El año próximo van a cumplirse veinte años desde que me vine a vivir a Ferrol, y eso me ha hecho pararme a pensar; nunca me había planteado la posibilidad de que mi vida llegase a medirse en veintenas de años, y sé que esto puede parecer una estupidez teniendo en cuenta que ya hace un rato que cumplí las dos décadas. Pero no es lo mismo decir que tienes veinte años que decir hace veinte años que estaba en...; a eso se le llama "El Inexorable Devenir Cronológico" o lo que es lo mismo, hacerse viejo.
Cuando me paro un momento a ver la tele con mi ahijado que ahora cuenta unos cinco años, me escucho hablar tal y como hablaban mis hermanos hace unos años: joder, las series infantiles de ahora no le llegan ni a la suela de los zapatos a las que había cuando yo era pequeño; pero ahí radica el principal problema; en el "cuando yo era...", pero ya no lo eres, macho.
Una amiga mía me mandó hace unos días uno de estos típicos emails chorras que se manda todo dios cuando no tiene nada mejor que hacer como trabajar o estudiar (y no quiero decir con esto que ella sea una vaga, ojo, que todo se malinterpreta). El titulo del citado correo era "Después de los 25" y tenía gracia el jodido. Pero dentro de todas las paridas y chistes que componían el esquema (rima asonante las pares y quedan libres las impares) había una frase que me caló hondo: "la gente que entró este año en la universidad nació en 1986", y ya me chilla la neurona de turno diciéndome te han cojido tío, y eso que ni siquiera tengo 25 años.
Y me fijo también en el detalle de que, cuando chico, los días (y en consecuencia las vacaciones como agrupaciones de tales que son) me parecían larguíííííííííísimos, y en sólo 15 o 16 horas que pasaba despierto por jornada podía hacer un millón de cosas; nada más lejos de mi imagen actual, sentado 8 horas al día delante del generador de cáncer ocular, picando código hasta altas horas de la mañana.
A veces mis compañeros de facultad y yo quedamos para echar una pachanguita al fútbol: al comenzar todo son carreras por la banda, centros al área e intentos de remate... a los tres cuatros de hora cualquier parecido con una agrupación deportiva lo aporta el esférico.
Y no es que me queje de los años, téngase en cuenta, me quejo de cómo los desperdicio, porque a mi, personalmente, siempre me ha gustado cumplir años e ir alejándome de la salud para internarme en la decrepitud. Aquí cada uno tiene su hobby, el mío es hacerme viejo, y otros chupan candados.
A mi lo único que realmente me molesta del pasar del tiempo es ir perdiendo a la gente (en tódolos sentidos): primero pierdes a los del colegio (en mi caso no demasiado, y me he quedado con los mejores gracias a dios), acto seguido a los del instituto (aquí sí que se me han escapado unos cuantos, por desgracia), después a los de la universidad (momento que estoy viviendo actualmente, y que sé que tiene difícil solución, puesto que cada uno venimos de una parte distinta de la rosa de los vientos) y finalmente, a los tuyos, cosa para la que creo que nadie nace preparado, pero aprende a preparase, porque c'est la vie como dicen los gabachos. En el fondo, no hay que dejarse llevar por la melancolía que es cosa mala en grandes dosis y disfrutar del mundo, que es ancho y diverso: cosas veredes, Sancho.
Hace unos minutos, cuando me lancé a tirar líneas en esta pequeña bitácora, estaba pensando en escribir algo con un tonillo de humor, pero se ve que el humor es como los pedos, sale cuando le apetece, y no siempre llueve a gusto del espectador. Otro día intentaré exprimirme más la galleta para que aquellos de vosotros que os recorráis el texto no quitéis la vista de la pantalla deprimidos, sino al menos tan felices como os habías sentado ante el ordenador o artefacto similar que utilicéis para conectaros a la red.
Hasta aquí el capítulo de hoy, nastardes.





