El viernes de noche decidí superar mis pequeñas desgracias personales como hace el común de los mortales, esto es: cociéndome como un cerdo. Aunque al final no ingerí cantidades de alcohol fuera de lo normal, lo cierto es que me llegaron y bien. Me acosté a las nueve de la mañana y eso que había llegado a casa a las siete, pero no me encontraba en condiciones ni de dormir. La solución fue firme a la par que estúpida: jugar al ordenador para reducir la alcoholemia. Hay que ver lo difícil que es matar orcos jugando a "El Retorno del Rey" cuando no te acuerdas de la disposición del teclado.
Al comienzo de la noche y, cuando las cantidades se medían en centímetros cúbicos como en los coches, una amiga tropezó con una acera, rompiendo una de las sandalias en el proceso. No voy a negar que me descojoné de la risa como el más cruel de los humoristas andaluces, pero así es la vida Carlota (no espero que entendáis esta última frase ya que se corresponde con una anécdota de mi infancia). Ella le echa la culpa al estado de las calles de Ferrol, todas levantadas por obras que parezca que vivo en Sarajevo; aunque la verdad es otra: tropezó en la única acera de todo el centro de la ciudad que no está en obras... triste pero cierto.
Esto último no quita lo desastroso de la situación; entiendo que en época de elecciones se hagan esas cosas y tal, pero lo que no entiendo es por qué se necesitan ocho meses para poner una acera o colocar unos adoquines; joder, ni que fueran diamantes. La calle en la que vivo ha resultado la "mejor parada", han decidido levantar una manzana sí y otra no y claro, casualidades de la vida, a mi sí me ha tocado. O sea que hace cuatro meses que vivo en una trinchera en vez de en una calle. Si mañana entran unos tanques a tomar el ayuntamiento probablemente no me sorprenda, sólo espero que no sea temprano, que últimamente tengo muy mal sueño.
Todo este sarao empezó cuando el anterior gobierno municipal decidió levantar un tercio de las calles como excusa para quitar la estatua de Franco que había a la entrada de la ciudad; cosa que nunca entenderé: si querían quitar al burro y al caballo pues se tiraba de grúa y punto, no veo por qué hay que andar jodiendo al personal llenándoles las casas de barro y agrietándoles los cimientos. Lógicamente les costó la elección, y ahora volvemos a tener al PP; la verdad es que ya me da igual, en esta ciudad SÍ es cierto eso de que todos los políticos son iguales, y eso que soy una persona socialmente concienciada. Ahora mismo sólo me preocupa el 19 de junio y ese famoso Hai que Botalos! que espero que se cumpla, eso obviando la resaca que voy a tener durante la jornada electoral.
Volviendo al tema nocturno, la cosa es que el sarao continuó a pesar del accidente (muy loable por su parte) hasta que la actuación se empezó a medir en litros, como la lluvia. Hacía un buen trecho que no salía (exceptuando la despedida de mi hermano el sábado anterior) y fue una muy buena terapia de choque. Quedarse en casa no es lo mismo que envenenarse el cuerpo con garrafón, aunque al día siguiente desees no haber salido y prometas no volver a ingerir alcohol en lo que te queda de vida. Hay que ver lo hipócritas que llegamos a ser con nosotros mismos. De todas formas tampoco bebí tanto, después de tanto tiempo de abstención no necesito mucho ron para ver el mundo desde otra perspectiva: exactamente 45º con respecto a la normal.
¿No deberían las autoridades controlar la calidad del bebercio? Siempre escuchas aquello de los inspectores que toman muestras de los cubatas y tal. Me pregunto si no serán leyendas urbanas, porque en Ferrol no hay garito que se precie que no sirva bebidas de 95 octanos para arriba, y luego se quejan de que exista el botellón. Joder, es que si al menos fueran baratos, pero no, l@s tí@s te cobran la bebida como si te sirvieran Don Perignon, pero te ponen naftalina con salfumán y tan anchos. Hay que ver lo caros que deben de estar los polvos de whisky o ron, porque no gano para intoxicarme.
Y es que Ferrol es especial: la marcha es una mierda, la ciudad cae a pedazos y hay más parados que trabajadores. Hace más de diez años que Los Limones dijeron aquello de vivo en una ciudad, en un lugar donde perder es lo normal y las cosas no es que no hayan cambiado no, es que han ido a peor. A pesar de todo lo anterior no creo que encuentre nunca otro sitio donde me encuentre mejor; eso aunque tenga que marcharme para trabajar y haga mi vida en otro lado. Hasta Dorothy quería volver a casa, y eso que era en blanco y negro y en el País de Oz tenía unos zapatos de charol rojo muy chulos. Si es que la gente no está contenta en ningún lado: probablemente es por eso que en los últimos años he decidido cambiar mi habitual político-escepticismo por un optimismo leve (sin comprometerme con nada ni nadie, eso sí).
Hasta aquí el capítulo de hoy, nastardes.





