron los Public Enemy: fear of a black planet; pues aquí pasa lo mismo, deben de tener miedo de un planeta del alumnado, en el que seamos nosotros los que decidamos amargarles la vida.

Hasta aquí el capítulo de hoy, nasnoches.

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